Este primero de julio los mexicanos y las mexicanas mayores de 18 años debemos ir a votar sin pretexto: “Todos son iguales”, “para que ir a votar si siempre es lo mismo”, “ya sabemos quién va a ganar”, y más. Estas elecciones son muy importantes, pues al igual que en 1988, está en el imaginario colectivo un posible fraude electoral. Existen diversos grupos de observadores electorales por todo el país que al igual que en aquellos años, muchos creemos que debemos de cuidar la elección y evitar que el voto duro, el acarreo o trampas “innovadoras” de algún partido den como resultado algo diferente a lo que la sociedad decida.
Este primero de julio es la culminación de las campañas electorales y desafortunadamente, fuera de como lo marca la ley, los partidos no están inactivos; contrariamente viene el día más importante en una campaña electoral el día “D” (el día de la elección), ese día es el más dinámico para los partidos, pues hay que “recordarle” a sus militantes que voten, ya sea por teléfono o hasta proporcionarles transporte, comidas, dinero, tarjetas, lo que sea necesario para que ese día se concrete el voto a ese partido.
Ese día me parece surrealista, pues todo mundo sabe que los partidos están activos, pero todo ese movimiento está fuera de la ley, así que todo es de manera secreta. Es válido señalar que hay partidos con más estructura y mañas para “operar ese día”, cabe señalar que el partido que siempre me ha sorprendido por su capacidad inventiva es el PRI.
Para que esos “militantes” vayan a votar, el partido ya trabajó de manera previa, ya sea condicionando o generando expectativas de una ayuda social o hasta amenazando con quitar el trabajo. Esas prácticas que desafortunadamente están arraigadas en la cultura de los partidos políticos son otra de las barreras que no permiten un voto democrático, consciente, que no permite que las elecciones en México sean una rendición de cuentas del gobierno saliente. Pero esa situación no solo es culpa de los partidos políticos, sino también de instituciones como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación o la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade), que han permitido y hasta apoyado esas prácticas autoritarias clientelares y en algunos casos corporativas.
Uno de los temas que llamó mi atención en esa cultura de la compra y coacción del voto es que el Instituto Nacional Electoral (INE) no prohibió la tarjeta de ingreso básico universal que reparte la coalición Por México al Frente, y su candidato Ricardo Anaya; pero lo que más me sorprendió es que esa decisión está basada en una resolución del tribunal electoral en un caso de 2017 contra el candidato para gobernador de Coahuila Miguel Ángel Riquelme Solís, de la coalición Por un Coahuila Seguro, en donde después de haber sido denunciado por la entrega de tarjetas con la promesa de que sí ganaba se les pondría dinero, la sala Monterrey argumentó: “Ha sido criterio de esta sala superior que la propaganda electoral, por una parte, tiene el propósito de captar adeptos, lo cual es lo ordinario al presentarse ante la ciudadanía las candidaturas y programas electorales con la finalidad de obtener el mayor número de votos, y por otra, también busca reducir el número de adeptos, simpatizantes o votos de los otros partidos políticos que intervienen en la contienda electoral. Con los elementos apuntados, esta sala superior considera en el particular que el gasto realizado –por la entrega de tarjetas–, sí cumple con los fines de la propaganda electoral y, en tal virtud, la utilización del financiamiento público de campaña, cumple con los fines para los cuales fue entregado”, (Expediente SUP-RAP-202/2017). En concreto, ¡es legal manipular el voto!, por lo que más de un partido aprovechará esa oportunidad.
Ante esa resolución, me entran dudas ¿los magistrados son inocentes o están comprados por el sistema?, por lo que hemos vivido estos últimos años, es claro que es la segunda opción y es clara la poca división de poderes en México y la utilización de las instituciones de justicia. Es muy penoso que nuestras instituciones que están para velar por el voto transparente, democrático y libre de manipulación, solapen prácticas contrarias a ese fin.
Así que este primero de julio, lo que veremos el día de la elección son temas del pasado, compra del voto y, lo peor, una expectativa económica a futuro, –que como ya se ha visto con el caso de la tarjeta Rosa con Alfredo del Mazo, no se han cumplido–. Por tanto, como ciudadanos debemos trabajar para que ese tipo de situaciones no permeen en la sociedad y esta se dé cuenta de la manipulación que pretenden lograr los partidos políticos para conseguir un voto, así que estemos muy atentos el día de la elección y promovamos un voto basado en quiénes son los candidatos, qué han hecho en su vida política, cuál es su programa de gobierno.

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