Como ocurre en Tultepec, municipio mexiquense cuya población se dedica a la producción de pirotecnia, en Santiago de Anaya se han vuelto frecuentes los accidentes que tienen que ver con el manejo de pólvora, lugares que son conocidos coloquialmente como polvorines.

La mañana de ayer fue registrada una explosión en un taller de pirotecnia en Santiago de Anaya, que dejó un saldo de tres personas fallecidas. Pero apenas en julio hubo otro incidente similar que se registró en ese mismo municipio y que dejó como saldo una persona sin vida. El de ayer sucedió en la localidad La Blanca, cuyos pobladores bloquearon el acceso al lugar del siniestro tanto a personal de servicios de emergencia como a reporteros que acudieron a registrar lo que había ocurrido.

Según información extraoficial, los pobladores impidieron el paso tanto a cuerpos de emergencia como medios de comunicación para evitar que se conociera el estado en que operan los talleres de pirotecnia de la zona, pues estos funcionan en la clandestinidad con el riesgo de que sean clausurados. Incluso, y para borrar cualquier registro de los hechos, algunos periodistas fueron agredidos por los propios pobladores, quienes les quitaron algunos dispositivos en los que guardaban las imágenes que recién habían recogido.

El funcionamiento de talleres de pirotecnia clandestinos en Santiago de Anaya es una bomba de tiempo que debe ser desactivada por autoridades tanto estatales como federales. El material que ahí se maneja resulta un grave riesgo para toda la población. Aunque también se entiende que esa actividad significa el sostén de decenas de familias. De filón. Resulta urgente el plan para rescatar a la región de Tula de los altos índices de contaminación que resiste.

Esto porque ayer de nueva cuenta la región Tula-Tepeji encendió sus alertas por presencia de contaminantes.

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