“Pero cuando nosotras, mujeres, queremos alcanzar nuestro objetivo, debemos creer en nosotras mismas. Debemos sentir una responsabilidad personal de allanar el camino a quienes vienen detrás” Rosalyn Sissman YaloW Cuán importante es la ciencia desde siempre, ella, invariablemente estará presente en la vida de los seres humanos para su beneficio; día a día surgen nuevos y novedosos descubrimientos y todos, son para ayuda de la humanidad y pensar que hubo un momento y época que no se tuvo al alcance esa bella magia.

Recordemos al oscurantismo, período comprendido por la edad media, se dice oscurantismo porque el poder se centraba únicamente en la iglesia y esta no permitió que salieran los estudios científicos a la luz en virtud de que se atentaba con su poder; este se inicia con la caída del imperio romano de Occidente primeramente y tiempo después con la caída del imperio romano de Oriente, representó la opresión de la iglesia con la Santa Inquisición hacia todo lo que consideraban que transgredía con sus leyes.

Fue la oscuridad de la mente humana, ante la imposibilidad de cuestionar los dogmas religiosos, verdades absolutas que no admitían críticas ni prueba alguna. Época en que se produjo gran retroceso científico. Las personas que se atrevían a desobedecer el mandato, fueron condenadas por los tribunales de la Inquisición y su veredicto era por lo regular, quemarlos vivos en la plaza. Decían que la verdad científica no existía y la única verdad posible era la revelada por el creador. Todo estaba controlado por los clérigos, quienes no dejaban que algún descubrimiento saliera a la luz. Fue una época en la cual se imposibilitaba pensar libremente.

Terminó esa época gracias a la Ilustración, donde impera la razón ante las afirmaciones religiosas en la ciencia; la ciencia estaba cuestionada por la religión, pero los grandes pensadores como Locke y Newton explicaron la creación sin necesidad de la iglesia. Es así como se inicia el mundo de las luces, todas las investigaciones que se tenían ocultas salen a la luz. Desde ese momento, la ciencia hace presencia para beneficio de todo ser humano.

En esta ocasión la ciencia sigue presente para ayuda de la humanidad como siempre lo ha sido, con la ayuda de una talentosa mujer Sara Borrell Ruiz, quien nació en Madrid, España en 1917, en una familia de muy buena posición económica y perteneciente a lo mejor de la sociedad del momento, familia de ideales liberales; Sara fue amada por sus padres y abuela Clementina Albéniz, quien fue para su nieta un ejemplo a seguir, porque fue maestra de la Asociación de Enseñanza de la mujer, y fue quien más la apoyo.

A Sara se le permitió estudiar lo que le llamara la atención sin ejercer presión para que eligiera la profesión, pero el sistema educativo de su época tenía sus reglas y no pensaban igual, una de las reglas fue que no eran aceptadas las mujeres para estudiar la carrera de ingeniería agrónoma porque era exclusiva para los hombres, ella deseaba estudiar esa carrera, pero, la academia de la mencionada carrera en conjunto acordaron no admitirla por ese gran motivo, “ser mujer”.

Como siempre, en la historia nada es fortuito, es inevitable negar que no importando a que sociedad se pertenezca, a las mujeres no se les permitía tener acceso a muchas cosas y una de ellas era la de asistir a la escuela, esa fue una imposición por la misma sociedad en épocas específicas y aún en nuestros días a la mujer no se le permite estudiar ciertas profesiones aunque estén completamente aptas para estudiarlas, son reglas establecidas por las diferentes sociedades machistas.

El sexo femenino ha demostrado y lo sigue haciendo que tiene todas las capacidades para sobresalir en distintos ámbitos, se debe quitar la idea de que una mujer no puede. Se ha confirmado a través de la historia que la mujer no era exclusiva para el cuidado de la casa, esposo e hijos, quehaceres de la casa, estudiar recetas de cocina, tejer, etcétera, y se sigue manifestando que ella siempre fue aguerrida, ha tenido coraje y valentía para enfrentar los retos de demostrar que puede hacer ciencia igual que el hombre, al que le han dado crédito en todo.

Sara demostró con su inteligencia y valentía que podía y pudo hacerlo, una puerta se cerró para ella pero otra se abrió. Esta grandiosa mujer como otras grandes científicas fue una de las olvidadas por la historia. Se le ha considerado como una de las iniciadoras en la investigación de trabajos relacionados con el análisis y metabolismo de las hormonas esteroides y primera mujer experta en el metabolismo hormonal en España, por quien no fue reconocida, solamente sus amistades cercanas le hicieron reconocimiento a su gran labor como investigadora, caso contrario lo fue en el extranjero. Rechazó muchas oportunidades para seguir estudiando por estar en su país natal quien fue incompetente para galardonar su fuerte trabajo en la ciencia.

Es hasta 1933 que inició sus estudios universitarios, en la facultad de farmacia en Madrid, lugar donde fue aceptada, titulándose en 1940 con reconocimiento especial, continuó sus estudios y obtuvo el título de doctora en 1944, recibiendo también una condecoración extraordinaria. Qué pena que la academia de ingeniería agrónoma no la haya aceptado, porque ¡¡Qué gran ingeniera desaprovecharon!! Sara se especializó en las proteínas de la leche y le otorgaron una plaza permanente en 1949 como científica colaboradora del CSIC y en 1950 Gregorio Marañón la invitó para realizar estudios en bioquímica y el metabolismo de las hormonas, esto la hizo reaccionar sobre la importancia que tuvo el estudiar fuera de su país, por lo que por medio de becas trabajó en variados centros de investigación. De 1951 a 1952 se incorporó con Lesli J Harris en el Dunn Nutritional Laboratory of Cambridge, después con Ewards C Dodds quien obtuvo el Premio Nobel de Química en 1948 en el Courtauld Instituu of Chemestry del Middlesex Hiospital. (Tocino, 2015).

En 1953, trabajó con Gregory Pincus, quien fue uno de los inventores de la píldora anticonceptiva en la Worcester Fundation of Experimental Biology en Shrewbury.

De esa forma los trabajos que realizó se empezaron a conocer y reconocer en otros países. En 1952 publicó en la revista científica Nature. Sus trabajos fueron los primeros en el campo del análisis y metabolismo de hormonas esteroides; en 1963 se creó en el Instituto Gregorio Marañón la sección de esteroides y la nombraron directora.

Contando con 43 años como gran científica se jubiló sin recibir ningún reconocimiento por su adorada España, pero como maestra de la facultad dejó su herencia a muchos de sus alumnos que trabajaron con ella. Y la ciencia es así, se llevó sin misericordia alguna a la gran farmacéutica y bioquímica en 1999. Descanse.

Siempre se pensó que los únicos que lo podían lograr eran los hombres, en virtud de que las mujeres solo estaban para el cuidado de la casa, los niños y el esposo; que gran equivocación, esas bellas mujeres aún con muchos limitantes hicieron ciencia, investigaron y analizaron, descubriendo diferentes aspectos para beneficio del ser humano.

Esas mujeres son las que buscaron cambiar la historia, las que en su búsqueda lograron hacer el cambio en sus vidas, pero también son las mujeres que apostaron todo, para no dejar que las limitaciones que la sociedad les imponía, les pudieran impedir ser exitosas y diferentes.

Es así que, comienza ésta historia de ciencia, de la química y conocimientos que domaron el corazón de una mujer. Una mujer apasionada, de un temple firme e indiscutible, que se hizo leyenda. Ella tenía una gran afición: la química.

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