Antes de las cinco de la mañana de ayer partieron miles de la Ciudad de México hacia su destino

Antes de las cinco de la mañana de ayer partieron miles de migrantes del deportivo Martínez Palillo en la Magdalena Mixhuca, de la Ciudad de México, con el norte como destino, tomaron el metro y caminaron por Periférico hasta llegar a la caseta de Tepotzotlán en el Estado de México.

La caravana estaba en la carretera México-Querétaro, luego de casi un mes de partir de Honduras, El Salvador o Guatemala, a pie o aventón avanzan por el sueño americano en un camino que si bien no es fácil, la solidaridad lo ha hecho llevadero.

En el camino pasaron a pie de carretera por Tepeji, en Hidalgo, ahí policías, personal de salud, derechos humanos y voluntarios brindaron atención, agua y comida a quienes se detuvieron por minutos a descansar y seguir la marcha rumbo a Querétaro para reagruparse y pasar la noche.

Piden “ride” a camioneros, transportistas y particulares para hacer más ligero el viaje rumbo al estadio Corregidora; antes, en el libramiento a Palmillas los espera uno de los albergues que se habilitaron en San Juan de Río, Querétaro.

Tres carpas enfiladas reciben a los más de 300 migrantes que a la tarde del sábado deciden descansar ahí, Misael, de 26 años originario de Colón, Honduras, aprovecha junto con sus 20 familiares los separadores viales de concreto que se encuentran en la zona para poner cobijas y armar un campamento para comer y dormir.

Con zapatos sencillos, un short y playera del Partido Verde aparece de mano con su hija de dos años, quien en pañal, camiseta y descalza come una manzana; se fueron de su país por la falta de trabajo, porque no alcanza para comer y la violencia cada vez es más fuerte debido a las pandillas.

Detrás de ellos los familiares descansan y su sobrino Jair, de unos 12 años, cuida el negocio, sobre una lona extendida en el piso, fundas y silicones para celular de a 70 pesos, mientras los más pequeños juegan con un balón y corren alrededor del campamento. No han padecido hambre ni sed como refieren ellos mismos.

centroamericanos

Dentro de las carpas, hay zona de comida que reparte las dependencias en platos de unicel, unidades de atención médica y una zona de colchonetas donde se alistan los migrantes; Henry José Juárez, de 16 años, viene de El Salvador de pants y playera blanca pasea por la zona sonriente y cuenta que se fue de su país por la violencia y discriminación.

Tiene mes y medio de salir de casa sin ver a su esposa e hijo de dos meses y se unió a la caravana en Tapachula, Chiapas. Soñador espera partir para Guanajuato y al llegar a Tijuana pasar a Estados Unidos para trabajar y más tarde llevarse a su familia pese a las trabas que ponga el presidente de ese país Donald Trump.

Ante los preparativos para pasar la noche, historias como esas abundan en las carpas para los migrantes que algunos definen más que caravana como éxodo, las cifras varían, al sur llegaron el mes pasado cerca de 7 mil personas y arribaron a la Ciudad de México unos 5 mil, quienes partieron rumbo a Querétaro.

Mientras tanto, entre los más de 300 que se albergan en San Juan del Río, chicos y grandes juegan futbol, baraja, acomodan las colchonetas y se preparan para dormir y a las cinco de la mañana de este domingo partir al estadio Corregidora a reunirse con los demás y continuar paso firme rumbo al norte, luego de cinco días en la Ciudad de México.

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