El periodista cubano mexicano Rubén Cortés compartió con lectores de la Ciudad de México su tercia literaria sobre la Cuba de sus días, la Cuba de su familia y la Cuba que le prescribió dónde nacer, qué estudiar, qué ver y qué escuchar, el sistema que incluso le puso el índice en la funeraria dónde despedir a los suyos.
En El Sótano de Quevedo, el escritor tuvo un acercamiento íntimo con los asiduos a los estantes letrados, a quienes ofreció la oportunidad de escuchar la voz del que escribe no por ganar sino en el ejercicio pleno del periodista que además hizo el primer retrato tras la muerte de Fidel Castro, Los nómadas de la noche.
Junto a la voz cómplice de un compatriota, Carlos Olivares Baró, Cortés Fernández tomó en actitud sincera esa tercia que asume como una manera sin pretensiones de ofrecer un mapa completo de esa Cuba de la Revolución que llegó para encajar las garras en la piel de su gente para no soltarla jamás.
Con Los nómadas de la noche apareció Un bolero para Arnoldo, la memoria escrita desde el corazón del autor, los recuerdos intactos de mamá y de papá, el color y los aromas de su cuna Pinar del Río, una crónica necesaria que sirve igual para el desahogo personal como para unir a dos generaciones, los natales de la revolución naciente y los testigos de sus reminiscencias en este siglo.
Sobre la mesa en El Sótano de Quevedo también se asomó la exclamación de ¡Cuba, Cuba!, el cierre de esta tercia con el que el periodista contribuye a despejar las dudas de los que aún vemos en la isla un gran misterio, de la que conocemos apenas intermitentes pinceladas y de la que será difícil comprender, por ejemplo, por qué un pintor debe enfrentar un juicio por contar con dos costales de cemento.
Esta anécdota no alcanzó a ser parte de la tercia, pero es un ejemplo de las cosas que suceden al cobijo de una dictadura que no tiene para cuándo, es así como Rubén la ve al prestarse a mover las manecillas del reloj para el futuro de la isla. ¿Hacia dónde va Cuba? No más lejos que a la continuación de una “dinastía”, un sistema de poder hereditario y celoso que no confía más que en el hermano comandante, el hijo comandante, la sangre que transmite a la sangre la encomienda de vigilar la perpetuidad donde la única alternancia conocida queda más allá del mar.
Los textos de Cortés, un lugar obligado en la literatura sobre Cuba, están a tu alcance en las ediciones de Cal y Arena. ¡Disfrútalos!

mexicano

@lejandroGALINDO
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