Lol Canul
Maestra en ciencias de la salud

Ante el reporte de la Secretaría de Salud federal, las y los hidalguenses vislumbran el futuro cercano del desconfinamiento gradual acorde a los lineamientos establecidos por la institución. El semáforo de riesgo se identifica, al fin, en color naranja para la entidad aplicando el día lunes; este nivel indica aún un alto peligro de contagio, pero de manejarse adecuadamente y no presentar un aumento de casos, puede representar una señal de avance para la reintegración a la vida.

Probablemente el momento de repensar la normalización de las prácticas que inciden en el cuidado de la salud ha llegado y en esta columna no podemos evitar recordar la relación que esta guarda con el cuidado medioambiental.

Retomando las recientes afirmaciones de Víctor Manuel Toledo, titular de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), la salud humana no puede pensarse sin considerar la salud del medio ambiente. Él mismo ha señalado que la enfermedad Covid-19 es producto de grandes desequilibrios ecológicos, de los que, en México recuenta que las últimas décadas han traído “acumulación sobre acumulación de desequilibrios ecológicos”, siendo el cambio climático el mayor ejemplo de ello.

Aunado a esto, un punto claro de análisis son las comorbilidades que ha presentado la epidemia en la población del país, cuyo fondo sacan a relucir los estilos de vida poco saludables y los determinantes sociales de la salud; se han mencionado en varias ocasiones durante las conferencias del doctor Gatell los hábitos alimenticios apegados a las políticas que facilitan el acceso a la comida chatarra, la facilidad de explicar entonces el sobrepeso y la obesidad así como padecimientos cardiovasculares y la carga de diabetes.

Por su parte, Toledo también ha apuntado el análisis a que el 80 por ciento de las muertes por esta pandemia se han registrado en las seis regiones más contaminadas del país, lo que visibiliza al contexto como otro factor del entendimiento de la salud de manera integral; asegura también que la modernidad ha traído consigo una visión del mundo que conceptualiza a la naturaleza como un sistema mecánico, como fuente de recursos, desligando la importancia de las demás especies.

Sin duda la pandemia ha sido un problema de gran magnitud, sin embargo, ha servido también para reflejar los sistemas insanos en los que la población hoy está sobreviviendo, desde el económico, sanitario, educativo, etcétera. Pero no significa que tengamos un escenario apocalíptico pues la experiencia puede servir de retroalimentación.

Hay muchas áreas de oportunidad que deben trabajarse en congruencia con los discursos que estos meses hemos escuchado de parte de las autoridades, en los que priorizan la salud de la sociedad mexicana. Los aprendizajes masivos apuntan a la valoración del teletrabajo así como a la búsqueda de modelos de movilidad urbana sustentable, la promoción de estilos de vida saludables y por supuesto, el cuidado medioambiental que debe estar incluido.

Son muchos temas que plantear a partir de esta fase que no podemos permitir que sigan siendo aplazadas. La transición debe pensarse no solamente para el fin de un periodo de cuarentena, sino también, a la generación de políticas públicas que mejoren los puntos débiles que el Covid-19 permitió entrever. Ante todo, se debe conferir lo adecuado a las responsabilidades de las autoridades, de la iniciativa privada y de la población en general, para que ninguna de esas áreas represente un factor de riesgo nuevamente.

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