El día 18 de octubre de 2020 se celebraron elecciones para presidentes municipales en Hidalgo, los resultados no oficiales reiteran que son las contiendas que más interés generan entre la ciudadanía y que no habrá carros completos para ningún partido que quiera declararse hegemónico, aun cuando todavía está el efecto de la alternancia amloista.

Sin lugar a dudas, vivimos uno de los procesos que más motiva al electorado porque perciben en el ayuntamiento cercanía y capacidad para solucionar sus necesidades básicas. Por ello, son acalorados y generan todo tipo de respuestas para buscar atraer al votante, expresándose en descalificación a las planillas en las redes sociales, intentando comprar las voluntades, amenazando, coercionando y generando campañas de miedo. En el mediano plazo, todos los institutos políticos deberán de suscribir códigos de ética que permitan elevar el debate y con ello, avanzar hacía ciudadanías con mayor educación política. Nunca hablará bien de un político y sus seguidores hacer campañas de descalificaciones por encima de propuestas genuinamente municipalistas.

A pesar de que la ciudadanía está más politizada, porque ya dieron una lección de democracia frente al hartazgo priista y arrasaron las urnas a favor de la alternancia política en 2018, de fondo se reitera que la cultura política de los hidalguenses es endeble y privan prácticas de cooptación del voto mediante prebendas económicas y promesas que no se cumplirán jamás. Estas prácticas dañan la democracia y ocasionan distanciamiento con las instituciones; los partidos políticos junto con las policías son las instancias en las que menos confían los hidalguenses. Es tiempo de la reflexión partidista, pero sobre todo, es tiempo de evaluar las formas de hacer política en Hidalgo y reencontrar el diálogo ciudadano con las instituciones.

Por ello, se debe de evitar distorsionar la política, porque no es solo una actividad partidista, sino de voluntades humanas pero, sobre todo no se debe olvidar que es una ciencia. Por ello, no puede reducirse esta ciencia-actividad a una batalla encarnizada entre partidos, como si la política existiera solamente en tiempos electorales. Este equívoco solo se superará con una sociedad informada y partidos políticos comprometidos con la profesionalización de sus cuadros, que evite la postulación de improvisados elegidos por compadrazgo o tómbola incluida.

A pesar de que la ciudadanía tuvo oportunidad de presenciar un debate virtual entre los candidatos, el formato y el contexto de la pandemia no posibilitaron asimilar del todo las propuestas y decantar su decisión y elegir las mejores propuestas. Fueron elecciones que evidenciaron áreas de oportunidad para que en futuros procesos se cierre el paso a candidatos que derrochan dinero, que hacen arreglos con la criminalidad y capture anticipadamente la función pública y se llene de compromisos con empresarios que cobrarán la factura una vez que asuma el poder.

El Instituto Estatal Electoral de Hidalgo (IEEH), además de ser el árbitro en estas elecciones es responsable de la educación política de los hidalguenses, porque la altura de las elecciones futuras será del mismo tamaño que nos eduquen en la democracia, ese puede ser el sello distintivo de esa institución.

Estas elecciones fueron muy competidas y la diferencia de votos en muchos municipios será mínima, pero en democracias de avanzada los competidores respetan las reglas del juego y un voto puede hacer la diferencia y ninguna contienda se gana a gritos y sombrerazos. Los políticos deberán aceptar los resultados cuando no hay probada ilegalidad de los contrincantes, pero seguramente los tribunales electorales tendrán mucho trabajo en las próximas semanas. Eso se evitaría si tuviéramos profesionales que encabezaran las planillas de los partidos, porque sabrían que el espacio público no es una empresa para enriquecerse, sino para servir. Quien no lo entiende y se aferra al poder, es porque de fondo no es el interés público lo que le interesa, sino el interés económico individual para recuperar lo gastado en campaña, hacer riqueza no es malo, es malo hacerlo con el dinero explotado al pueblo.

La gran lección en esta fiesta electoral es para los partidos, porque deben de darse cuenta que existe mucha desconfianza hacia ellos. Es tiempo para replantear sus estrategias encaminadas a reencontrase con el alma del electorado, los resultados de esta jornada electoral envían el mensaje de que es tiempo de las personas antes de los colores partidistas. Nota de último momento: Ganó la democracia en Mixquiahuala de Juárez, Hidalgo.

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