Alfonso Valencia

Las ferias del libro son mi no-lugar favorito: una heterotopía en la que se materializan y superponen el ímpetu lector de las ciudades, la necesidad –a veces enfermiza– de protagonismo de escritores e intelectuales y la silenciosa pero importante economía de libreros y editoriales. Las ferias del libro son un espacio de descubrimiento: los libros encuentran lectores inauditos, los lectores encuentran libros que tal vez nunca hubieran llegado a sus bibliotecas de otro modo. Y son, también, un importante vínculo entre los tres aspectos más importantes de la literatura: creadores, lectores y libros. Por unos días, estas tres condiciones, generalmente dispersas en el espacio y en el tiempo, se unen bajo la égida del placer de la lectura y el descubrimiento. Insisto en este último aspecto porque la concentración masiva y diversa de libros provoca la casualidad del encuentro. Me resulta interesante que la oferta base de los libreros de feria no cambie mucho con los años: clásicos, fantasía, lovecraft, Poe, Sade. Me refiero a los libreros itinerantes, independientes, cuya oferta nutre el interés de lectores adolescentes, dispuestos al libro como a otras tantas cosas a su edad. Me emociona que la oferta de artilugios y juegos científicos siga atrayendo a tantos infantes que, a pesar del mundo aparentemente saturado de estímulos en el que viven, se siguen sorprendiendo con un microscopio o un juego de imanes o un kit de química. Las ferias del libro son, pues, el primer contacto que muchos tuvimos con la ciencia y la literatura. El espacio de la sorpresa y el descubrimiento.

Ahora, la feria ha mutado, lo sabemos. Se ha adaptado a las condiciones de la nueva normalidad tras el virus. Pero su esencia de sorpresa y descubrimiento se mantiene. Por segundo año consecutivo, el programa de la FUL contiene las actividades del Encuentro de Poesía: “Crítica, poética y escritura” que coordina el poeta y editor Arístides Luis. Resulta, claro, un espacio de sorpresa y descubrimiento, pues si bien se trata de un evento relacionado con la poesía, su peso está centrado en la crítica y la teoría, dos ramas del conocimiento que, muchas veces, se obvian o evitan. Es importante que este encuentro de académicos y críticos literarios se dé al amparo y con el apoyo de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, pues más allá de la necesaria exhibición que necesitan poetas y escritores, es importante ofrecer un espacio para la discusión crítica y teórica de la literatura mexicana contemporánea. En esta ocasión, el programa del encuentro parte de dos ejes fundamentales para entender el presente de la poesía nacional: la hibridación y disolución de los géneros, y las poesías escritas por mujeres. Resultará, pues, una oportunidad para conocer el pensamiento que, desde la academia y la creación, intenta arrojar ideas sobre un mundo que, a veces, daría la impresión de solo existir en su dimensión estética. Sabemos que comprender la poesía es comprender otras condiciones de las sociedades en las que se produce. Felicidades a la #FUL33 y a Arístides Luis por el necesario espacio que le otorgan a las ideas y el rigor intelectual que requiere el análisis literario.

@eljalf

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