Ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador presentó su segundo Informe de Gobierno, cuando nuestro país enfrenta dos severas crisis, reconocidas por el propio mandatario: una sanitaria y otra económica, de las cuales, “vamos saliendo adelante”. Pero, parafraseando al presidente, el pueblo tiene otros datos. Consultado por este diario para conocer su postura, el líder de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) en Hidalgo Ricardo Rivera Barquín expresó que el presidente quedó a deber sobre todo en economía, pues el país no ha crecido desde que llegó a la presidencia de la República. Y en medio de la pandemia, tampoco ha sabido reaccionar para defender a quienes sostienen la economía nacional: las micro y pequeñas empresas, a las cuales no quiso apoyar confundiéndolas con la cúpula del sector productivo: “olvida apoyar a las Mipymes, que son las que realmente mueven la economía y son las que generan el mayor número de empleos”. Quizá por eso el presidente privilegió en su discurso la lucha anticorrupción, colocándola como el principal legado que dejará su gobierno. Otro rubro del informe que llamó la atención de la opinión pública fue el relativo a la inseguridad que azota al país. Sobre todo, porque el presidente presumió una reducción de 30 por ciento en casi todos los delitos desde que asumió el mando, aseveración que mereció la incredulidad y que se reflejó en un sinnúmero de memes y reacciones en redes sociales. Lo que sí reconoció el presidente fue el aumento en los delitos de homicidio doloso y extorsión, que avanzaron 7.9 y 12.7 por ciento respectivamente. ¿Qué es lo que sigue para nuestro país en este tercer año y los subsecuentes? En el terreno de la economía no se avizora nada bueno. El propio secretario de Hacienda anticipó que nuestro país estará en una situación similar a la crisis de 1932 el próximo año, lo que nos hace ver que los presupuestos públicos serán aún más austeros y que el sector productivo trabajará a medio motor. Los grandes proyectos sexenales ya están en marcha, y solo dos tendrán repercusión directa en Hidalgo: el aeropuerto Felipe Ángeles, que se construye en Tecámac, Estado de México, y el de la reconfiguración de la refinería Miguel Hidalgo, en Tula, que sigue sin arrancar con la contundencia que se esperaría. En resumen, no hay mucho qué celebrar. De filón. Al cuarto para la hora, la transición entre alcaldías y concejos municipales sigue siendo un misterio. Aunque los legisladores locales involucrados declaren una y otra vez que todo está bajo control. El tiempo corre y no se ve nada claro.

Comentarios