“Cuando quiero llorar, no lloro y,
a veces, lloro sin querer.”
Rubén Darío

La respuesta a esta pregunta tiene que ver con lo que entendemos por llorar. Si determinamos que es la acción de derramar lágrimas debido a una emoción, entonces podemos decir que, entre todos los primates, los seres humanos son los únicos que lloran. Pero si definimos el llanto como una expresión vocal, gestual o corporal que surge ante las dificultades o una carga emocional muy fuerte, entonces es posible encontrarlo en casi todos los primates.
Hay dos maneras de llorar: como una expresión emocional que puede o no involucrar los sentimientos –como tristeza, angustia o dolor–; o como una forma de comunicación –por ejemplo, cuando los infantes intentan decir que tienen hambre, que necesitan consuelo o solo quieren establecer contacto social–.
En términos de expresión emocional, en el llanto intervienen muchos rasgos de angustia –gritos, sollozos, muecas, espasmos, estremecimientos–, de tristeza –posturas corporales, como los hombros caídos– o de dolor.
El llanto es una expresión emocional utilizada para describir las emisiones orales de muchos primates, entre ellas el aullar de los monos ardilla, los quejidos y gritos de los chimpancés y las vocalizaciones de las crías de simios en la etapa en que dejan de ser alimentados por sus madres o cuando son separados de ellas –ya sea temporalmente, porque la pierden de vista, o permanentemente, si muere–.
Hay quienes afirman que todos los mamíferos tienen sentimientos, porque las emociones son el producto de un funcionamiento del cerebro profundo que tiene una larga historia de evolución. Pero algunos autores reservan las emociones exclusivamente para los seres humanos y no emplean este concepto en los demás primates. En vez de describir como llanto algunas vocalizaciones de estos últimos, los científicos prefieren usar nombres específicos para ciertas condiciones. Por ejemplo, un primate joven que no está en contacto con su madre produce una “llamada de separación”.
Otros científicos, incluso, niegan que el resto de los primates tenga sentimientos y manifiestan que, en caso de que los tuvieran, sería sumamente difícil discernir si son parecidos a los nuestros. Por eso muchos hombres y mujeres de ciencia se abstienen de usar el término llanto cuando no se refieren a los humanos y prefieren decir que se trata de vocalizaciones de angustia o describir las propiedades acústicas del sonido.
En suma, si definimos llanto como sollozos llorosos, efectivamente, podemos decir que es exclusivo de la humanidad.

El libro
de las letras

De pequeños

nos hicieron aprendérnoslas y las utilizamos todos los días para decir las cosas más chistosas, groseras, inteligentes, tontas o cotidianas. Sin embargo, pocos saben de dónde vienen, cuál es su historia, por qué tienen la forma en que las conocemos y un sinfín de detalles que les dan tanta vida.
El libro de las letras –de la A a la Z, y no es diccionario– es la forma en que Algarabía editorial rinde un homenaje a esos diminutos –y aparentemente insignificantes– signos que nos permiten comunicarnos.
Éste no es un libro de filología. Más bien nos cuenta cómo fueron evolucionando las grafías de las 27 letras del español, así como de los dos dígrafos –Ch y Ll–, que durante tanto tiempo han hecho tanta alharaca y generado polémica acerca de si son en sí mismos letras o no.
En esa entrega, de la colección Códex, se le ofrece, querido lector, un ameno acercamiento a la letra como personaje, como abstracción, como célula de la imaginación y la creación. Sea usted bienvenido a esta historia llena de onomatopeyas, risas, palabras, expresiones y exclamaciones, todas ellas escritas
tan solo con 27 caracteres.

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