Hoy en día, muchos piensan que la peor amenaza para la humanidad es el coronavirus; un tema de salud con repercusiones económicas bastante serias. Conforme se va superando el alto impacto a la salud, los gobiernos comienzan a implementar estrategias para reactivar sus economías, a la par de eso, las personas están buscando la manera de recuperar su paz mental, de encontrarse consigo mismos y conseguir la sanación espiritual, pero, ¿dónde queda el ambiente? en enésimo plano después de las elecciones, equidad de género e inclusión, olimpiadas, fútbol, fiestas y espectáculos.

“La infección por coronavirus es la amenaza más urgente a la que se enfrenta la humanidad hoy en día, pero no podemos olvidar que el cambio climático es la mayor amenaza a la que se enfrenta la humanidad a largo plazo…” afirman los miembros de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés).

Voy a hacer una pausa para dar un marco teórico, la UNFCCC pretende establecer líneas de acción para intentar frenar el cambio climático, situación que ya es considerada como inevitable, pretende también establecer estrategias para el aprovechamiento de los recursos y crear economías ecológicamente sustentables. Es decir, estrategias para utilizar mejor los recursos naturales, contaminando menos, para que los diversos ecosistemas, sanen solos y con ello garantizar nuestra supervivencia como especie, ya que como humanidad, no podemos regenerar el ambiente, solo podemos dejar de enfermarlo con nuestra contaminación.

Fue establecido en 1992 y entró en vigor en 1994, ha establecido diversos protocolos como el de Kioto en 1997 y tratados como el de Paris en 2015, este último, considerado como el primer acuerdo legalmente vinculante en relación al cambio climático con el objetivo de limitar el calentamiento global a solo 2 grados. México forma parte de ese marco, pero no de una manera trascendente ya que, al no ser un país desarrollado, como prácticamente todo América latina, África y medio continente asiático, no contribuye a la generación de nuevas tecnologías ni estrategias para combatir el cambio climático, como lo son las “partes anexadas” ( toda Europa y la mitad norte del continente asiático) sino que su participación se limita a aplicar los consejos y recomendaciones de los países más desarrollados en su propio territorio.

Se reúne todos los años desde 1995 en lo que los medios han llamado “La cumbre del clima”. Que realmente se llama “Conferencia de las partes”, de la cual México fue sede en 2010. Se abrevia COP por sus siglas en inglés y este año se celebraría la 26 edición.

En fin, volvamos al punto, el combate contra el coronavirus ha generado que la ecología pase a enésimo plano. A nivel mundial se ha pospuesto la COP; en Europa, se han desviado los fondos para la aplicación del pacto verde europeo para poder atender la emergencia sanitaria y económica, y en México… ¡bien, gracias! La verdad no había ningún programa en grande.

Mientras que en otros países, se plantean estrategias de solución y leyes ambientales enérgicas, aquí solo hemos llegado al Acuerdo nacional para la nueva economía del plástico en México, promulgado en diciembre de 2019, el cual ha sido severamente criticado por organizaciones ambientalistas nacionales e internacionales al considerarlo permisivo, voluntario y que no cambia nada.

Es criticado, entre otras cosas porque solo invita a las empresas productoras de plástico a lograr tasas de reciclaje de 30 por ciento para el 2030, cuando en España, se supone que ya iban a estar prohibidos los plásticos de un solo uso a partir del 2021, meta que se va a posponer por el coronavirus. Se dice también que el acuerdo está enfocado al manejo de los residuos plásticos post- consumo, pero que debido a que se tiene la capacidad técnica, reciclar no es suficiente, hay que dejar de producirlos. Situación que no favorece a dicha industria, a la cual acusan de estar vinculada con el Senado, para preservar sus ganancias sin dejar de contaminar.

Pero en fin, vamos a nuestra simple realidad, la vida cotidiana, ahora que estamos en contingencia, es obligatorio el uso de cubrebocas en espacios públicos, lo cual ha hecho que miles de millones de personas en el mundo estén utilizando cubre bocas desechables diariamente. Cuando salimos a la calle también utilizamos otros artículos sanitarios de un solo uso como guantes, botellitas de gel antibacterial y toallitas desinfectantes. También se ha incrementado el consumo de botellas de agua, recipientes para enviar comida a domicilio y bolsas de plástico que muchos no reutilizan por el miedo a contagiarse ya que se ha dicho que el virus puede vivir en el plástico por dos o tres días.

En diversos noticieros y periódicos de todo el mundo, incluyendo los nacionales, se ha reportado la presencia de cubrebocas, guantes y mascarillas en ríos, lagos y mares, así como en las calles de todas las ciudades.

¿Qué nos espera con este regreso a la “nueva normalidad”?. Lo platicaremos en la siguiente entrega de “Chaneke Verde”.

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