La política exterior de Alemania se clarifica conforme se profundiza la rivalidad geoestratégica de Estados Unidos (EU) contra el binomio de Rusia y China, impugnados de “competidores” por la otrora unipolaridad decadente de EU, como manifestó el secretario del Pentágono, James Mad Dog Mattis.
Hace un mes abordé que Alemania aceleraba su acercamiento con China y, quizá, en forma subrepticia con Rusia, con base en el “trascendental discurso del ministro alemán de Relaciones Exteriores y vicecanciller, Sigmar Gabriel (SG), en el Foro de Política Exterior de la Fundación Körber, de Berlín”, donde “exhortó alejarse de EU e iniciar una política de superpotencia para Alemania basada en sus intereses”.
Europa ya sabe lo que le espera de parte de la anglósfera, especificamente de Gran Bretaña, que ha declarado la tercera guerra mundial a Alemania a lo largo de un poco más de un siglo, esta vez mediante su perfidia geoeconómica y de disrupción centrífuga: desde su Brexit (destinado a socavar las entrañas europeas) hasta la ominosa advertencia de balcanización que le procura el agente nortrasatlántico y megaespeculador israelí-húngaro-estadunidense George Soros.
En medio de las negociaciones para integrar un gobierno de coalición con mayor visión europea entre el partido de la Unión Democracia Cristiana de la canciller Angela Merkel y el Partido Socialdemócrata, en una entrevista con Der Spiegel, Sigmar Gabriel expuso que el vacío que deja EU en el mundo está siendo llenado por Rusia y China.
Llama la atención la taxonomía “tripolar” del mundo entre EU/Rusia/China, por el encargado de la política exterior de Alemania, máxima potencia geoeconómica de Europa, prácticamente empatada con Rusia, pese a las asfixiantes “sanciones” de “Occidente (whatever that means)”, según la medición del PIB por su poder adquisitivo, de la CIA.
Der Spiegel titula la entrevista con una pregunta alusiva: “¿Qué sucederá cuando EU se retire?”
Se infiere que el retiro de EU se centra en Europa y en otros teatros de batalla, debido al mantra del nacionalismo supremacista económico de Trump: “EU primero”.
Como sinopsis de la entrevista, Der Spiegel subtitula que “Sigmar Gabriel urge (sic) a Alemania mostrar mayor atención al futuro de la Unión Europea (UE): advierte que no existen vacíos en la política internacional y que cuando EU se retire, Rusia y China irrumpirán”. Siempre emerge la medición “tripolar” geoestratégica de Gabriel.
De aquí a 10 años, a juicio de Sigmar Gabriel, “la política alemana será parte de una política exterior europea, ya que aun un país poderoso como Alemania no tendrá una voz en el mundo si no es parte de una voz europea”.
Mientras la saliente canciller Angela Merkel, acorralada por la extrema derecha en las recientes elecciones, se encontraba en cuarentena funcional, ha sido el presidente francés, Emmanuel Macron, a quien le correspondió llevar la “voz europea” desde Gran Bretaña hasta su asombroso periplo a China.
Para Sigmar Gabriel los temas nodales de la política exterior europea deben definir no sólo los valores, sino también los intereses en los que Europa ha sido “débil”.
Sin abandonar los valores de “libertad, democracia y derechos humanos, Gabriel adopta la posición del politólogo Hertfried Münkler: “si solamente se adoptan posturas normativas, y se enfoca únicamente en valores, no habrá éxito en un mundo donde los otros prosiguen implacablemente (sic) sus intereses. En mundo saturado de carnívoros, los vegetarianos sufren severos momentos”.
A la crítica de Der Spiegel de que tal postura de “dureza política” no le ha servido de lección a Alemania, Gabriel comenta que en el pasado Alemania “dependía de los franceses, los británicos (sic) y, en especial, de los estadunidenses para afirmar sus intereses en el mundo”, pese a que Alemania “siempre (sic) criticó a EU de ser el policía global, eso convenía” a Berlín. “No existe tal cosa que sea el vacío en política internacional” y ahora que “EU se retira, otras potencias inmediatamente marchan en su lugar. En Siria, son Rusia e Irán (¡supersic!). En política comercial es China”, mientras Alemania “no consigue nada, ni la diseminación de los valores europeos ni el avance de sus intereses”.
Una notoria aclaración es que “Europa no se puede defender sola (sic) sin EU, aun si las estructuras europeas fueran fortalecidas”. ¡Pues vaya drama tan determinista!
Alemania, en particular, y Europa se hicieron umbilicalmente demasiado dependientes de EU que hoy, en la etapa de Trump, los amenaza con abandonar a la OTAN cuando todo el noratlantismo naufraga desde el Brexit hasta el trumpismo que irrumpieron en los dos países nucleares de la anglósfera.
Sigmar Gabriel invoca que no hay que subestimar que “Alemania depende de su fortaleza económica”, pero también “es cierto que Moscú, Pekín y Washington (nótese la secuencia) tienen una cosa en común: no valoran para nada a la UE. La ignoran”.
Der Spiegel replica que la visión sobre la Alemania de Gabriel, con un “pacifismo” diferente a 70 años atrás, es “muy idílica”, mientras “Europa no parece muy robusta”.
Gabriel admite que el “estilo autoritario de la política ahora penetra en el mundo occidental, cuyo distintivo común es que coloca sus intereses nacionales por encima de la comunidad internacional”. Pero, ¿cuándo no? ¿No ha sido siempre la cantaleta de EU, antes y con Trump, su “interés nacional”, de corte belicista?
Para Gabriel el mundo vive “una era de competencia entre países democráticos y países autoritarios” cuando estos últimos “han empezado ya a ganar influencia en la UE y a dividirla”. ¡Qué dicotomía más simplista!
Acepta que en Europa “el desempleo juvenil es todavía muy elevado, sin haber resuelto el problema de las divisas” cuando “las condiciones de vida se apartan”, por lo que los críticos fustigan que “Europa se basa en un modelo anticuado”.
Se pregunta la razón por la cual “Europa no construye infraestructura en lugar de dejársela a los chinos” y “no haya tenido éxito en promover el desarrollo económico de los vecinos en los Balcanes, en lugar de ceder (sic) esos países a la creciente influencia rusa”.
En el mundo inconfortable de hoy Europa no puede más sentarse atrás y esperar a EU”.
En forma implícita, Gabriel percibe la tripolaridad (China/Rusia/EU) del planeta, sin Europa, en su fase presente.
Confiesa que la “verdad” es que ha existido “una Europa de varios carriles con diferentes objetivos”, en especial, entre su parte occidental y
oriental.
En la parte oriental europea, “China gana en forma continua mayor influencia”, debido a que “es el único (sic) país del mundo que tiene una real estrategia geopolítica”. Exagera porque también Rusia la tiene.
Gabriel admite que fue un “error” el centrismo economicista alemán –más bien ultrafinancierismo monetarista– del ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, que descarriló la visión europea.
La exitosa fórmula del bautizo europeo entre el general De Gaulle y el canciller Adenauer sirve de inspiración a la superviviente colaboración de Macron y Merkel bajo el espíritu unificador de Carlomagno de hace 14 siglos.

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