Para finales de enero de 2020 se hará oficial que la economía mexicana tuvo un crecimiento negativo, es decir, que estuvo por abajo del cero. Al inicio de este año los pronósticos eran que el país alcanzaría un crecimiento del 2 por ciento, ahora la estimación es de menos 0.2 por ciento. Todos los días se acumulan datos que confirman el estancamiento económico, los más recientes muestran que en los últimos 12 meses solo se crearon 371 mil 245 nuevos empleos registrados en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), un avance anual de solo 1.8 por ciento, el menor desde 2009. Esto sin considerar el entorno internacional, en donde una potencia económica como Alemania ha reconocido que técnicamente se encuentra en recesión. ¿Cómo piensa enfrentar este complejo y difícil escenario el Ejecutivo federal?
La apuesta no parece ir por la reactivación del campo, a quien en el presupuesto de 2020 se le castiga severamente. Tampoco parece ser la industria o el sector terciario los posibles encargados de dinamizar la economía. Para el investigador Carlos Elizondo Mayer-Serra, el Ejecutivo apuesta por el petróleo, que sea a través de esta industria que se empiece nuevamente a crecer. Por supuesto esta decisión no solo es riesgosa, temeraria, sino técnicamente inviable. Si bien hoy las exportaciones petroleras constituyen el 5.

2 por ciento de las exportaciones –por cierto, gracias a la reforma energética, tan severamente criticada por la 4T–, recuperar la inversión de Petróleos Mexicanos (Pemex) implicaría aproximadamente 13 mil 650 millones de dólares, dinero que difícilmente se puede tener.

La otra apuesta es concluir la refinería Dos Bocas, pero desde un principio los especialistas la calificaron como una pésima idea; el resultado es que nadie estuvo dispuesto a concursar por ese proyecto al precio y el tiempo que se fijó. La presidencia no canceló el proyecto, sino que decidió que fuera Pemex y la Secretaría de Energía los encargados de realizarlo.

¿Es realmente el petróleo la palanca del desarrollo que necesita el país? La respuesta evidentemente es no, entre otras razones, porque tenemos poco crudo, puede no ser una buena idea, explorar y/o explotar yacimientos, por ejemplo, como el Ku-Maloob-Zaap, de los más importantes, pero que ya ha entrado en su fase de declinación; hacer estudios y explorar en aguas profundas es cada vez más caro, además de los graves daños ecológicos que ocasiona.

Nuestro potencial de crecimiento se encuentra en la industria de alto valor agregado como la automotriz, la química, la manufacturera, los mercados de exportación hacia Estados Unidos (EU) y Europa; la industria turística que demanda infraestructura y aeropuertos de primer mundo, como el que estaba planeado para Texcoco. Ganar la inversión que saldrá de China hacia otras naciones por el conflicto con EU. Sin embargo, hasta ahora nada de eso ocurre.

Apenas hace unos días la mexicana y secretaria general de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe Alicia Bárcena reconoció que “los flujos de inversión extranjera directa en México se desaceleraron al pasar de un crecimiento anual de 15.2 por ciento a un estimado de 2.5 por ciento para 2019”. Las cosas están saliendo bastante mal, aquí vale la pena recuperar la voz del exsubsecretario de Hacienda y exembajador de México en EU, Canadá y otras naciones, Francisco Suárez Dávila, quien enfático indica que es necesario “reflexionar sobre lo ocurrido el primer año, rectificar el rumbo a fondo, sustituir ministros incompetentes, aplicar nuevas políticas económicas para 2020, antes de que sea tarde”.

En ese contexto es más oportuna que nunca la expresión: “Si no pueden, renuncien”, que pronunciara el empresario Alejandro Martí.

Comentarios