Luis Andrés murió un viernes en la madrugada. Los diarios consignaron su muerte como una nota roja más: “Ejecutan a una persona en la colonia Plan de Ayala de Uriangato”. La información se acompañó con una fotografía pixeleada (¿para respetar la dignidad de la persona?), en la cual su cuerpo yacía boca arriba y su cabeza rodeada de sangre, esa cruel imagen estaba cruzada por el nombre del medio: La Bandera Noticias.

En el día a día están ocurriendo ese tipo de hechos en el país y los informativos no informan, más bien escandalizan y prejuician a la gente sobre esa violencia. La palabra “ejecutan”, nos remite a tema de “narcos”, de drogas… Y puede ser, en este país, donde la expectativa de vida se ha dejado a la industria criminal del narcotráfico, donde muchos jóvenes sin futuro o son consumidores o son distribuidores. Pero no lo sabemos y la obligación del periodismo es indagar, informar integralmente y, sobre todo, humanizar esa violencia sin precedente en el país.

El informe de 2017 de la Secretaría de Gobernación, establece que en ese año se registraron 29 mil 168 asesinatos. Cifra récord, dicen y reconocen, desde 1997, año en que se comenzó ese tipo de registros. Alarmante y vergonzoso porque de acuerdo con ello, en ese rubro si hay crecimiento: de una tasa de 19.4 por cada 100 mil habitantes en 2011, se incrementó a 20.5 en 2017.
La gravedad del tema es mayúscula porque en algunos estados esa tasa supera cualquier foco rojo. Por ejemplo, Colima reporta una tasa de 93.6 asesinatos por cada 100 mil habitantes, Baja California Sur tiene un índice de 69.1 y Guerrero 64.2. Esas cifras alarmantes son relativas si consideramos que los datos no son siempre absolutos por múltiples causas y que invariablemente matizan los problemas reales.

En ese adverso escenario, los jóvenes son una de las principales víctimas de la violencia. La Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), denunció y demandó hace poco menos de un año esa problemática, que afecta a mujeres y hombres jóvenes en un 35.7 por ciento.

En una nota informativa del portal Sin Embargo, el director de Redim Juan Martín Pérez García criticó que el país no aproveche “el bono demográfico que representan los jóvenes, quienes hoy sufren la falta de acceso a la educación de calidad, a empleos y espacios de participación ciudadana. Esas condiciones, abundó, han llevado a que en lugares como Guerrero, Tamaulipas y Sinaloa, si los adolescentes no se involucran con los grupos criminales pueden ser asesinados, de tal manera que no hay alternativa”. En el caso de las mujeres, las cifras del feminicidio confirman esa violencia diferenciada por género. El Colectivo Mujeres Activas Sinaloenses denunció que pese a que desde 2007 se cuenta con una Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, se han incrementado las agresiones y ataques a mujeres: “hasta marzo de 2016, los asesinatos de mujeres aumentaron 33 por ciento y la violencia en el hogar subió 90 por ciento”. (http://www.sinembargo.mx/24-10-2017/3334369).

Ese panorama triste y desgraciado es el que explica, pero no justifica, que Luis Andrés, un joven guanajuatense, muriera víctima de arma de fuego, por desconocidos, borrando de tajo cualquier sueño, compromiso, ilusión o responsabilidad. Su vida se resumió en una nota escandalosa y su hijita de un año ocho meses y su igualmente joven esposa, no sabrán nunca qué pasó y por qué la gente juzgará a Luis Andrés desde la palabra “ejecución”, sin conocerlo, sin saber si no pudo sortear la adversidad de las pocas oportunidades en el estado, en su región; el resto de la sociedad tampoco sabremos si Luis Andrés pudo tener habilidades de músico, de artista, de deportista, de estudioso, de empresario, porque el país no ofrece a nuestros jóvenes más oferta que diversión disfrazada de bares o antros que venden alcohol, drogas y sexo, sin mediar oferta cultural, educativa, deportiva, laboral o económica, suficiente para contrarrestar la degradación.

QEPD Luis Andrés García López, un joven amigo que murió y dejó un hueco afectivo y constancia de que nos debemos un México mejor, pero sobre todo, un periodismo humano y responsable.

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Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.