“El mundo de la política en nada se asemeja a los parvularios; en materia política, la obediencia y el apoyo son una misma cosa”
Hannah Arendt

La lucha por la democracia o la democratización de nuestras sociedades, el contar cada vez con más y más grados de libertad, ha sido la motivación fundamental de la vida política del país y del mundo occidental desde la década de 1940. Las aspiraciones democráticas son parte fundamental de nuestro ADN político, es una marca distintiva de nuestro genoma político y en nombre de ella se han realizado, como aspiración, importantes hazañas que han marcado nuestra historia política. Para todos los mexicanos olvidar el 2 de octubre de 1968 es imposible, los anhelos y sueños democráticos de muchos jóvenes se truncaron ese día, pero al mismo tiempo se abrió una nueva etapa en la historia del país, donde la construcción de la democracia ha ocupado un lugar preferente en el quehacer político y, sin lugar a dudas, sigue teniendo un gran impacto sobre las acciones políticas de todos los grupos de la sociedad mexicana.

Hoy somos más democráticos que hace 40 años; nuestra sociedad ha cambiado en importantes niveles de profundidad, haciéndonos un país más justo y equitativo. Faltan mejorar muchas cosas y situaciones cotidianas que no son todo lo democráticas que quisiéramos, pero entre todos estamos dispuestos a cambiarlas y transformarlas en lo que sea necesario. Pero mientras la mayoría de los mexicanos pensamos que podemos seguir avanzando y mejorando la situación general del país, hay actores y grupos políticos que han sido electos y apoyados por muchos ciudadanos que han confiado es su capacidad de liderato para empujar y cimentar sólidamente la sociedad que todos anhelamos, que se empeñan en utilizar nuestra aspiración de mayores grados de libertad como monedas de cambio y chantaje de sus intereses de grupo y, más lamentable todavía, intereses personales.

Estos eventos, que se han hecho invisibles de tanto repetirse, están colocando en duda la permanente lucha por la democracia, que es el motivo de nuestra acción política, en cada uno de los ciudadanos mexicanos. Necesitamos que nuestros políticos se comprometan a salvar la democracia, no pueden ser parte y cómplices de la derrota de la democracia. No es justo que nos arrebaten el sueño de imaginar un México mejor, queremos el cambio y vivir en democracia.

Sabemos que cualquier democracia es mucho más que los procesos de elección periódica, es una forma de vida que convoca a todos a respetar los mandatos de la ciudadanía, no podemos deformar a la democracia con acciones que violan los deseos de la mayoría. No es transparente que se distorsione, ni ayuda a la vida democrática del país que un proceso administrativo, la Ley Orgánica del Congreso de Hidalgo, tergiverse el mandato de la ciudadanía en el sentido que le daría el control de la junta de gobierno a una minoría que representa a una minoría de los ciudadanos, tampoco ayuda que intenten justificar dicha acción como un principio democrático, ya que logramos que las minorías tengan presencia cuando sabemos que dichos diputados tienen un escaño, pueden participar en las sesiones ordinarias y en las comisiones que gusten involucrarse, es decir, tienen espacios apropiados para actuar de acuerdo al mandato de sus representados. Menos se entiende que diputados pertenecientes a la fracción mayoritaria estén de acuerdo en falsear la voluntad de la ciudadanía, en sus enredos administrativos y burocráticos, los ciudadanos esperan que la fracción mayoritaria sustente el proyecto de cambio del estado de Hidalgo y todos los diputados deben respetar el compromiso con la democracia, fortalecerla y consolidarla, no colocarla en peligro y en manos de quien busca obtener beneficios a pesar del voto ciudadano mayoritario por una fuerza de oposición, si así no fuera los ciudadanos tienen un proceso de elección para actuar en consecuencia, “la obediencia y el apoyo son una misma cosa”. La democracia no se olvida.

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