“Debería agradecer a Mussolini haberme declarado raza inferior, ya que esa situación de extrema dificultad y sufrimiento me empujó a esforzarme todavía más”

Rita Levi-Montalcini y su hermana gemela Paola nacieron el 22 de abril de 1909 en Turín, Italia, fueron las hermanas más jóvenes de cuatro hijos de una familia de origen judío. Su padre fue Adamo Levi, de profesión matemático e ingeniero eléctrico, y su madre Adele Montalcini, quien era una artista extraordinaria por su talento nato para la pintura.

En la historia de la humanidad han existido grandes mujeres que han favorecido el avance de muchos campos del saber; científicas, historiadoras, etcétera, quienes contribuyeron de forma notable al conocimiento. Esas aportaciones a la ciencia se remontan a hace 200 años. Sus trabajos y sus logros han sido, sin duda alguna, decisivos para el conocimiento de la ciencia, pero, en ocasiones, condicionantes ajenas a su capacidad han hecho que la repercusión y el conocimiento que tenemos sobre su trabajo y sobre ellas mismas sea escaso, e incluso pase inadvertido como el caso de Rita.

Sus pensamientos desde muy niña nunca fueron de conformismo, quizá por el talento que su padre tenía para la ciencia, o el interés por el progreso y la libertad característico de artistas como lo fue su madre o, posiblemente por haber sido admiradora de Selma Lagerlof, escritora sueca ganadora de un premio Nobel. Rita no aceptó dedicar su vida para ser madre y esposa únicamente; ella analizaba que prefería hacer de la ciencia su profesión, por lo que asumió que debía empezar a trabajar y así fue, se inició trabajando en una panadería para poder pagar su carrera y para 1930, contando con 20 años consiguió inscribirse en la Escuela de Medicina de Turín, lugar donde estudió la carrera de medicina y cirugía; al concluir dicha carrera en 1936 se graduó con honores. Rita permaneció como investigadora a cargo de su mentor, el neurohistólogo Giuseppe Levi, iniciando con él sus estudios sobre el desarrollo del sistema nervioso en el embrión de pollo.

Posteriormente, en 1938 con las nuevas leyes contra los judíos (Il manifesto per la difesa della razza) impuestas por Benito Mussolini, Rita dejó su puesto en la universidad, trasladando sus investigaciones a su dormitorio, donde instaló su laboratorio con microscopio y algunos utensilios caseros que fueron adaptados, por ejemplo, agujas de coser y pinzas de relojero.

Durante la segunda Guerra Mundial en 1941, tras la alianza entre Mussolini y Hitler, las bombas aliadas comenzaban a caer sobre Turín, eso obligó a la familia Levi-Montalcini a mudarse a su casa de campo ubicada en las montañas; allí para conseguir material de investigación, Rita visitaba a los granjeros locales y les pedía huevos fecundados para alimentar a sus hijos (que no tenía). En 1943 y ante el avance de las tropas nazis, la familia se vio obligada a huir hacia Florencia, donde ella instaló su laboratorio en el sótano.

Al término de la guerra en 1946, Rita había sentado las bases de lo que sería el gran descubrimiento de su vida, durante años había replicado algunos experimentos del embriólogo alemán Víctor Hamburger, investigador de la Universidad de Washington en San Luis, Estados Unidos, quien tiempo atrás había observado y descubierto que los embriones de pollo privados de sus miembros no desarrollaban los nervios destinados a esas regiones, lo que el científico interpretaba como una falta de diferenciación en esas neuronas y Rita coincidía en dichos resultados, pero, no en la interpretación que resumía el investigador. La italiana proponía que esos nervios sí se diferenciaban pero morían por falta de algún factor que debía suministrarle el miembro ausente.

Cuando Víctor Hamburger se enteró del trabajo de investigación que estaba realizando Rita Levi-Montalcini, la invitó para que acudiera a su laboratorio y a partir de esa invitación inició la colaboración del trabajo en conjunto, el que supuestamente iba a ser de unos meses, los que se convirtieron en 30 años, tiempo que sirvió para evidenciar que la hipótesis correcta era la de Rita.

En 1950 y en colaboración con el bioquímico Stanley Cohen, Levi-Montalcini aisló el factor de crecimiento nervioso (NGF, por sus siglas en inglés) el cual era una proteína esencial para la supervivencia de las neuronas. Rita Levi-Montalcini y Cohen en 1986 recibieron el premio Nobel de Fisiología y Medicina “por sus descubrimientos de factores de crecimiento”. Los premios por su carrera le llovieron; además, entre sus méritos pudo contar con tres doctorados honoris causa expedidos por el Politécnico de Turín, la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Mc Gill.

En la última etapa de su vida fue senadora vitalicia en el Senado italiano y siempre se definió como una persona de izquierda, que creía en el progreso y la paridad; también fue miembro de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos; embajadora de buena voluntad de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación), además de crear una fundación dedicada a ayudar a mujeres y niñas africanas para estudiar. Fue gran defensora del feminismo, una mujer a la que no le importaba que le preguntaran una y otra vez por qué nunca se casó, ya que siempre contestaba lo mismo: “Yo soy mi propio marido”.

Rita celebró su centenario con un congreso en Roma y en declaraciones públicas reivindicaba la actividad intelectual y el compromiso social como principales agentes de su actividad y larga vida. El 30 de diciembre de 1912 cesó su incansable tarea de lucha por la vida, la justicia social y la ciencia.

“A los 100, mi mente es superior gracias a la experiencia que cuando tenía 20 años.”

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