Sin derecho a la alimentación no se puede asegurar la vida ni la dignidad humana, ni el disfrute de los otros derechos humanos. De ahí la importancia de la seguridad y de la soberanía alimentaria; según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la primera se refiere al acceso físico y económico por parte de todas las personas, a suficientes alimentos inocuos y nutritivos, para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana.

Mientras que la soberanía alimentaria se fundamenta en seis pilares: Alimentos para los pueblos, valor a los proveedores, control a nivel local, los más importantes son el promover el conocimiento y las habilidades en tres aspectos, uno son los conocimientos tradicionales, a la par de la investigación y de la transferencia de tecnología y de nuevos conocimientos, rechazando las tecnologías que atenten contra los sistemas alimentarios locales.

El sexto pilar se refiere a la compatibilidad con la naturaleza, maximizando las contribuciones de los ecosistemas, así como el mejoramiento de la capacidad de recuperación y rechazando el uso de energías de monocultivo industrializado y demás métodos destructivos, como el uso de herbicidas que aplican las trasnacionales en los transgénicos (glifosato y dicamba)
En el 2018, la población mundial que fue flagelada por el hambre sumaron 821 millones 600 mil personas, 10 millones 600 mil más que en 2017, en una línea de tiempo hacia 2030 serán más de 3.5 de personas que anualmente habrá que rescatar del hambre. La desaceleración económica y la alta desigualdad social explican esta lamentable situación.

En México las condiciones de precariedad alcanzan a 92 millones de personas, pero son 44 millones que están en pobreza extrema, condiciones que si bien requieren de una atención inmediata también es urgente aplicar una estrategia de mediano y largo plazo.

El campo mexicano está dividido en dos grandes realidades, por una lado está la producción agropecuaria de exportación, también llamada agroalimentaria moderna, apoyada por la investigación y el desarrollo tecnológico, donde la creación de valor se centra en productos no básicos, por ello la inversión extranjera directa se aplica al componente agroindustrial, lo cual explica los ingresos de más de 29 mil millones de dólares, los productos de mayor venta en los mercados internacionales son: cerveza tomate, aguacate, tequila, azúcar de caña, berries, chile y pepino entre otros.

Por el otro lado está la producción de auto-subsistencia donde se ubica a la gran mayoría de los campesinos, los productos más representativos son básicos como el maíz, trigo, frijol y el arroz. El maíz blanco es el principal producto básico para la alimentación y es al que se dedica el mayor número de campesinos, este maíz proviene de la semilla criolla, con la cual se producen tres toneladas por hectárea; pero con la semilla híbrida (Transgénica) se obtienen 17 toneladas por hectárea de maíz amarillo. México es el segundo importador de maíz amarillo transgénico, el cual se utiliza para alimentos balanceados para ganado y para la industria almidonera, como para la fabricación de jarabe de alta fructuosa de maíz.

La política de importar alimentos, sobre todo de alimentos básicos en el mercado internacional, fue generando una dependencia que lesiona el acceso a los alimentos para los mexicanos. El programa de precios de garantía tiene como objetivo apoyar a más de 1.9 millones de campesinos, de un total de 5.4 millones. Cabe las preguntas ¿Cuánto tiempo durará el subsidio? ¿Y cuáles serán los resultados?

La inclusión de la tecnología en la agricultura no solamente es inevitable sino sumamente necesario. A la par de la política de precios de garantía como acción pública emergente, es imprescindible estructurar un plan de transferencia tecnológica y de conocimientos, con la participación de las instituciones de educación superior y centros de investigación, en una gran cruzada, donde se aplique la agroecología, la cual además de integrar un conjunto de técnicas es un movimiento social, debiéndose incluir la economía circular como modelo económico para asegurar un campo de alta productividad pero sustentable. ¿No lo cree usted?

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