Si la fe es creer que algo está ahí aunque no lo mires y puedes a través de ella alcanzarlo, es de gran utilidad para los humanos, ya que por el lado opuesto siempre han estado presentes los demonios que te invitan a no soltar la pereza y a resignarte, para que la incredulidad y la ausencia de inspiración te inmovilicen, y sentado en el quicio de tu puerta –si es que lo tienes– solo observes pasar a los que caminando o trotando persiguen algún sueño movidos por su fe o por sus sueños… o por una utopía.

No existe peor mal que dejar de tener fe en uno mismo, y la pérdida de la fe en uno mismo es un gran objetivo de los malosos. Un ser ya sin fe ni esperanza es presa fácil de aquellos que solo nos quieren para usarnos de escalón en sus ambiciones diabólicas.

¿Dónde, cuándo y por qué nace la fe en nosotros?… Sin meternos a terrenos religiosos, por lo escabrosos que son, creo que como humanos y seres animados tenemos un ánima que nos dio la naturaleza –o Dios– y en ella puede estar contenido el germen de nuestra fe… Y si le agregamos la poca o mucha fe de los seres que nos engendraron, además, si el entorno es de esperanza y lucha diaria, pues la fe está por todas partes y es difícil que te escapes de ella; ese escenario, a los hombres de poca fe los revierte y convierte, y a los de fe inquebrantable, los catapulta…

Lo sabemos por lo que nos han venido contando de la vida de Jesucristo. Su fe en su padre lo extrapoló a buscar el bien común, lo celestial lo hizo terrenal y su fe lo llevó a algo tan sencillo y a la vez tan complejo: el pedir a sus hermanos que se amen unos a otros, que ya no se roben ni se asesinen, que respeten y cuiden a sus padres y ancianos, que no se “pedaleen” a sus parejas y que se tengan fe inspiradora para que con ella alcancen lo que deseen.

Que le fue mal a Cristo por pregonar algo de eterna utilidad, ¡pues nada extraño es! Ya desde antes y después de él, los buenos han muerto asesinados por su fe… y sus hechos.

Estos son días de reflexión y por ahí podemos entrarle. Seguir a Cristo es tan simple como el llamarle al ladrón, ladrón y al pillo, pillo… ¡¡¡No pasa de que nos crucifiquen!!!

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