La novela de Gabriel García Márquez Crónica de una muerte anunciada lleva tal nombre por sus rasgos de narrativa periodística y porque, en efecto, el desenlace se revela en el primer párrafo del relato. Dicho de otro modo, uno sabe perfectamente desde el principio lo que ocurrirá con el protagonista.
La historia de Juan Carlos Osorio, como la de Santiago Nasar, es de un hombre condenado a perecer, víctima de su propia persona y su circunstancia. Antes del Mundial de Rusia, nadie quería al colombiano como estratega del Tri. Si bien se logró la clasificación más cómoda en mucho tiempo, el pueblo mexicano es el vivo ejemplo del aforismo coloquial “viva el rey, muera el rey”.

Solo el tiempo nos dirá si será recordado por el 7-0 frente a Chile o por el 1-0 contra Alemania en un país con tendencia natural al victimismo. No obstante, el siempre riguroso y analítico –por no decir inquisidor y hostil– periodismo deportivo se divide en dos vertientes. Por un lado, encontramos a los que defienden al ahora exentrenador con base en las estadísticas. Los números de Osorio, hay que decirlo, son envidiables: tan solo 10 derrotas en 52 juegos, lo que representa un 63 por ciento de efectividad.
Por otra parte, los que dejaron la calculadora en la secundaria y son de criterio más cualitativo y visceral, tendrán en cuenta que los partidos perdidos representaron la eliminación en las competencias correspondientes. Chile, Alemania en Confederaciones, Jamaica y Brasil fueron los verdaderos verdugos del llamado Sabio Mayor ante los ojos de la opinión pública, y son estos mismos resultados los que dejan la sensación más amarga: siendo estrictos, no se logró absolutamente nada.

Juan Carlos Osorio se va, tal como todo México esperaba antes de la hazaña en territorio ruso ante los germanos. El evangelista de las rotaciones manejó un futbol impredecible y variado, pero siempre con táctica, planteamiento y un profundo estudio previo del rival. Nadie podrá recriminarle al colombiano falta de preparación.
Lo cierto es que, regresando a las posturas de análisis, México sigue sin trascender en competencias internacionales, lo cual debería ser el objetivo primordial para los hombres de pantalón largo. Entre que son peras y son manzanas, alguien tiene que ser el sacrificado cuya muerte, por más que es anticipada, no puede ser evitada. Eso sí: México sigue sin pensar en proyectos a largo plazo. Nos gusta lo inmediato, pero no llega.

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