“Quiero morir siendo esclavo de los principios, no de los hombres” Emiliano Zapata

Cuando nos atrevemos a realizar una introspección de nuestra memoria grandes sorpresas nos podemos llevar; al descubrir que muchos de nuestros deseos se han cumplido como si por arte de magia estos se nos concedieran; sin embargo, a veces olvidamos que nuestros logros personales, profesionales, familiares o del ámbito en donde nos invirtamos son consecuencia de quienes nos han apoyado o antecedido, algún amigo, maestro, compañero de trabajo o quizás algún personaje de la historia del cine, serie o siendo más contemporáneos de algún influencer como puede ser un youtuber; personas que son populares por hacer videos en Internet, un tweetstar; persona que tiene muchos seguidores en Twitter; red social acerca de mensajes breves en tiempo real en Internet.

Ayer celebramos la Revolución Mexicana, muestra de heroísmo, fuerza e identidad nacional, para muchas familias mexicanas tal acontecimiento es herencia viva del mayor acontecimiento político-económico que marcó una transformación en el sustento económico y demás relaciones; hacendadas como las dos hermanas dueñas de la Hacienda de la Concepción en San Agustín Tlaxiaca, ahora propiedad de otro particular, campesinos, vaqueros, toda una generación cambió, algunos por decisión otros por obligación, el maremoto de una transformación profunda sin duda es capaz de mover las montañas de quienes no quieren abandonar sus cimas.

Si escudriñamos en el rompecabezas de nuestra genealogía; pasado familiar, algún cabo habremos de encontrar, como la historia de mi abuelo Joaquín Acosta Espinoza cuando niño sus progenitores Manuel Acosta Islas y Trinidad Espinoza Ávila huyendo de los horrores de la Revolución , mi abuelo para entonces muy pequeño estaba gravemente enfermo, no le bajaba la fiebre y a la luz de la Luna llena en pleno monte y sin mayor esperanza que la resignación de enfrentarse a un viaje sin regreso (…) cuenta mi tía Ofelia, maestra de párvulos con más de 40 años de experiencia impartiendo clases presenciales en educación pública que al igual que muchos docentes, próceres del saber y la palabra escrita se enfrentan cada día al reto de enseñar desde casa, cita que aquella noche épica: “el niño señalaba a los pies del zapote; el brotar del agua; con profunda fe y único remedio tomaron aquel misterioso bálsamo con las hojas del árbol, suplicando sinceramente al Creador que le concedieran sanación a su vástago, aquella alma del pequeño niño procedente de una familia sin mayores riquezas que las de sus manos para servir a otros y las pertenencias que sus espaldas podían cargar en tiempos de conflicto social, el niño recostado en el regazo de su madre cerró sus ojos , lágrimas de Trinidad cayeron sobre su frente, el silencio infinito se hizo presente y un doloroso nudo en la garganta cegó sus miradas (…) hasta que minutos después el niño comenzó a llorar y la fiebre junto con su dolor desaparecieron por completo, desde aquella memorable noche de jueves a pie de lucha por defender el mayor bien, la vida, se dice en nuestra familia: “Cuando tienes fe, solo con beber agua te puedes curar.”

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