El evento reunió a personas que se dieron cita pese al intenso frío que podía sentirse

Mineral del Monte

Como si se tratara de una especie de ritual, la fiesta anual del Instituto de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Sanctoarte 2016, inició justo en una de las entradas del pueblo mágico de Mineral del Monte.
“Kokone, la llorada del hueso” reunió a las personas que acudieron a pesar del intenso frío que podía sentirse en el atardecer del sábado, aunque para las y los alumnos que presentaban De los niños que brotaron de la tierra, era como si estuviéramos en primavera.

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Los jóvenes con taparrabos, mientras las mujeres se cubrían el pecho con vendas, todos con el cuerpo pintado de blanco cual espíritus que resguardaban el camino de los niños difuntos, en su espalda, una caja de madera con un muñeco y flores.
Un círculo de los blancos protegía a niños disfrazados de catrines, mientras que otros vestidos de negro danzaban alrededor con cantos al compás
de un tambor; al exterior, la gente se congregaba y recibía máscaras de calaveritas.
La procesión inició con los niños acompañados de los jóvenes espíritus, el tambor sonaba con ímpetu y los cánticos dirigidos a las almas de los más pequeños llamaban la atención de los vecinos del pueblo.
Caminaron y caminaron, llamando a las personas a unirse al grupo, entre más se acercaban a su destino, más se detenían a verlos.
Entre los flashes de las cámaras, la curiosidad de la gente, los que trataban de adivinar qué eran en realidad los estudiantes, ellos continuaban con sus cantos como si estuvieran mostrando el camino a las almas pequeñas.
En pleno centro de Mineral del Monte, con un público curioso, se dejaron escuchar los primeros lamentos de los “espíritus”, quienes tomados de las manos de los niños catrines y catrinas se arrastraron haciendo pesado el camino, encontrándose con zanqueros que guiaban a la puerta del Instituto de Artes.
Sin querer, las tradiciones y la modernidad se conjuntaron cuando la gente que seguía a los blancos volteó al cielo y observó un dron que grababa todo lo que acontecía en las rústicas y frías calles.

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Al llegar a las puertas del instituto, el alumnado realizó un dispositivo que conjuntaba bailes, expresiones y música, una perspectiva desde la que transportaban a la multitud hacia un mundo en el que los niños eran los protagonistas.
El director del instituto Gonzalo Villegas de la Concha dio la bienvenida a los cientos de personas que llegaron hasta las puertas del casco de la hacienda, las cuales entraron al recinto con ánimos de ver lo que Kokone había preparado para ellos.
Justo cuando la noche se hizo presente, las más de 50 actividades, entre exposiciones, instalaciones, video mapping, bailes, teatro y música, convirtieron al IA en un verdadero campo de las artes en donde la principal característica era celebrar a los niños difuntos.
La gente comenzó el recorrido, unos tomaron rumbo al escenario principal, donde se presentaban alumnos de danza con el espectáculo Un llanto de huesos, traficando con ellos, pero lo que más gustó a las y los asistentes fue la presencia de la compañía de danza folclórica de Michoacán Alegría, que trajo más color y fiesta con bailes que rememoraban las tradiciones de aquel estado en estos días.
El público miraba con curiosidad cada una de las exposiciones de los alumnos, como el árbol blanco con la instalación y altar Papalotl Tilli, entre el aroma a café, ponche y tamales que se ofrecían a los visitantes, podía contemplarse el altar mayor, una ofrenda dedicada igualmente a los niños fallecidos, en la que en el centro proyectaban la imagen
o el nombre de éstos, todo en elmás absoluto respeto.
La alegría se hacia presente en la Pecera Galería, con la presentación musical del ensamble Tlakuikalistli y los inolvidables temas de Francisco Gabilondo Soler Cri Cri, como “El negrito bailarín”, mientras la gente convivía en los jardines del IA.
Y si de música se trataba, los sones huastecos armonizaban la noche y quitaban un poco el frío, mientras unos se tomaban fotos con “Doña Catrina”, otros agarraban a su pareja y bailaban al ritmo del Trío Huasteco de la UAEH, empezando la verbena popular entre el misticismo de la fecha y la alegría de recibir otro año más a los fieles difuntos.
Otros más se adentraban a los salones a disfrutar de la proyección de los cortometrajes A los niños, memoria o un extracto de la obra La Hoguera, de estudiantes de arte dramático; así como el recital de coros que sucedió luego de premiar a los niños que participaron en
el concurso.

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La fiesta continuó pasadas las 22 horas, un festejo del que algunos se llevaron la clásica taza o playera para recordar que Sanctoarte es ya una celebración característica de los lares de Mineral del Monte.
Cuando las puertas del Instituto de Artes se cerraron, no cabía duda que el próximo año se volverían a abrir para la edición 13, mientras tanto los huesos dejaron de llorar y Kokone quizá volvió a dormir.

festivalAspectos

  • Ésta fue
    la edición 12 del festival que organiza el Instituto de Artes de la UAEH con el apoyo del Patronato Universitario
  • La celebración
    tiene tres momentos cumbre: la procesión, el memorial y la fiesta
  • En el memorial
    se llevaron a cabo 30 actividades, entre instalaciones y exposiciones de arte
  • Participaron
    alumnas y alumnos de las cuatro áreas del instituto: danza, teatro, música y artes visuales, así como los académicos y administrativos
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