Hoy, a los 63 años, le gusta recordar esa parte de su vida profesional que ya dejó muy atrás al jubilarse

Pachuca.- Porfirio Rubén Lecona Hernández destinó parte de su tiempo en viajar de Pachuca a Tizayuca, donde nació, y frecuentes traslados a Huejutla y Tepeji al desempeñar encargos directivos de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

Hoy, a los 63 años, le gusta recordar esa parte de su vida profesional que ya dejó muy atrás al jubilarse, pero que le permitió, asevera, tener intenso vínculo con la casa de estudios durante 41 muy precisos años, que hasta ahora perdura.

“Jamás perdería de mi memoria esos gratos días en la universidad.”

Químico, fue parte de la primera generación del Instituto de Ciencias Exactas (ICE).

“No me equivoqué al decidir, en el momento preciso, qué iba a estudiar. Eso es grato, tomar el rumbo adecuado de cara a un impredecible futuro.”

Notable cambio

Estableciendo una etapa en décadas, compara aquel entonces y lo que hoy se vive en la institución.

“La universidad da un giro de 360 grados cuando Gerardo Sosa Castelán asume la rectoría.

“Uno de tantos logros fue institucionalizar la planeación mediante el Proyecto Integral de Transformación Académica (PITA). Pongo un ejemplo: quien pretendía equipar laboratorios tenía que sustentarlo en un proyecto, era insoslayable el que hubiera una justificación académica.

“Tengo presente que por sus instrucciones precisas se terminan las novatadas, práctica añeja que muchas veces atentó contra la dignidad de los jóvenes.

“Otro punto, en infraestructura, fue dar vida al Cevide para poder establecer así, correctamente, una relación con universidades extranjeras.

“De acuerdo con la última matrícula, la UAEH alberga a más de 56 mil alumnos y 5 mil mentores. La oferta educativa ha crecido y de la mano la infraestructura. Es advertible, diría, si se me permite, a la vista de todos, propios y extraños.”

La puntualidad

Como antes, prioriza la puntualidad. Arribó al café Java 15 minutos antes de lo pactado, y solo lo explicó brevemente: “Aquí estoy; cuando gusten, empezamos”.

Primaria y secundaria las estudió en Tizayuca; bachillerato en la Bella Airosa, en la escuela José Ibarra Olivares.

Considera que fue buen estudiante, aunque acepta, sin sonrojos, que alguna vez lo reprobaron.

“No pasé dibujo. El maestro era un joven ingeniero, Pablo Tejeda Barranco, de la Compañía Real del Monte. Muy exigente.”

A Rubén Lecona Hernández le gustaban las matemáticas, física y química. En el ICE solo había una carrera: ingeniería industrial.

Para titularse como químico, invirtió cuatro años y medio.

“Cursaba el cuarto semestre cuando el entonces rector de la UAEH Carlos Herrera Ordóñez nos anunció que, si queríamos incursionar en química, podíamos incorporarnos y que nos validaban, como una especie de tronco común esos cuatro semestres. Aceptamos; fuimos tres, dos mujeres y yo.”

Terminó sus estudios en 1979 y para titularse escribió un libro de texto sobre química nuclear. Y precisa: “Se llamaba también Química seis”.

Ingresó prácticamente como docente en la Preparatoria uno.

“Esto fue antes, en 1976. Entraba a las siete de la mañana y salía a las 12. Todo el tiempo en la institución. Tuve un ofrecimiento del Instituto Mexicano del Petróleo, pero no acepté.”

Rubén Lecona,UAEH

Tiempo completo

En 1981 fue emitida una convocatoria para una plaza de tiempo completo.

Presentó examen de oposición, con la participación de otros dos aspirantes, y por unanimidad, él fue aceptado.

Ya era catedrático, en Prepa uno y en ICE, y quedó como jefe de laboratorios en la Preparatoria tres.

Ve de frente a uno de sus interlocutores, Evaristo Luvián, quien ha aportado también sus conocimientos de esos años, poco escapa a su radiografía de la UAEH.

Casado con Mónica García Ortiz, hoy maestra jubilada, tuvieron tres hijos, dos hombres y una mujer.

“El mayor, Rubén, es ingeniero agrónomo, egresado del Instituto de Ciencias Agropecuarias (ICAp); Natalia, igualmente ingeniera, y Pablo, el menor, egresado de la Escuela Superior de Tizayuca, licenciado en turismo.”

El químico Lecona se hace un espacio para referirse a Herrera Ordóñez, y expresa, melancólico: “En lo personal me marcó, era afectivo. Guardo uno de sus informes como rector. Siempre dispuesto a escuchar”.

Y alude a otros rectores con quienes colaboró: “Jesús Ángeles Contreras, como estudiante, y tras Herrera, Juan Alberto Flores Álvarez, Juan Manuel Menes Llaguno, Gerardo Sosa Castelán, Juan Manuel Camacho Bertrán, amigo muy en lo personal; Luis Gil Borja, Humberto Veras Godoy y el maestro Adolfo Pontigo. Son parte de la historia”. Luvián asiente.

Como docente de tiempo completo estuvo hasta 1993, después llegó a Prepa uno como jefe de laboratorio.

Director en Prepa tres

Estuvo un año. Fue natural el siguiente paso al participar en una nueva convocatoria, esa vez fue por la dirección de la Preparatoria tres. El Honorable Consejo Universitario por unanimidad lo designó para el encargo. Después repetiría en el puesto.

Él y Camacho Bertrán son los únicos directores reelectos. Lecona Hernández 1994-1998 y 1998-2002.

Y viene otra experiencia cuando inició labores en el campus Huejutla, en enero de 2003.

El cambio no le afectó. Hoy dice: “Soy institucional. Asumí funciones de coordinador casi cuatro años”.

Y vino otro nombramiento cuando le asignaron nuevo campus: Tepeji, hasta retirarse en julio de 2017 por problemas de salud. Pero alcanzó significativo nivel en el Sistema Nacional de Bachillerato y fue la cuarta mejor escuela en el país.

Incursionó en política. Sonríe y relata que fue aspirante a presidente municipal de Tizayuca. Entonces militaba en el PRI.

“En verdad, la intención era trabajar por el municipio. Perdí por un voto…”
Al cuestionarle de quién era el voto, dijo: “Calla”, levantó ligeramente los hombros y dejó ahí la incógnita. Hoy milita en Morena.

Cumplía su función

Es lector habitual, con predilección, por la historia de México, aunque tiene autores preferidos. Gabriel García Márquez, Umberto Eco, Isabel Allende. En música, le gusta la clásica y moderna.

Como docente, advierte que fue exigente. “Sí, llegué a reprobar a algunos jóvenes, pero no quedaba ahí, les ofrecía mi apoyo para ayudarlos en materias difíciles. Nunca tuve conflictos.

“En lo que hace a mi responsabilidad, resolví problemas académicos y administrativos. Es lo que me tocaba. Tuve acercamiento con padres de familias y con autoridades municipales.”

Salta a la mesa el tema de la autonomía. Rubén Lecona no se soslaya. “Es parte de la vida misma de la universidad. Se le ha otorgado el pleno manejo de su vida interior. Los movimientos económicos son transparentes, sujetos a supervisiones de órganos federal y estatal a través de auditorías. Nada hay que esconder”.

“Cuando fungí como director, sabía que mi obligación era resolver problemas académicos y administrativos, además de entablar relaciones respetuosas y cordiales con padres de familia, al igual que los contactos que tuve con las autoridades municipales de esa época.

“Como maestro, sí, exigente. Y llegué a reprobar a estudiantes. Hubo casos insalvables. Actué como cualquier docente.”

Rubén Lecona,UAEH

De acuerdo con la última matrícula, la UAEH alberga a más de 56 mil alumnos y 5 mil mentores. La oferta educativa ha crecido y de la mano la infraestructura. Es advertible, diría, si se me permite, a la vista de todos, propios y extraños

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