Ricardo Raúl
Baptista González

Exalcalde de Tula

*Reforma laboral fallida.
*Derecho de huelga en
peligro de extinción.

En más de 180 países del orbe y en México se conmemoró el primero de mayo el Día Internacional de los Trabajadores, que de manera combativa y reivindicando como siempre viejas demandas que las empresas de todo el mundo y sus gobiernos como siempre les incumplen, hoy más que nunca por las políticas neoliberales que han acentuado la desigualdad, mayor pobreza y acrecentado de manera escandalosa la riqueza de unos cuantos que ponen en riesgo la estabilidad de muchos países.
El sindicalismo en México, desde antes del estallido de la Revolución mexicana, fue tomando un papel protagónico que ha contribuido a los cambios políticos y sociales que se han dado, desde las huelgas de Cananea en Sonora, Río Blanco en Veracruz, los hermanos Flores Magón, del Sindicato Mexicano de Electricistas, los trabajadores antes y después de la expropiación petrolera, también las de finales de la década de 1950 de telegrafistas, ferrocarrileros y del magisterio, donde muchas de esas luchas reivindicativas se tornaron en movimientos sociales que defendían no solamente sus demandas económicas y contractuales, sino también la de cambios políticos y democráticos que terminaron siempre con la represión gubernamental causando muertos, heridos y encarcelamiento como los de Demetrio Vallejo, Valentín Campa, Othón Salazar y muchos más, acusándolos siempre de socialistas y comunistas.
En la década de 1960 el paro de médicos residentes cimbró al gobierno del dictador Díaz Ordaz, pues el movimiento se extendió a 59 hospitales de la capital y a 48 de diversos estados, cuyas peticiones eran mejorar sus pésimas condiciones de trabajo y buscar crear un sindicato autónomo; el movimiento fue reprimido brutalmente, como también lo fue el movimiento estudiantil de 1968, que fue el catalizador del descontento ciudadano en contra de la falta de libertades, de la mala calidad de la educación, la libertad de los presos políticos, contra las leyes –que como hoy criminalizaban la protesta social y la libertad de expresión– que culminó en la matanza de Tlatelolco, siendo ésta una de las páginas más negras de la historia de los gobiernos del PRI, a la que tres años más tarde se sumaría la criminal represión del primero de junio en el Casco de Santo Tomás y la Escuela Normal de Maestros.
En la historia reciente, los últimos 45 años han sido de igual represión a todo movimiento sindicalista democrático e independiente. Ahí está la lucha de los empleados bancarios en 1972, que formaron su sindicato nacional (SNEICOA); quienes participaron fueron reprimidos, perseguidos y despedidos por los banqueros con la complacencia del gobierno priista del criminal Luis Echeverría Álvarez. La huelga de los peloteros profesionales de la Liga Mexicana que se organizaron en la Asociación Nacional de Beisbolistas (Anabe), quienes también fueron despedidos por atreverse a tal osadía. De igual modo, los intentos del líder Rafael Galván y la tendencia democrática por sanear el Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM), quienes también perdieron sus fuentes de trabajo y muchas otras huelgas como la SPICER y los trabajadores de Refrescos Pascual, a quienes reprimieron matándolos.
Los gobiernos panistas de Fox y Calderón no solo no trajeron la consolidación de la democracia y la alternancia en el poder, sino que con sus programas de corte neoliberal favorecieron a las grandes empresas mineras, energéticas, de industria y otras, con su política de contención de las luchas de los trabajadores, transando igual con los sindicatos charros y corruptos de la CTM, la CROC, la SNTE, la FTSE y muchas más agrupadas en el Congreso del Trabajo; para muestra está la desaparición de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, hace ya ocho años, acción que sirvió para golpear directamente a los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), donde perdieron su empleo más de 60 mil personas; tampoco podemos olvidar el golpe contra los trabajadores de Mexicana de Aviación, donde personas perdieron su fuente de trabajo y sus pensiones, y como han hecho una guerra feroz contra el Sindicato Minero encabezado por Napoleón Gómez Urrutia, quien encabeza la defensa de sus contratos colectivos, y lo más lamentable: la muerte de los mineros de Pasta de Conchos en Coahuila, quienes a la fecha siguen sepultados en la mina, acción criminal encabezada por la empresa y la permisibilidad y pasividad del gobierno de Calderón.
El regreso del PRI al gobierno federal en 2012 ha sido igual de dañino que los del PAN, su reforma laboral y educativa fueron un golpe directo a los trabajadores de la educación, que fue rechazado por la combativa Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), incluidos miles de docentes del sindicato oficial, el SNTE. Esta reforma ofreció favorecer el acceso al mercado laboral y la creación de millones de empleos para los jóvenes, la transparencia y democracia sindical, mayor vigilancia y justicia laboral, fortalecer la equidad de género e inclusión y hoy lo que se vive es otra realidad: la precarización del trabajo, los contratos a modo para favorecer los intereses de los patrones, la proliferación del llamado out sourcing para evadir la responsabilidad patronal y justificar la falta de prestaciones a los trabajadores, entre otras muchas cosas, demostrando así que esta reforma es también un gran fracaso.
Hoy todos los indicadores conocidos dicen que las condiciones laborales de los compatriotas está peor, pues los salarios son bajísimos, las jornadas se han extendido de horario sin pago extra, las exigencias de experiencia para los jóvenes son ridículas, la falta de prestaciones es una constante, los profesionistas no encuentran empleo y todo esto lleva su precarización.
Es una burla que las autoridades federales y estatales digan que casi no han estallado huelgas en el país, ¿cómo va a pasar eso?, si las leyes y las juntas laborales están a favor de los patrones y los sindicatos charros, amén de que los contratos colectivos de protección que hay a lo largo del país son impedimento para el ejercicio de este derecho constitucional.
El derecho de huelga –consagrado en la Constitución– hoy es letra muerta, igual que la democracia sindical con estos gobiernos; habría que aplicarle a Peña Nieto y cómplices esa máxima que en las pancartas enarbolan los trabajadores: “salario mínimo al presidente para que vea lo que se siente”, a ver si con el salario mínimo diario de 80 pesos puede comprarse otra Casa Blanca.

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