Ante los acostumbrados discursos triunfalistas del presidente Enrique Peña Nieto surgen una serie de preguntas, que al observar los hechos nos vamos dando cuenta que el tono triunfalista se derrite ante la realidad, la persistencia obsesiva de esta línea de discurso se pretende sea ya transexenal, que en caso de llegar algún otro tecnócrata al Ejecutivo federal, continuará la política oficial de la mentira, teniendo como máscara el tono triunfalista.
Esto es porque en el marco de la inauguración del Centro Nacional de Tecnologías Aeronáuticas declaró que en su “administración se ha invertido en investigación 40 por ciento más recursos que en el sexenio anterior y 75 por ciento más que en dos administraciones; de las 400 mil becas que Conacyt (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) ha entregado desde 1971, 45 por ciento ha sido en este sexenio en el ámbito manufacturero –expresó–, nos hemos consolidado como una nación que aplica innovación y que tiene un desarrollo mucho más complejo que otros países”.
Este discurso triunfalista esconde una realidad funesta, que es facilitar que las empresas transnacionales sigan siendo las líderes de las aplicaciones científicas, tecnológicas y de innovación en sus procesos productivos, mientras que los productores mexicanos permanecen en el rezago y la improductividad, desvinculados de los centros de investigación y universidades, el proceso de privatización y mercantilización de los conocimientos a través de la propiedad industrial e intelectual.
Este proceso hoy se pretende se lleve a cabo de forma transexenal, como todas las iniciativas de este régimen, para tal efecto Peña Nieto informó que ha girado indicaciones, tanto al director general del Conacyt, como a la consejería jurídica, “para revisar la Ley de Ciencia y Tecnología, para lo que ha resultado positivo y de éxito se extienda y mantenga en el tiempo”.
Interprétese como replicar el modelo de administración del Banco de México, los nombramientos no son al inicio de cada periodo sexenal sino a la mitad.
La significancia política de esta iniciativa es la de perpetuar el modelo neoliberal en los procesos de la ciencia y la tecnología, con etiqueta de favorecer a las empresas transnacionales.
Imagínese usted que de las 4 millones 48 mil Mipymes, que generan más de 70 por ciento del empleo en nuestro país, encuestadas por Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), solo 0.4 por ciento patentan; de las patentes, diseños industriales y otras protecciones que otorga anualmente el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, 90 por ciento son para extranjeros, ¿aun así se atreve Peña Nieto a decir que somos una nación que aplica la innovación?
¿Innovación? Cuando estamos en el lugar 61 en el informe de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual y en la posición 56 de 144 países, según el reporte 2017-2018 del Foro Económico Mundial de Davos; en desarrollo institucional ocupamos el lugar 123; en desarrollo tecnológico el 71; en educación superior y capacitación estamos en el 80; y en competitividad caímos de la posición 53 en 2012 (cuando inició su gestión Peña Nieto) a la 51. Es irresponsable un discurso tan falto de verdad a la nación.
En este gobierno se ha visto lo que nunca, en materia de presupuesto para la ciencia y la tecnología se ha reducido en más de 23 por ciento el presupuesto del Conacyt, lo que ha impactado negativamente al presupuesto de becas; siete de cada 10 becados ya no tienen ese apoyo, según reportan las universidades.
A pesar de que el artículo noveno bis de la Ley de Ciencia y Tecnología establece que la asignación presupuestal mínima para ciencia y tecnología debe ser del uno por ciento del producto interno bruto (PIB) –seguramente la iniciativa transexenal de reforma peñista lo va a quitar– y apenas llegamos a 0.45 por ciento. Cabe señalar que el promedio de las naciones que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) es de 2.39 por ciento y México es el último lugar; los incrementos declarados por el gobierno son un juego perverso de la estadística, porque si bien se ha incrementado a nivel general en 28 por ciento, ese aumento se lo ha comido el incremento de la población y la inflación.
Tres academias: la de ciencias, de ingeniería y la nacional de medicina se han manifestado en contra de la reducción de becas. José Franco, del Foro Consultivo Científico y Tecnológico, ha expresado que es clara la necesidad impostergable de incrementar los presupuestos destinados a fortalecer las capacidades científicas y tecnológicas del país.
Los bajos salarios, la inflación, sobre todo en productos de la canasta básica; la represión de las manifestaciones para defender los recursos como el agua, que no se privatice; el aprovechamiento de los espacios para que florezcan los negocios internacionales, como el proyecto eólico en Oaxaca; y la violencia sin control. Cuando al reclamo de justicia y de la defensa de los derechos humanos se le responde con la consigna de orden y respeto, llegó la hora de la barbarie, la peor violencia es la violencia de Estado. ¿No lo cree usted?

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