Aristóteles acuñó el concepto zoon politikón (animal político) para defender la idea de que los seres humanos están diseñados para vivir en sociedades estructuradas de manera cívica y política. Ser social es ser consciente del papel de uno mismo para con los otros. Por eso, cuando Lionel Messi apreció que su papel como capitán del FC Barcelona había expirado decidió marcharse.

La Pulga es cada vez más vocal con lo que le preocupa, incomoda y lastima. El Messi político ha refrendado su papel como jugador-Estado que ejerce su poder a conveniencia de su entorno, no solo de él mismo. Leo no es el cachorro que corre hipnotizado por la pelota como muchos creen; es un tipo obsesionado con ganar y hacer ganar a otros.

Quizá no a la altura de Michael Jordan o Cristiano Ronaldo, cuya disciplina mental raya en la locura, pero sí lo suficiente como para levantar la voz y asestar golpes de realidad sobre su club y su selección. Lo advirtió y no lo escucharon. Lo hicieron el paladín blaugrana, pero no le dieron escudería. Al final, no pudo más con el lastre de no contar con un proyecto deportivo que lo ayudara a conquistar la Liga de Campeones, su trofeo fetiche.

Inevitablemente, su imagen ha sido dañada por los 10 días de zozobra en los que sumió al mundo del balompié. Messi presume su amor por el Barça, pero denuncia que este, específicamente su presidente, no le corresponde. “Es un caos”, dice. Para evitar la batalla legal, y tal como Jordan, Leo tendrá la oportunidad de un Último baile.

El hijo pródigo de Rosario permanecerá en Cataluña al menos una temporada más, como hacen los matrimonios rotos unidos solo por los hijos. El barcelonismo no estaba listo para la orfandad de perder a su patriarca, pero tampoco soportará un nuevo cataclismo como los de Roma, Liverpool o Lisboa. La moral culé es tan endeble que, con o sin Bartomeu, el argentino será el responsable de encaminar la reconstrucción del equipo una última vez.

El Barça y Messi son entes indisociables: no se entiende uno sin el otro. Lionel es el santo patrón del club a nivel deportivo, mercadológico, institucional y mitológico. Tal como ocurrió con la selección argentina, el “10” tuvo una salida en falso que supone un regalo agridulce: la posibilidad de prepararse para el duelo de su inminente adiós. Como nos ha enseñado la pandemia, nada ni nadie, ni siquiera Messi, es eterno.

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