Roller Coaster

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Roller Coaster

Sonora Horta López
Licenciatura en ciencias de la comunicación

Nunca olvidaré lo horrible que fue mi viaje a Taiwán, digo, solo al principio, y algunas ocasiones después. Podría hacer toda una lista de eventos desafortunados y alocados que me pasaron durante mi estancia, pero preferiría contarles que esas experiencias fueron las que me hicieron más fuerte, y me hicieron valorar el más simple detalle o el gesto más amable durante mi estancia, 14 horas en el futuro, del otro lado del mundo.

Y digo que es horrible al principio porque dos de los sentimientos más fuertes se juntan para confundirte y hacerte entrar en pánico: el miedo y emoción; lo bueno es que los dos se quitan rápido.

Aunque uno parezca muy fuerte, cuando estás solo es cuando verdaderamente te pones a prueba, cuando más vulnerable eres. Pero también es bien sabido que en los momentos más difíciles es en donde encontramos el mayor aprendizaje y en donde todo se disfruta más.

Una vez platicaba con mi amiga Gabrielle, mientras tomábamos té de tapioca caminando por las calles de Taipéi, y me preguntó cómo describiría mi experiencia en Taiwán en una sola palabra, yo le dije que bastaría con que me imaginara gritando a todo pulmón en una montaña rusa, así ha sido mi experiencia.

Nunca en la vida había pasado por tantas cosas buenas y malas en tan poco tiempo, pero eso fue lo que hizo de este viaje la experiencia más emocionante que he tenido.

Lo mejor de todo es que, como buena universitaria, nunca dejé el drama a un lado. Así que cada que podía lloraba. Sí, y lo hacía porque no había otra forma de demostrar lo feliz que estaba. Ustedes se imaginarán, una Sonora llorando por todo, llorando enfrente del mar, en los acantilados, en la punta de la Montaña Elefante, en cascadas, en ríos, probando comida deliciosa; llorando en los templos o durante la primera vez que escuché campanadas en un monasterio budista; llorando porque mi visa expiró y casi me vetan de Taiwán; llorando porque pude resolver cada circunstancia y reto que se me presentó y cada vez me sentía más fuerte; llorando cuando me despedí de todas las personas que estuvieron conmigo durante todo ese tiempo.

Y aunque cuatro meses en otro país se escucha poco, ha sido una experiencia que me ha marcado y no dejará de estar presente en mi vida. De Taiwán aprendí a no quejarme y a estar agradecida con todo y con todos. La experiencia de irte a vivir al otro lado del mundo nadie te la quita y es lo mejor que te puede pasar como estudiante universitario, al fin y al cabo, es algo que te forma como ser humano y como profesionista.

Taiwán no tuvo nada de horrible, yo solo bromeaba.

“Me preguntó cómo describiría mi experiencia en Taiwán en una sola palabra, yo le dije que bastaría con que me imaginara gritando a todo pulmón en una montaña rusa”

Sonora Horta
Estudiante

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