Es licenciado en derecho, docente jubilado de la Autónoma de Hidalgo y notario público

Pachuca.- Licenciado en derecho, maestro jubilado de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) y notario público, Roberto Rodríguez Pérez declara contundente: “En mi experiencia de 24 puestos públicos desempeñados, federales, estatales y académicos, he constatado que el abogado se forja por convicción en una auténtica mística de ayudar a quien lo solicita.

“En ese largo camino recorrido profesionalmente llegué a conocer versiones, comentarios de algunos colegas, de pocos ciertamente, que llegaron a desviarse de algunas normas. Nunca indagué de nombres y de casos, pero proclamé y lo he mantenido: mi apego a una verdadera humanización en la carrera.”

Decálogo del jurista Y recalca: “No debe olvidarse el decálogo del abogado, en especial del quinto que dice: ‘Sé leal’. Leal como tu cliente al que no puedes abandonar hasta que comprendas que es indigno de ti. Leal para con el adversario, aun cuando él sea desleal contigo, leal para con el juez que ignora los hechos y debe contar en lo que tú le dices y que, en cuanto al derecho, alguna que otra vez debe confiar en lo que tú le invocas”.

También enfatiza: “Como podemos observar, este decálogo es vigente, entendiendo el abogado las condiciones de cada caso sin mostrarse obsesivo en cuanto tasará sus honorarios, porque lo importante es salir adelante, sustentado en sus conocimientos.

“Se llegan a presentar algunas omisiones al no cumplir con una de sus obligaciones de celebrar un contrato de prestación de servicios profesionales, en que se especifique el compromiso que el profesional del derecho tiene para con su cliente y a su vez este con quien lo va a representar.

“Puede ocurrir por una estrecha relación de ambas partes, de tiempo, en que se ha construido una mutua confianza en que la palabra es como una norma legal, casi de honor que ratifica conductas”. Tema que Rodríguez Pérez no esquiva ni atempera.

Relaciones humanas “En lo personal, me da pena contar esto, pues cuando tuve el honor de ser presidente del Colegio de Abogados Foro de Hidalgo nosotros hacíamos cursos de relaciones humanas, así como de materia referente a nuestra carrera.

“Conocí de quejas por incumplimiento, pero no me competía inmiscuirme o tomar partido.

“Citaría una, como ejemplo de un cliente abrumado, que su asunto llevaba más de un año y no se resolvía, cuando buscó a su abogado, la secretaria del despacho le dijo: ‘No está mi jefe, pero me comentó que va a necesitar más dinero porque le faltan algunas diligencias’.

“Llegué a escuchar algo en tono parecido, pero no expresé comentario al respecto.

” Contrato de servicios El licenciado Rodríguez Pérez se expresa con fluidez y si acaso establece algunos intervalos para que el reportero pueda anotar puntualmente lo que refiere.

“En mi práctica no soslayé el valor del contrato de servicios profesionales. Considero que en donde educaron al abogado debieron enseñarle que es su obligación establecerlo con su cliente.

“Creo en el decálogo del abogado número 10, mismo que establece: ‘Ama a tu profesión’. Trata de considerar la abogacía de tal manera que el día que tu hijo te pida consejo sobre su próximo destino, sea un honor, satisfacción para ti proporcionarle que sea abogado.

“Sostengo que nosotros, los abogados, debemos pensar como lo decía el libertador Simón Bolívar: ‘Moral y luces son nuestras necesidades’, y en otra ocasión: ‘La mejor política es la rectitud’.

” Se inclina un tanto hacia adelante en el cómodo sillón del restaurante, a la vez que acepta que le sirvan un segundo vaso con agua. Cuidadosamente se seca los labios con una servilleta.

“Un abogado ha de ser el objetivo de toda propuesta jurídica emergida en el seno de las necesidades del grupo social que hace uso del derecho para garantizar el orden, la justicia y la seguridad jurídica.

“El hombre de hoy es el gran protagonista del ‘dolor’.

“Un sufrimiento humano que desgarra los rostros y corazones de quienes se perciben azotadas por un sistema económico y político que estiman les niega oportunidades de realización, flagelando el derecho a la libertad y la igualdad y proscribiendo la realidad de un Estado democrático.

” El origen de Rodríguez De lo que llama su progenie Rodríguez, conoce antecedentes interesantes.

“Es apellido de origen germánico y significa hijo de Rodrigo o Rodericus, nombre latinizado como Roderici Hrod-Riks ‘glorioso-reino’ o ‘rico en gloria’, patronímico ‘ez’ al final de este apellido español es un préstamo del idioma vasco.

” Y se remonta más al pasado en el país: “A la llegada de los españoles a México, el apellido Rodríguez se multiplicó en diferentes provincias, en el caso del segundo distrito militar que conformaba el extenso estado de México del que se desprendió en 1869 el estado de Hidalgo, el apellido Rodríguez tuvo entre otros asientos la tierra fértil rodeada de laderas que se hacen ríos y que se corona con un convento agustino y nos referimos a la Vega de Metztitlán en Hidalgo.

“Tierra fecunda en agricultura y en mujeres y hombres que han formado patria y que desde su origen humilde con sábanas de montaña. Esos espacios fueron cuna de mi padre, don Lucas Rodríguez Pérez, quien nació en 1910.

” Los ojos brillan, con una tenue humedad, por quien tanto le representó. “A los 11 años quedó huérfano y se hizo cargo de sus dos hermanos: Francisca y Raymundo.

“Falleció hace 40 años en Pachuca, en un 10 de mayo.

“Mi mamá, María Luisa Pérez Moctezuma, vio la luz primera en San Martín Texmelucan, cerca de Puebla; desafortunadamente murió hace 14 años. Siempre fue guía para mis hermanos y para mí.

” Aquí apunta de lo muy suyo, su formación académica: “Egresé de la UAEH con licenciatura en derecho y con la especialidad en derecho penal, impartiendo en la misma institución las materias de garantías individuales, derecho de familia, amparo y procedimiento penal en la especialidad”.

Hoy se dedica a su notaría, algo que realiza desde hace 27 años.

“Me siento satisfecho, pleno; de alguna forma es parte de lo que aún muy joven me atrajo y a lo que dediqué mis esfuerzos.

” Cuando parece que es el fin de la charla, silenciosamente hace señal con dedos de su mano derecha, significando que añadirá algo más.

Apresurado, su interlocutor saca libreta y pluma, en espera: “De lo anteriormente expuesto, considero que no solo pudiera haber algunos abogados que hubieran caído en la trampa de una deshumanización y, conste, no podría poner sobre la mesa situaciones comprobadas, sino meros aires de versiones. Quizá se da en otras actividades.

“Con frecuencia nos enteramos de altos funcionarios que cayeron en la tentación de enriquecimientos, rápidos, ilícitos.

” ¿Cuáles?, pregunta el entrevistador, y el interlocutor revira: “Han sido del dominio público, algunos todavía sujetos a proceso.

“Podría apuntar a ciertas instituciones, pero no me refiero a todo el personal.

“Existen profesionales que sí son bondadosos y humanos, sin embargo, algunos funcionarios no mantienen un comportamiento con sus subordinados sustentado en la igualdad, equidad y respeto.

¿Propone algo?, se le vuelve a inquirir. “Sería importante que en las universidades se estableciera en su plan de estudios una materia que se denominara derecho humano jurídico y al crearse se capacitara a los profesionales de todas las carreras y de las instituciones y colegios.

“Al respecto, algunos autores, como el teólogo Hans Kung, ha establecido que ‘el paradigma moderno debe compendiar un cambio de época superado en el triple sentido Hegeliano, por lo cual debe ser… ‘Afirmado en su contenido humano’. ‘Negado en sus límites inhumanos’, y… ‘Trascendido en un nueva síntesis diferenciada y holístico pluralista’.

“Conforme a este nuevo pensamiento, una nueva propuesta ha de enfocarse hacia una nueva escuela de derecho que se fundamente en el supuesto: ‘El derecho existe por causa de los hombres y para los hombres’, punto de partida del humanismo jurídico. ”

Agrega, renacida la sonrisa y con semblante sereno, calmo: “Si me permite, para terminar, deseo traer a cuento una frase de Sócrates, quien dijo: ‘No puedo enseñar nada a nadie, solo puedo hacerles pensar’.

En mi experiencia de 24 puestos públicos desempeñados, he constatado que el jurista se forja por convicción en una auténtica mística de ayudar a quien lo solicita”

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