Hay quien piensa que el futbol y la estadística no son más que extraños que coinciden en algún punto del tiempo y el espacio. Unas veces más, otras menos. Lo cierto es que muchos clubes gustan de hacer justicia a su propia historia y renunciar a los números. Algunos para bien, otros para mal. Las rachas se rompen, se transforman. Es por eso que, en el futbol como en la vida, puede pasarse de la pena a la gloria y viceversa en 90 minutos.

Eso hizo el Real Madrid en los octavos de final de la Champions League. Los blancos tienen prácticamente extintas sus posibilidades de ser bicampeones de la liga y no estarán presentes en la final de la Copa de su Majestad. Por ello, han volcado todos sus esfuerzos en conseguir un impensable, pero siempre probable, tricampeonato a nivel continental.

Los merengues viven enamorados de la orejona. Son, por mucho, el equipo más ganador de la competencia en cuestión. El propio Cristiano Ronaldo ha reservado sus mejores actuaciones para las llamadas “noches mágicas”, consolidándose como amo y señor del gol en Europa. Todos estos factores se conjugaron en uno de los partidos más esperados del inicio de año.

El Santiago Bernabéu fue el santuario de amor perfecto para que el Real Madrid hiciera lo que tanto le encanta, a propósito del Día de San Valentín: ganar, golear y gustar en la Copa de Campeones. Su rival, el Paris Saint-Germain, no hizo valer su condición de “ciudad del amor” para romper la romántica relación de los blancos con la competencia futbolística más atractiva a nivel de clubes.

Rabiot rompió las redes para el equipo francés, pero los locales siempre fueron mejores. El Bicho lo igualó desde los 11 pasos antes de terminar la primera mitad y fue hasta la recta final, con un influyente Marco Ascencio en la cancha, que cayeron dos anotaciones más cortesía de CR7 y Marcelo. En resumen: los de siempre, como siempre. Del otro lado, no hubo conexión entre Neymar, Cavani y Mbappé y el héroe parisino fue Alphonse Areola.

Todo se alinea a favor de los blancos cuando se juega entre semana a las 20:45 horas y el balón es cobijado por las estrellas. El compromiso más difícil que le deparaba el destino a Zidane y compañía después del clásico fue resuelto gracias al amor incondicional del equipo madrileño por la copa más grande. ¿Hasta dónde llegará este romance?

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