Los grandes cronistas de la decadencia, Suetonio y Dion Casio, relatan que mientras Roma ardía Nerón cantó, vestido para la ocasión, “Ilioupersis” (el saqueo de Troya) acompañándose de su lira. Sin embargo, según Tácito, Nerón estaba en Anzio en el momento del gran incendio y apuntó que eso de que Nerón tocara la lira mientras la ciudad ardía había sido solo un rumor.

Dicen que después de la tragedia de cinco días, Nerón abrió los jardines de Lúculo y de Mecenas a los afectados por el incendio y trató de paliar su precaria situación distribuyendo alimentos. El clima de frustración tras el incendio hizo que Nerón tratara de desviar las culpas, en el ansia de buscar el olvido y la exoneración.

Para poder costear la reconstrucción de Roma, Nerón impuso nuevos impuestos a las provincias del Imperio. Todo se disfrazó bajo el manto de una supuesta reforma urbana y repartición de culpas que hasta la fecha no han evitado que la conciencia popular represente a Nerón tocando la lira mientras Roma ardía. Nunca es sabido dónde están los incendiarios.

AMLO ¿no tiene problemas de conciencia?

Durante la operación morenista para hacer a un lado a Ricardo Monreal de la candidatura por la Ciudad de México, el caudillo jamás dio la cara para asestar los resultados de una encuesta fantasma con el apoyo de los otros candidatos y lograr la entronización de Claudia Sheinbaum.

Pero siempre ha sostenido que “voy a dar la cara siempre, por difícil que sea, por doloroso que sea, por incómodo que sea, voy a estar siempre dando la cara y tratando con todos los lamentables asuntos”, como expresó delante de los familiares de las víctimas del incendio de la guardería ABC, en Hermosillo. No tiene problemas de conciencia, arguye en todos los casos.

Sin embargo, en los momentos cruciales, sigue realizando giras por la provincia, a pesar de ser un grupo de contagio por los acercamientos constantes con Omar Fayad, diagnosticado portador del virus. ¿No le importa poner en riesgo a la población?, le cuestionaron los periodistas mientras caminaba y repartía saludos con Bonilla, el gobernador de Baja California.

“No voy a caer en ninguna provocación “, es su respuesta, idéntica a la que ha dado en múltiples ocasiones a diferentes temas donde no quiere verse comprometido. Los periodistas reviran: “tal vez la provocación sea la suya porque es sospechoso y no se quiere hacer los análisis”. No se obtiene más respuesta.

El gobiernito ha dado puros palos de ciego

El inefable López-Gatell es el que da la cara. Insta a la población a encerrarse en su casa, pues el destino nos alcanzó. Al mismo tiempo, Víctor Hugo Borja, epidemiólogo y director de prestaciones médicas del IMSS, riega el tepache en la conferencia médica y desconoce cuáles son los síntomas que debe presentar un contagiado para ser objeto de tratamiento e incapacidad.

Es un sainete. Entre todas las contradicciones posibles el gobiernito ha dado palos de ciego. Alborota todos los panales, sacude los hormigueros y consigue que todo mundo, aquí adentro y afuera, pierda la confianza en la capacidad del régimen sanitario y político para enfrentar la crisis del siglo.

No es poca cosa. El país está demolido económica, financiera, técnica, gubernativamente para otorgar alguna seguridad de vencer la catástrofe y de siquiera tener un plan para poder enfrentarla. En la calle, los habitantes muestran gestos de preocupación, mientras en las cúpulas del sistema todo mundo quiere salvar el palmito.

El pánico generado no tiene soporte de esperanza

Entre los trabajadores informales, ¡el 63 por ciento de la población!, cunde el desasosiego. No ven alternativa para encerrarse un mes y poder lograr la subsistencia de la familia. Los aparatos de interlocución del régimen con la población simplemente no existen. Este es país de un solo hombre, y si se equivoca, adiós Nicanor.

El pánico generado no tiene soporte de esperanza. Estamos en la nave de los locos y parece que estos se van a salvar, mientras todos los demás pagaremos las consecuencias. No existe la posibilidad de un operativo confiable para ser atendidos en los hospitales y clínicas públicas o privadas. Las decisiones han sido tomadas a la ligera y así no funciona nada.

Todo, porque el loco nunca acepta que está loco

Lo peor es que en la jerga psiquiátrica han llegado a reconocer una verdad de Perogrullo: un loco nunca aceptará que está loco. Por eso es tan difícil que los cercanos y familiares decidan un tratamiento de terapia y rehabilitación. Siempre hay uno de ellos que fue convencido por el enfermo de que no está loco. Hasta que el enfermo le asesta otra de sus estupideces.

La experiencia indica que el enfermo es recluido hasta que logra la unanimidad de los perjudicados. Es decir, después de años, cuando ya el extraviado es más difícil de recuperar para reintegrarlo a la vida normal. Todo, porque el loco nunca acepta que está loco.

Así era hasta en los casos de enfermos con severas taras orgánicas, recogidos por el sanatorio de especialidades J. Navarro, en Huipulco, tan ameritado como La Castañeda. Locos nacidos con un solo ojo en el rostro, o con la columna vertebral expuesta sobre el dorso, algunos de los cuales tenían que moverse arrastrándose…

Nunca dejaron de sorprender en la forma de convencer a los facultativos especialistas de que no estaban locos.

El tamaño del desafío que es realmente inimaginable

‎La consejera ancestral sigue siendo válida como nunca: a un loco hay que tratarlo como loco, atrás vendrán los expertos y los pabellones para reinsertarlos a la sociedad. Porque si a un loco le es tratado como gente normal, e incluso le respeta y obedece, usted sabe lo peligroso que puede llegar a ser.

El tamaño del desafío que los mexicanos tenemos enfrente es realmente inimaginable. No puede ser abordado con ocurrencias, soberbias o desplantes de ambiciosos. Ha llegado el momento de que la sociedad civil ponga la pauta de los comportamientos, como siempre lo estila en esta sociedad, tan huérfana de liderazgo y de ejemplos sanos.

Saltar la vara de la pandemia es casi lo esencial, pero si se le compara con las otras ‎emergencias, superiores al incendio neroniano de la Roma decadente, no creo que alcancen los jardines de Lúculo y Mecenas para proteger a ciento treinta millones de mexicanos arrasados por una hecatombe de dieciséis meses. No hay punto de comparación.

Son incapaces y están rematadamente locos

Se viene la reconstrucción del país, la recuperación de la vida perdida, la solución a la angustia económica de informales, Pymes, empresarios quebrados, una nación desprestigiada por los círculos internacionales que se niegan a prestar a fondo perdido y devolver la identidad a la población, casi en pie de guerra civil, por las complicidades de los empoderados con los narcotraficantes.

Una población que ya se dio cuenta del secreto mejor guardado: son incapaces y están rematadamente locos. ¿No cree usted?

Índice Flamígero: Incapaces… pero también corruptos como los de antes. Vea usted si no es así cuando n plena crisis sanitaria están pidiendo a José Antonio Novelo, comisionado federal de la Cofepris –cuya bandera ha sido la lucha contra la corrupción– que ponga atención en lo que ahora sucede en la comisión de autorización sanitaria, que es la encargada de otorgar registros, y cuya directora ejecutiva, la química Graciela Aguilar Gil, está asociada con Federico Argüelles Tello para acelerar o detener trámites, a convenien$ia. Aguilar Gil procede de Qually Corporación, un laboratorio privado encargado de hacer pruebas, del cual fue o quizá aún es propietaria, lo cual es un claro conflicto de intereses. Argüelles Tello, por su parte, fue comisionado de Autorización, ahí en la Cofepris, en el sexenio de Felipe Calderón. De ahí viene la relación entre ambos. Y por tal, Aguilar Gil le confirió el nada honorable cargo de “fa$ilitador”. ¿Va en serio la lucha contra la corrupción, comisionado Novelo?

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