Pachuca

La fundación privada y sin fines de lucro Médico sin Fronteras es una organización humanitaria internacional que ayuda a las víctimas de desastres naturales o humanos y de conflictos armados; reportes de 2010 indican que cuenta con cinco centros operacionales en París, Bruselas, Ámsterdam, Barcelona y Ginebra, además de 14 oficinas de país situadas en Europa, Estados Unidos, Japón y Australia, que apoyan a los centros principales; y en 1999 fue galardonada con el premio Nobel de la Paz.
Estefanía Berthier Ruiz, nacida en la Ciudad de México, vivió en Hidalgo por 14 años y es egresada de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH); participó como médico voluntario en dos ocasiones en Sudán del Sur, África, por seis meses, y en Irak, Siria, por siete meses. Platicó a este diario su testimonio y los nuevos planes que surgieron a partir de esa vivencia.
“Es vivir totalmente en el país, involucrarte con toda la gente y ayudarlos, trabajar con la población de bajos recursos o, en este caso, población en situación bélica.”

Se hace camino al andar, el sueño

Poco después y con las ansias de poder ayudar a más personas y conocer el mundo, Estefanía se unió al proyecto que inició, en 2013, Ana Carolina Squitín, una uruguaya buscando “atrapar su sueño” y dejando lo mejor de ella por la ruta que se ha trazado.
Dicha ruta inició en la ciudad de Montevideo, Uruguay, en donde la idea es darle la vuelta al mundo en una camioneta a la que apodan la Charrúa (un Renault Trafic de 1996, que se transformó en su hogar), así como trabajar con distintas fundaciones en diferentes comunidades, promoviendo la detección temprana del cáncer de mama.
“Empezamos hace tres años y medio, México es el país número 16 y aquí fue donde conocí a Estefanía, que interesada en el proyecto se unió y hace nueve meses que está en él, y vamos ahora rumbo a Alaska.”
El trabajo que ambas realizan con las fundaciones contra el cáncer de mama consiste en dar consultas médicas para generar el hábito de la autoexploración, asimismo, brindan pláticas de prevención y concientización.
“En México hemos trabajado con la fundación Tócate Yucatán, con el grupo Reto y el DIF en comunidades de Puebla; con nuestra ruta a Alaska vamos parando y trabajando en esos puntos.”
La actual misión de las jóvenes es poder llegar a su frío destino para el verano debido, precisamente, a las condiciones del clima, si no llegaran en esa temporada habría que retrasar la ruta un año más, tomando en cuenta el tiempo que les otorgan los permisos en cada país.
“Por un lado es cumplir un sueño de recorrer el mundo en una camioneta y a la vez llevando mensajes de salud; mi experiencia en este tiempo en el que he estado en la camioneta es totalmente plena porque voy conociendo el mundo y sigo ejerciendo mi profesión con las comunidades”, manifestó Estefanía.
“Para mí, comenzó como un sueño personal recorrer el mundo por tierra, al que se sumó el ir dejando algo de uno por las mujeres, ha sido muy bonita la experiencia de conocer personas, sus historias e ir formando amistad”, añadió Carolina.
La mayor experiencia, quizá, es darse cuenta de que puede vivirse con tan poco, en palabras de ambas: soltar ese engrane que te ata a la sociedad, saber que existe otro tipo de vida totalmente diferente, salir de la estructura que a veces la misma sociedad marca.

entrevista

Fondos para continuar la ruta

Este viaje por el mundo les ha permitido conocer las frías tierras de Patagonia con sus glaciares, las playas paradisíacas del Caribe, la frondosidad de la selva y las cadenas volcánicas de América.
“Hemos tratado de buscar apoyo con diferentes fundaciones y asociaciones con la finalidad de abrir espacio a los medios de comunicación y difundir la labor, conseguir medicamentos para dar el tratamiento y atención adecuada, a veces es difícil porque algunas instancias no pueden deducir impuestos porque nosotros no somos una asociación civil, entonces esa es una ardua labor.”
Al renunciar a sus trabajos para emprender el viaje, ambas jóvenes crearon un pequeño negocio de artesanías para cubrir sus gastos, por lo que elaboran pulseras que venden a través de la página de Facebook Arte cósmico accesorios; su trabajo artesanal está basado en la gemoterapia, toman en cuenta las propiedades individuales de cada piedra para favorecer determinadas intenciones.
Asimismo, distribuyen otros productos como aceites esenciales de grado terapéutico y elaboran postales con fotografías que ellas toman y a las cuales agregan algunas frases.
Contra todo pronóstico, ya sea climático, de seguridad o económico, Carolina y Estefanía continúan su ruta ayudando a diversas comunidades; actualmente están en el Cañón de Colorado, en Estados Unidos.
La ruta de ambas viajeras puede consultarse a través de su página sehacecaminoalandar.net, además de sus redes sociales en Youtube, Instagram, Facebook y Twitter.
“En la actualidad, Se hace camino al andar sigue avanzando en la ruta, dejando nuestro granito de arena a cada paso, pero esta vez sumando a nuestras profesiones todos los conocimientos que adquirimos en el camino, con una perspectiva de salud más integral con la que esperamos poder ayudar a lograr el cambio que el mundo necesita.”

 Ambas jóvenes crearon
un pequeño negocio de artesanías para cubrir sus gastos, por lo que elaboran pulseras que venden a través de la página de Facebook Arte cósmico accesorios; su trabajo artesanal está basado en la gemoterapia, toman en cuenta las propiedades individuales de cada piedra para favorecer determinadas intenciones

 

Más de la ruta de estas viajeras

  • Hasta febrero de 2017,
    Estefanía y Carolina habían recorrido 16 países con una ruta trazada hacia Alaska
  • Han viajado mil 366 días
    en su camioneta la Charrúa, un Renault Trafic de 1996
  • Para cubrir sus gastos,
    elaboran pulseras y las venden a través de la página de Facebook Arte cósmico accesorios
  • Actualmente están
    en el Cañón de Colorado, en Estados Unidos, y puede consultarse la ruta de ambas viajeras en su página sehacecaminoalandar.net

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