Para Carlos Gasgden (2014, 33) la figura del municipio resurge, en el siglo XXI, “como espacio revalorizado de poder, como el lugar básico de la administración del gobierno y como instancia natural del proceso de política en la esfera local”. Desde los primeros pasos de la participación política de las mujeres se creyó que este nivel, vinculado estrechamente al ámbito familiar, sería el idóneo para el desempeño de las mujeres.
En el histórico primer Congreso Feminista de México, efectuado en Mérida, Yucatán del 13 al 16 de enero de 1916, ya se planteaba en las conclusiones el acceso de las mujeres al gobierno municipal: (Valles, 2013, 36-37); el cual se logró hasta 1947 en la gestión del presidente Miguel Alemán Valdés. Desde entonces hasta la actualidad (2017), hace siete décadas, la equidad de género en el ámbito municipal es todavía asignatura pendiente. El desfasamiento cuantitativo y cualitativo en el acceso de las mujeres es evidente.
De “inaceptable e incongruente” calificaba hace más de dos décadas Alejandra Massolo (1995: 134) la exclusión de la mujer en la agenda del gobierno municipal democrático, en tanto que Dalia Barrera (Vázquez, 2007: 11.-154) señalaba en el 2000 que “apenas” comenzaba a considerarse el papel que las mujeres desempeñaban en la construcción de la ciudadanía dentro de la llamada “transición democrática”. Por su parte, hace casi 10 años Verónica Vázquez García (2010,111-154) calificaba de “paradójico” el raquítico crecimiento de apenas un punto porcentual de la presencia de las mujeres en el ámbito municipal, en comparación con el Poder Legislativo. Ella registraba el precario incremento de 2.9 a 3.8 por ciento de 1986 a 2006, es decir, un lapso de 20 años.
De 2007 a 2014, la participación de las mujeres como presidentas municipales registró un incremento de 3 por ciento (de 3.9 a 6.9 por ciento), con base en datos del Sistema Nacional de Información Municipal. Si se toma en cuenta que el país contaba con 2 mil 457 municipios, 6.9 por ciento de mujeres representaba un total de 169 al frente de ayuntamientos en todo el país. En las elecciones más recientes (junio de 2016), el porcentaje prácticamente se duplicó ya que alcanzó 13.40 por ciento, o sea, 330 mujeres. Empero, es aún una cifra menor en relación con el total actual de municipios (2 mil 462).
Los resultados en los comicios más recientes muestran un panorama diferenciado por entidades. En la región noroeste del país, Sonora registra un índice precario de mujeres con 11.11 por ciento de presencia femenina en alcaldías. En la misma región, en los estados de Chihuahua, Durango y Sinaloa, se tiene un índice regular de entre 20 a 39 por ciento de alcaldesas, para llegar a un índice bueno de entre 40 a 49 por ciento en Baja California y Baja California Sur.
En la región noreste del país, Coahuila y Nuevo León están en un índice de cero a 19 por ciento de alcaldesas, mientras que Tamaulipas entra en un índice regular con un 37.27 por ciento de mujeres en presidencias municipales.
Al oeste de México, Colima es el único estado que mantiene un índice regular con exactamente un 20 por ciento de mujeres electas para alcaldías. Jalisco, Michoacán y Nayarit están debajo de ese porcentaje por lo que se encuentran en una clasificación precaria.
En el este de la República mexicana se encuentra el mismo caso que en el oeste, pues Hidalgo tiene 20.23 por ciento de alcaldesas, con lo cual alcanza a posicionarse en una situación regular, mientras que Puebla, Tlaxcala y Veracruz tienen 6.91, 10 y 12.26 por ciento respectivamente, quedando en clasificación precaria.
Al observar la región centro-norte, Guanajuato y San Luis Potosí tienen de cero a 19 por ciento de mujeres electas por alcaldías, Aguascalientes y Zacatecas se mantienen entre 20 a 39 por ciento y Querétaro es el único estado de esta región y de todo el país en alcanzar la paridad con un 50 por ciento de sus alcaldías ganadas por mujeres.
En la región del centro-sur, la Ciudad de México obtiene una clasificación regular mientras que México y Morelos obtienen una clasificación precaria.
Chiapas y Guerrero, en la parte suroeste de la República, obtienen 34 y 20 por ciento respectivamente, obteniendo una clasificación regular. Por otra parte y sin contar los municipios que se rigen por sistemas normativos internos, Oaxaca tiene un índice precario de municipios gobernados por mujeres.
Al sureste de México, Campeche y Yucatán están en una clasificación precaria, Tabasco se coloca en una situación regular y Quintana Roo es el único estado que destaca en esta zona por tener un índice bueno con 45.45 por ciento de mujeres electas para presidencias municipales.
En total, 16 estados tienen el menor índice de mujeres electas, esto es de cero a 19 por ciento. 12 estados se encuentran en situación regular con un 20 a 39 por ciento de las mujeres electas. Mirando hacia los estados que tienen de 40 a 49 por ciento de mujeres en cargos de presidencia municipal considerado como bueno, se incluyen solo tres. Por último solo se encuentra un estado del país (Querétaro) en el centro con 50 por ciento de mujeres electas para las alcaldías, e igual número de alcaldes, lo cual quiere decir que solo se ha logrado la paridad en un estado de los 32 que conforman a México.
Esta mirada cuantitativa muestra solo una faceta de la compleja problemática del acceso de las mujeres a los gobiernos municipales. Otro aspecto relevante lo constituye el tamaño de los municipios que gobiernan las mujeres. Estudiosas del tema como Dalia Barrera y Alejandra Massolo han registrado las cifras al respecto. Verónica Vázquez (2010.22) señalaba textualmente que en 1995, más de la mitad (62 por ciento) de los municipios gobernados por mujeres tenían menos de 20 mil habitantes, en 1998 el porcentaje se redujo a 51 por ciento y para 2002 subió a 74 por ciento de los municipios.
En contraste, hace ver Vázquez, “las ciudades capitales muy rara vez son gobernadas por una mujer.” En los tres trienios anteriores a 1995 hubo solo tres alcaldesas (Toluca, Aguascalientes, Mérida). En marzo de 2002, dos mujeres gobernaban la capital de un estado: Mérida y Tuxtla Gutiérrez. Otras ciudades medias gobernadas por mujeres en ese momento eran Gómez Palacio, Durango; Uruapan, Michoacán; Cuautitlán, Estado de México, y Agua Prieta, Sonora.
La paradoja, siguiendo el pensamiento de Vázquez García, persiste.
¿Cuáles son las causas que impiden una participación relevante de las mujeres en el ámbito más cercano a la comunidad? ¿Influye su condición de mujeres? ¿Les plantea obstáculos? ¿Cómo las afecta el entorno familiar? ¿Qué piensan las mujeres que eligieron la política en ese ámbito como proyecto de vida? ¿Influye en su desempeño la ubicación geográfica de su municipio? ¿Cuál es el panorama actual en cuanto a manejo de recursos económicos? ¿Cómo afecta a las presidentas municipales el centralismo político estatal? ¿Cuáles son las razones políticas de peso para que en su mayoría quienes acceden a los gobiernos municipales sean solo en los municipios pequeños, de escasos recursos? Las respuestas requieren aún respuestas y una mayor profundización del tema.

No votes yet.
Please wait...

Comentarios