Durante las campañas y precampañas, acostumbramos escuchar, en voz de políticos y aspirantes, promesas, soluciones mágicas y recetas para superar nuestros problemas ancestrales incluso en solo algunos minutos (recuerde al candidato Vicente Fox). Aunque cuando llegan al poder y lo ejercen, nos damos cuenta de qué tamaño es el político de marras: si era solo un creador de fantasías o si sus ideas tenía una base sólida, fundada en un programa realizable y medible. Otros llegan al poder y comienzan a experimentar con ocurrencias que se vuelven absurdas cuando hay tantas carencias y necesidades. ¿Un ejemplo? En la pasada administración de Francisco Olvera se echó a andar la sede Cuautepec de la Universidad Tecnológica de Tulancingo (Utec), pero se abrió sin estudios que sustentaran su factibilidad. El resultado: hoy esa sede tiene menos alumnos que cuando abrió sus puertas. Pero además, las carreras de tecnologías de la información, desarrollo de negocios y criminalística tuvieron que ser trasladadas al campus principal (Tulancingo), pues no había equipo suficiente ni demanda que justificaran su permanencia. ¿Cómo es posible que en un estado como el nuestro, al que le sobran carencias, los gobiernos mal inviertan los recursos en proyectos sin sustento que parecen más obra de la ocurrencia o la improvisación? La ausencia de planeación, de un proyecto claro de desarrollo, provoca que el dinero público sea echado a la basura. De filón. Otro caso que tiene que ver con la poca planeación y visión que tienen nuestras autoridades es el de la Universidad Intercultural de Hidalgo. Resulta que por segundo año consecutivo aparece sin dinero para el próximo año en el proyecto de Presupuesto de Egresos de la federación, que aún deben aprobar los legisladores federales. ¿Se les olvidó que existe esa universidad en Hidalgo?

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