Rosa María González
Victoria

Profesora investigadora de la UAEH, SNI nivel 2

“El miedo de la mujer,
a la violencia del hombre,
es el espejo del miedo del hombre
a la mujer sin miedo”
Eduardo Galeano

En un intento más por detener el avance de las mujeres en su destacada y brillante participación en los procesos electorales como candidatas para ocupar un puesto de elección popular, los representantes y defensores del sistema patriarcal o machista (como quieran llamarlo) se dan a la tarea de atacarlas con las más burdas artimañas como esa deleznable práctica de “sembrar” pruebas para incriminar a una persona. Ese fue el recurso utilizado contra el hijo de la candidata a diputada federal por el distrito 06 de la entidad la maestra Lidia García Anaya como un intento para detener el crecimiento de su imagen.
Con una trayectoria intachable de trabajo y –seguramente– de doble jornada, la maestra García Anaya obtuvo el reconocimiento de un partido político (el del Movimiento Regeneración Nacional, Morena) para participar en calidad de candidata externa. Qué más demostración de su labor política y, más que política, social que esta distinción que logró por su propio esfuerzo y mérito, lo cual hace sentirnos orgullosas a muchas de sus compañeras y –por qué no– orgullosos a muchos compañeros de la máxima casa de estudios de la entidad: la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).
Recientemente, la maestra García Anaya tuvo bajo su responsabilidad la negociación del aumento salarial y otras prestaciones, como nuestra líder del Sindicato de Personal Académico de la universidad (SPAUAEH). Una negociación laboral difícil dado el contexto en que se daba: una nueva administración estatal y una campaña electoral en la cual, según las encuestas, muestran una enorme desventaja al abanderado del partido del mandatario entrante.
Como bien lo expresó nuestra dirigente sindical, los orquestadores de esa infamia recurrieron a una de las formas más viles de atacar a las mujeres en su rol de madres: dañar a sus hijos.
La maestra García Anaya, con esa entereza, tesón y, sobre todo, con el compromiso que la caracteriza, no se dejó intimidar pese a ese dolor provocado de una manera –todo parece indicar– deliberada o intencional por esos defensores del sistema patriarcal o machista.
¡Sí! No lograron doblegar a la maestra.
La miseria humana podemos observarla con claridad en ese tipo de contextos, en que emerge una ambición desmedida por mantenerse en el poder.
Apenas habían transcurrido unas cuantas semanas del ataque a una candidata a senadora, una destacada luchadora social (Nestora Salgado), cuando se presentó otro a una aspirante a diputada federal de la entidad, Simey Olvera, y unos pocos días después el de la maestra García Anaya… Las tres, curiosamente, del partido puntero en las encuestas electorales.
¿De qué se trata señor gobernador? ¿No cree usted que Hidalgo, bajo su gestión, se merece una contienda electoral que demuestre una auténtica política de equidad, igualdad y respeto a las mujeres como lo prometió en su campaña y lo tiene registrado en su programa de gobierno? Me pregunto: ¿a qué obedece o qué es lo que motiva ese ataque sistemático a mujeres que participan en esta contienda electoral? ¿Acaso tiene relación con lo expuesto por Eduardo Galeano?

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