“Se solicita mexicano para película del viejo oeste.”

Se leía en el anuncio de la estación.

Te sentiste tentado a llamar debido a tus estudios de actuación y las obras de teatro en donde ya habías participado.

Pensaste que fuiste seleccionado debido a tu premio Ariel.

Muy tarde comprendiste, lo único que había ayudado fue tu bigote ralo, tu tez morena y el pelo lacio.

Se equivocan todas las tiendas de recuerdos gringos. Es difícil vestir un zarape de Saltillo, usar un sombrero de palma, amarrar a un burro a una yuca y sentarse, en el atardecer, bajo la sombra de un Saguaro, a beber tequila hasta quedar inconsciente de tanto alcohol. Lo supiste cuando las espinas se te enterraron en la espalda, el burro rebuznó sin tregua debido al sofocante calor del desierto, y qué decir de la sombra que nunca sentiste como piadoso remedio a esos casi 40 grados.

El personal de esa película serie B no se lo cuestionó y mucho menos los miles de turistas que creen que eso es verdad, incluso tú, no te hagas el crítico, llegaste a creer que era así.

Se equivocan

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