El efecto Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en las elecciones del pasado domingo primero de julio fue para el Partido Revolucionario Institucional (PRI) como el meteorito que acabó con los dinosaurios hace millones de años, ya que prácticamente “borró” del mapa político-electoral al partido tricolor, mismo que vive una estrepitosa debacle y es posible que ya no pueda recuperarse de la mortal herida que le aplicó mayoritariamente el pueblo de México.

En el caso de Hidalgo, los electores no solamente le propinaron al PRI y a sus candidatos una violenta bofetada, sino que prácticamente lo desahuciaron al arrebatarle el control sobre el Congreso estatal, mejor dicho, sobre el presupuesto público que los gobiernos estatales priistas manejaron y dispusieron a su libre arbitrio a lo largo de más de 80 años.
Los “comentócratas oficiali$tas”, esos que han vivido con cargo a los impuestos de todos los ciudadanos exigen a lo que queda del PRI que se castigue sin piedad a los responsables de la debacle, que se les queme en leña verde por atentar contra la comodidad y privilegios que gozaron durante décadas a costa del empobrecimiento de los hidalguenses.

A esos “sesudos” opinadores oficiales se les olvida o simplemente se niegan a ver la realidad: los hidalguenses estaban hasta la madre de tanta transa, de impunes “pellizcos” a las arcas estatales, de arbitrariedades de los poderosos, de despojos contra el pueblo, de simulación, de soberbia, de políticos clasistas, de una desigualdad aberrante, de atropellos, de ausencia de justicia, de abusos, de casas blancas, de estafas maestras y de millonarios desvíos.

Esas son las causas que ocasionaron la apabullante derrota del priismo en Hidalgo por parte de ciudadanos cansados de promesas huecas, de su utilización electoral, de engaños permanentes, de subordinación obligada a los intereses de los hombres del poder, de solamente ver cómo se enriquecían unos cuantos mientras la gran mayoría se sumía en la pobreza.
Después del masivo respaldo ciudadano a los candidatos del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) en las urnas, corresponde a estos, desde el mismo Andrés Manuel López Obrador hasta los diputados locales electos, no fallarle a la gente, sino hacer un trabajo en favor de esta, que en realidad se note el cambio en los servicios públicos, en la seguridad, en más y mejores empleos, en salarios suficientes y decorosos, en suma, en mayor bienestar social y económico para la población.

Ahora que el PRI perdió la mayoría en el Congreso estatal, seguro estoy que se reflejará el cambio en Hidalgo, porque entre sus próximos integrantes existe sensibilidad, talento, capacidad e inteligencia para atender de manera prioritaria las necesidades de la gente, de esa que votó masivamente a favor de ellos para lograr un cambio real en Hidalgo.

El grupo de los “pensantes” demostrará claramente que las cosas pueden cambiar para el bienestar colectivo, que el recurso público si se invierte de manera adecuada e inteligente, producirá buenos resultados para todos, ya que durante los más de 80 años de gobiernos priistas, simplemente los dineros del pueblo sirvieron para el enriquecimiento impúdico de un grupo de caciques, los cuales hoy fueron arrasados por el “tsunami López Obrador”.

Los ciudadanos dieron un gran paso al despojar al PRI-gobierno del control absoluto del Congreso estatal, ahora corresponde a los diputados electos de Morena cumplir sus compromisos de campaña, reorientar el gasto público en beneficio del pueblo, vigilar que el titular del Poder Ejecutivo no dé “pellizcos” al presupuesto y que los recursos se apliquen correctamente, si lo hacen estaremos presenciando el aniquilamiento del priismo hidalguense, responsable directo del atraso que vive Hidalgo y sus habitantes.

El bastión priista en Hidalgo hoy es un mito por decisión mayoritaria de los ciudadanos, quienes ya se empoderaron y saben bien que en democracia el pueblo pone y el pueblo quita, así que ahora vienen mejores tiempos para los hidalguenses porque se acabó el lastre de la mayoría legislativa priista, para dar paso a la alternancia política en el Congreso, dando lugar a un real contrapeso al Poder Ejecutivo, como siempre debió ocurrir para beneficio del pueblo y de Hidalgo.

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