Entre las versiones del ajuste en el gabinete presidencial y el relevo en la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), sin dejar de lado a ese satélite llamado Partido Verde Ecologista de México (PVEM), la irrupción de voces críticas como las de Ulises Ruiz e Ivonne Ortega Pacheco, el hecho es que el partido en el poder ha entrado en un proceso de revisión doméstica para mantenerse en el poder.
Ese procedimiento no tendría nada de especial, de no ser porque las voces críticas no son de cualquier priista inconforme o resentido por no tener acceso a los espacios de decisión, o que de plano aspiren a cargos de elección popular, porque simplemente han disfrutado de las mieles del poder, como son los casos del oaxaqueño y de la yucateca. Ambos fueron gobernadores.
Por eso, la carta que este miércoles 26 de julio envió Ivonne Ortega a la maestra Claudia Ruiz Massieu Salinas, secretaria general del CEN del PRI, es de obligada lectura y atención en la cúpula del partido en el poder, porque entraña el riesgo de una fractura que, valga la comparación, se significaría a la corriente democrática que, con personajes como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Rodolfo González Guevara, provocaron el más importante desprendimiento de cuadros de primer nivel en el tricolor.
Y es que, en estos asuntos de los juegos del poder, solo no ve el que no quiere ver. La disidencia en el PRI no es de hoy, aunque hasta fechas recientes ha aflorado en toda su dimensión con encuentros que no se imaginaban, como fue precisamente el de una reunión en la que estaba un grupo crítico del Revolucionario Institucional con precisamente Cuauhtémoc Cárdenas como participante y apareció Ivonne Ortega.
Lo interesante de ese encuentro es el arropamiento brindado a la exgobernadora del estado de Yucatán y que abierta y públicamente ha manifestado su aspiración a la candidatura del PRI a la presidencia de la República.
Los críticos y censores han cuestionado esa legítima aspiración, e incluso hay quienes la consideran una mascarada de barnizada apariencia democrática en las filas priistas, más lo que ha ocurrido en días recientes desmiente esas presunciones y obligan a no soslayar este movimiento crítico.
¿Por qué desdeñar a 7 mil delegados priistas que se supone debe participar en la 22 asamblea nacional del PRI?
Siete mil es un número importante y representativo del priismo. Precisamente Ortega Pacheco aboga por la participación de esos 7 mil delegados, en la carta enviada a la maestra Claudia Ruiz Massieu Salinas.
Veamos. En la carta, la exgobernadora yucateca y diputada federal plantea que la 22 asamblea nacional convocada por el partido “es el espacio en que la militancia espera expresar libremente sus opiniones y propuestas respecto al futuro de nuestra organización política. Por eso, desde el inicio de sus trabajos diversas corrientes de opinión nos hemos manifestado porque esta participación sea lo más extensa y democrática, para bien del propio partido.
“En ese sentido, causa inquietud que, de acuerdo con el reglamento emitido por la dirigencia, únicamente unos 3 mil de los 10 mil delegados a la 22 asamblea podrán participar en las mesas temáticas nacional, toda vez que se limita la expresión a las diferentes voces y las diferentes postura que, como se afirma en la convocatoria, ‘construyen un instituto político vivo donde se debate y se acuerda’”.
La carta aporta otros elementos que sustentan la demanda de Ortega Pacheco. ¿Atenderán en la cúpula partidista la demanda? ¿O será que le apuestan a esa democracia vertical que, en 1987, echó del partido a un importante grupo de priistas que estuvieron a punto de llevar a la presidencia de la República a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano?
La reflexión que en esos días evitó Jorge de la Vega Domínguez, debe ser asumida por Enrique Ochoa Reza. El riesgo de la fractura como lección no aprendida. Y luego las vaciladas del PVEM que se encaminan a romper con el cordón umbilical para caminar en solitario, puede ser parte de una estrategia, pero pésimo mensaje a la militancia del PRI y del “ecologista”. Conste.

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