Juan Francisco Martínez y Octavio Hernández Alemán

El sarampión, una enfermedad causada por el virus del sarampión, únicamente afecta a los humanos y crece en las células de la laringe y faringe. Se transmite principalmente de persona a persona, por diseminación de gotitas de Flügge que todos producimos al hablar, toser o estornudar, y viajan a través del aire.

El virus es activo y contagioso durante periodos de hasta dos horas, y puede ser transmitido por un individuo infectado desde cuatro días antes hasta cuatro días después de la aparición de lesiones en la piel (exantema). El periodo de incubación del virus es de 10 días.

Primero se presenta un periodo prodrómico, es decir, síntomas que preceden a la enfermedad, que dura de dos a cuatro días, caracterizado por malestar general, fiebre, coriza, faringitis, conjuntivitis y tos; sin embargo, ese cuadro se asemeja a un resfriado común.

Alrededor del día 10 se presentan las manchas de Koplik, que son características del sarampión, las cuales consisten en manchas blanquecinas sobre un halo eritematoso en la mucosa bucal, con duración aproximada de siete días. Alrededor del día 14, se presenta el periodo exantemático; este consiste en la presencia de un exantema máculo papular eritematoso confluente, el cual aparecerá en orden descendente, de cabeza a pies.

Por lo general, primero afecta la parte posterior de las orejas y de ahí se disemina el exantema hacia la cara, tronco y extremidades. Entre el tercer y cuarto día, el exantema se vuelve color cobrizo y empieza a desaparecer en la misma dirección en que apareció, dejando una descamación fina. Ese periodo dura alrededor de siete días.

El diagnóstico no es meramente clínico, siempre debe ser apoyado por un diagnóstico epidemiológico, es decir, indagar sobre si el individuo infectado estuvo en contacto directo con el virus, ya sea porque viajó a una zona endémica de sarampión o por el contacto con alguien infectado; también se corroborará por una muestra de laboratorio especializada, por lo que al identificarse la infección deberá darse aviso a las autoridades de salud.

Dicha muestra debe ser tomada por personal capacitado y enviada al laboratorio estatal de salud pública, quien se encargará de analizarla y tras la obtención del resultado confirmar la infección por el virus. El tratamiento de esa enfermedad consistirá en la disminución de los síntomas, es decir, disminuir la fiebre con medios físicos (paños húmedos) y/o medicamentos, así como manejo de las molestias en piel, además de la administración de vitamina A en dosis altas, ya que su deficiencia aumenta el riesgo de complicaciones severas.

Las complicaciones de la enfermedad se dividen de acuerdo a su gravedad, que va de leve a severo, y puede afectar a la mayoría de los órganos, pero es más común el sistema nervioso y respiratorio.

Las complicaciones que pueden presentarse son de vías respiratorias, como neumonía, otitis media, laringitis y laringotraqueítis leve; sistema cardiaco miocarditis y pericarditis ocasional; sistema nerviosoencefalitis y panencefalitis esclerosante subaguda que es una enfermedad rara degenerativa debido a una infección persistente en el sistema nervioso central; aparece en promedio siete años después de haber padecido la enfermedad.

A pesar de que todos los grupos de edad pueden sufrir complicaciones graves, como neumonía o encefalitis, existen grupos etarios con alto riesgo de sufrir complicaciones severas, como los niños menores de cinco años, niños con deficiencia de vitamina A, adultos mayores de 20 años, mujeres embarazadas y las personas con el sistema inmunitario debilitado, como quienes padecen leucemia o portadores de VIH, motivo por el que la vacunación debe ser dirigida prioritariamente a ellos.

El sarampión, como muchas enfermedades, ha marcado grandes hitos históricos, en los que principalmente cabe hacer mención de las miles de muertes que causó la epidemia en los siglos pasados; se recuerda también en las historias familiares como anécdotas de casos y en algunas situaciones como defunciones tristes en niños pequeños, muchas veces por complicaciones graves, neumonías, principalmente.

La forma de prevenirlo es por medio de la vacunación. En México, un país con gran historia en ese tema, y reconocido a nivel mundial por su amplio programa de vacunación, se lleva acabo con la triple viral que previene infecciones de rubeola y parotiditis (paperas). Se aplica al año después del nacimiento para no competir con anticuerpos maternos, posteriormente se aplica una segunda dosis a los seis años, cuyo objetivo es evitar el fallo de la vacuna.

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