El país tiene una historia de más de 125 años de asesinos seriales, afirma Ricardo Ham, licenciado en ciencias de la comunicación, además de maestro en estudios de la ciudad y en educación.

Es autor precisamente del libro Asesinatos seriales mexicanos, en el que hace una recopilación objetiva de hechos que, en su momento, conmovieron a la opinión pública con homicidas, hombres en mayor grado, aunque también, lamentable, mujeres, que dejaron una estela de muerte y dolor.

En el texto documenta 31 casos y en lo que llama dato conservador, cerca de 200 personas han perdido la vida, destacando como grupo vulnerable el de sexoservidoras, con al menos 31 víctimas.

En el recuento, Ham alude a la tercera edad y cita que más de 30 adultos mayores fueron inmolados por tres presuntos criminales. En tercer lugar sitúa a la comunidad gay con 20 ataques fatales.

Advierte que no tomó en cuenta los homicidios con características seriales de mujeres en Ciudad Juárez, que según datos duros superan el centenar.

Igualmente detalla que no son pocos los casos en que exagentes, de diversas corporaciones que estuvieron inmiscuidos.

Señala que el Estado de México ha sido la entidad que con mayor frecuencia ha sufrido consecuencias de ese fenómeno con seis casos.

Y consigna crímenes de carácter serial, atribuibles al llamado sexo débil.

El autor se va a fondo y presenta causas del llamado síndrome psicopático que se distinguen en quienes han incurrido en esas acciones, y alude, en lo que hace al país a antecedentes desde el siglo XIX.

Relata que el término “asesino serial” fue acuñado en la década de 1970 por Robert Ressler, exagente especial del FBI, quien descubrió patrones de conducta repetidos en homicidas de ese tipo.

Tras publicar nombres o motes de quienes más impactaron, otorga un capítulo especial a uno de los más “célebres” en la Ciudad de México: Gregorio Goyo Cárdenas.

Antes de su detención, bajo cargos de inmolar a cinco mujeres, era estudiante e hijo modelo, inventor, novio, asesino y científico.

Ya tras las rejas, sorprendió al convertirse en recluso ejemplar, escritor, guionista, autodidacta, pintor, comerciante, esposo y padre de familia.

Carlos Monsiváis lo definió con precisión: “Goyo Cárdenas fue el caso del siglo”.

Su abogado, tras 10 años, consiguió sacarlo de Lecumberri e, incluso, tuvo la fortuna de recibir un indulto presidencial de Luis Echeverría.

Dos días después de quedar libre fue invitado a la Cámara de Diputados, donde lo presentarían como ejemplo de un criminal que después de varios estudios y tratamiento psicológico podría reincorporarse a la sociedad.

Lo acompañó en solitario al recinto legislativo el entonces secretario de Gobernación Mario Moya Palencia.

Y lo insólito: los legisladores de pie le otorgaron una ovación ensordecedora.

De Ediciones B México, la primera edición fue en enero de 2016.

Ricardo Ham

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