Inicia el 2018 acompañado de diversos retos para México en materia económica, política y de seguridad, principalmente. En el terreno económico dos variables de interés asaltan las preocupaciones de la ciudadanía, por un lado el incremento de los precios de la canasta básica y los resultados de la última ronda de negociación del TLCAN que se celebrará a fines de mes entre Estados Unidos, Canadá y México, donde se replantearán las relaciones con el país vecino y definirán los horizontes de política exterior que deberán de seguirse en el mediano plazo.
Asociado a lo anterior, las elecciones que se realizarán este año serán parte de la agenda pública durante todos estos meses, por lo que el formato que elijan los involucrados en las campañas electorales marcará el grado de civilidad o de violencia en la contienda. De hecho, se anticipa una escalada de violencia en el país derivada de la resistencia de grupos que quieren perpetuarse en el poder y de los hartazgos de los sectores anegados.
Los temas económicos y políticos siempre van de la mano, por lo que no se pueden comprender de forma aislada. En consecuencia, el incremento del precio de los productos de consumo básicos, incluyendo a los hidrocarburos, es la carta fuerte que los opositores del partido gobernante están empleando para acusarlo de la inflación que durará, según los expertos, más allá de los seis meses. De hecho, este es el tema que más afecta la preferencia electoral del partido en turno y que le puede restar toda posibilidad de triunfo.
La seguridad pública es otro de los factores determinantes en la formación de opinión pública, por lo que el delito y la violencia siguen atrincherando a la población a manifestar su inconformidad y madurar el sentido del voto en los próximos comicios.

Violencias organizadas: el peligro de la endeble democracia mexicana

La violencia política estará rondando en el ambiente electoral, manifestándose con asesinatos de candidatos, funcionarios y exfuncionarios. Según la Asociación Nacional de Alcaldes (2017), en los últimos dos sexenios han sido asesinados 112 presidentes municipales en México emanados de diferentes partidos políticos.
A nadie conviene la violencia como vía para dirimir las controversias, el fortalecimiento de la democracia en nuestro país deberá avanzar en sanear los procesos electorales, fortalecer la ciudadanía, combatir la corrupción y profesionalizar la función pública. La muerte de funcionarios, independientemente de su filiación partidista, es un retroceso para la democracia y suprime la política como vía para el logro de acuerdos.
Por otra parte, en estos días se están replicando ensayos de violencias a modo para crear incertidumbre, pánico y miedo en el ambiente político, utilizando a los sectores marginados para perpetrar saqueos a centros comerciales para justificar el uso generalizado de la fuerza y motivar la instauración de disciplinamientos autoritarios en toda la sociedad, que pone en riesgo a la genuina democratización de la vida pública. No son claros los orígenes de estos grupos, pero sí el uso político que se les está dando, tal como se hizo en las protestas del gasolinazo del año pasado.
Los retos como nación para 2018 entonces deberán encaminarse a lograr elecciones transparentes, justas y donde se respete la decisión de la ciudadanía. El siguiente paso es exigir que todo servidor público se capacite de acuerdo a la función que desempeñe, que los nombramientos no deriven de favores políticos, compadrazgos o de “trabajo electoral”.
En materia de seguridad debe insistirse en el fortalecimiento de las corporaciones encargadas de contener, prevenir y sancionar el delito como una tarea urgente.
En el ámbito comercial, nuestro país deberá procurar mantener la relación con EU, en tanto implementa políticas económicas que le permitan explorar otros mercados, México no puede darse el lujo de romper con su socio comercial más importante en estos momentos, pero debe ser firme en la defensa de los principios de nuestra soberanía.
En suma, que el 2018 duela menos a los mexicanos, que la justicia y el amor nos gobiernen, que pese menos el orgullo y que el perdón asalte nuestras conciencias, pero sobre todo, que la necia esperanza nos permita soñar con el país al que aspiramos los proscritos.

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