La educación superior en México tiene el desafío de responder a una realidad: por un lado, la ampliación de la cobertura y por otro, poseer programas de buena calidad sustentados con evaluaciones objetivas. Adicionalmente, con el sentido plasmado en el artículo tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, respecto a la gratuidad, representa conjuntamente con el requerimiento de cobertura y calidad una problemática de transcendencia sin medida: su presupuesto para operar y para crecer e innovar.

La Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) es una universidad pública estatal que se esmera por cumplir con la función social de cooperar con el Estado mexicano, mediante su misión institucional de formar profesionistas que aporten elementos de desarrollo en su entorno. Con programas académicos alineados con el ideario institucional, la pertinencia de cada licenciatura que oferta esa casa de estudios se encuentra plasmada en diversos estudios, uno de los cuales responde a las necesidades que existen en el ámbito social de influencia de la dependencia que las opera.

El crecimiento sostenido de la UAEH, con la operación de todos sus innovadores planes y programas de los últimos 25 años, dieron por resultado la necesidad de plantear y/o replantear políticas institucionales que dieran nuevos impulsos en beneficio de su comunidad, principalmente de sus estudiantes quienes son depositarios de sus sueños y metas en su universidad. Y es causalidad: con un Plan de Desarrollo Institucional con un alcance a 2035, la Autónoma de Hidalgo apunta a preparar profesionales cada vez mejor capacitados para encarar las complejas problemáticas sociales sustentados con herramientas digitales y tecnológicas que posibiliten su competencia a nivel internacional.

Quien escribe, trabaja en la UAEH desde hace 19 años y ampara justamente el sentido social de la educación. Esa es la causa más importante para la defensa de una de las vocaciones más entrañables y encomiables que han existido desde los tiempos antiguos: la docencia. Esa razón es más que suficiente para que, desde el nivel superior en el que se encuentra, valore igualmente las necesidades y desafíos que se presentan en los niveles inmediatos anteriores. Desde apoyar el trabajo comunitario hasta incentivar a la juventud universitaria talentosa en diversos espacios educativos.

Sin duda, la razón principal para la pertinencia de nuestras licenciaturas es el alto compromiso y reconocimiento que le otorga la sociedad a la universidad, de formar profesionalmente a cada una de las generaciones que revitalizan el quehacer de todos los días en cada una de las actividades productivas del país. Eso explica la alta demanda para el ingreso a la máxima casa de estudios de la entidad. Seguro estoy que el presidente López Obrador conoce sobradamente nuestra historia, puesto que ha visitado por lo menos dos veces cada uno de los municipios de Hidalgo; en los hechos, algunos de sus cercanos colaboradores en el plano estatal y federal observan una ignorancia monumental. ¿Sabrán acaso la cuantiosa inversión con la que cuenta esta universidad en laboratorios altamente especializados y el costo que representa su mantenimiento? ¿Saben acaso el beneficio de contar con unidades productivas al interior de la universidad? ¿Entienden qué significa realizar investigación básica y aplicada? Pero eso sí, se han prestado a emitir juicios sin conocimiento.

Como uno de los valores intangibles que tiene el país, el Estado mexicano tiene la obligación de proveer los recursos necesarios para cumplir con su cometido a todos los programas y su profesorado en todos los niveles educativos. Por supuesto, en el entendido de que dichas instituciones poseen planes de desarrollo correspondientes basados en la participación de su comunidad, considerando la emergencia contextual del desarrollo regional. Esa es la propuesta de valor y la exigencia que posiciona a la UAEH en el quehacer científico y a cada una de sus dependencias, asumiendo el rol enriquecedor en la conformación del conocimiento.

Esa misma universidad es la que ha sido dañada severamente en su reconocimiento (ver el artículo “El gobierno de la 4D”); esa universidad en la que se forman los hijos de burócratas estatales, empresarios, campesinos, obreros y profesionistas, hoy se le ha puesto en entredicho no permitiéndole inclusive hacer uso de los fondos otorgados por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Aprovecho para notar que hace unos días, la directora general del consejo la doctora María Elena Álvarez Buylla-Roces visitó a la UAEH. Pudo constatar la gran labor que se realiza en divulgación e investigación científica en nuestra institución y, presenció la formación de alto nivel del que disponen estudiantes de bachillerato en laboratorios únicos en Latinoamérica; modelo que nos distingue en el ánimo de impulsar el gusto por las ciencias básicas en nuestro estado y de ampliar la matrícula y la competencia internacional en nuestros posgrados pertenecientes al Padrón Nacional de Posgrados de dicho consejo. Agradezco las loables aportaciones que nos ha hecho producto de su visita y, como hace años, le damos la bienvenida a esta máxima casa de estudios, gustosos de coincidir en la importancia que le otorga la doctora Álvarez Buylla a los sectores que durante mucho tiempo han sido blancos de todo, menos de un bienestar y vida digna.

Finalizo puntualizando: nuestra universidad se ha forjado contra todas las adversidades en los últimos años. Es esa, la universidad a la que se le acusa sin pruebas, a la que se le golpea sin sentido, –porque congelar y descongelar cuentas bancarias es eso–. Esa universidad a diferencia de otras no ha sucumbido ni lo hará.

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