Luis Eduardo Trejo Osti

En días recientes, a través de diversos medios de difusión, hemos podido observar lo que será el nuevo etiquetado frontal de advertencia para los alimentos procesados. Esto derivado de la modificación a la Norma Oficial Mexicana NOM-051-SCFI/SSA1-2010 (NOM 051) aprobada en enero de este año, la cual tiene como principal cambio la implementación de un sistema de etiquetado frontal que incluye información nutrimental complementaria utilizando sellos octogonales color negro que contienen la leyenda: “exceso de calorías”, “exceso de sodio”, “exceso de grasas trans”, “exceso de azúcares” y “exceso de grasas saturadas”, cuando la composición del producto así lo amerite.

Además, esta norma implementa rectángulos negros con leyendas precautorias como: “contiene cafeína, evitar en niños” y “contiene edulcorantes, no recomendable en niños”. Cabe mencionar que también contempla que los productos preenvasados que ostenten uno o más sellos de advertencia o la leyenda de edulcorantes, no deben incluir en la etiqueta personajes o elementos interactivos (juegos visuales, espaciales o descargas digitales) dirigidos a niños, que inciten, promuevan o fomenten el consumo, compra o elección de estos productos.

Este etiquetado que tiene como objeto simplificar la información del producto y en consecuencia que el consumidor pueda identificar de forma clara y rápida aquellos con alto contenido energético y nutrientes críticos (azucares, grasa saturada y sodio).

Se podría considerar en nuestro país como un sistema “novedoso”, sin embargo, varios países en el mundo llevan años con sistemas de etiquetado similares que han brindado resultados favorables para el control del consumo indiscriminado de alimentos procesados, como el Health Star Rating en Nueva Zelanda; el Nutri-Score que se encuentra en distintos países de Europa, el Semáforo Nutricional de países de Latinoamérica como Ecuador, entre otros.

Incluso podríamos considerar que México se ha demorado bastante en implementar un etiquetado de esta índole, aunque ya se hizo un primer intento en 2015 cuando entraron en vigor las Guías Diarias de Alimentación o GDA que no brindaron los resultados que se esperaban, pues presentaban gran dificultad para la población el interpretar los datos contenidos en las mismas.

Por ello, se optó por este sistema octogonal basado en el etiquetado frontal de Chile, país que lleva casi cuatro años desde que entró en vigor la ley que lo implementa y que ha sido bien aceptado por la población, que ha ayudado a mejorar la actitud hacia la compra de alimentos con baja cantidad de sellos de advertencia, sobre todo por aquellos que tienen mayor conciencia de su salud y cuyo mayor aporte ha sido una disminución del 23.

7 por ciento del volumen de compra per cápita de bebidas azucaradas en la población chilena, bebidas que están asociadas con el aumento en las prevalencias de sobrepeso y obesidad.

Entonces, en respuesta a la interrogante que se plantea en el titulo se puede decir que: Sí. Claro que será útil y además necesario, ya que para combatir a la pandemia de sobrepeso y obesidad se requiere atacar desde distintos frentes, recordemos que siete de cada 10 adultos en México tiene sobrepeso u obesidad, de acuerdo con las cifras presentadas por la Ensanut 2018. Y son factores de riesgo para el desarrollo de enfermedades crónicas como las cardiovasculares o diabetes, que disminuyen la calidad de vida de la población y cuyo tratamiento representa un gran costo para el sistema de salud.

Hoy en día, políticas públicas como esta buscan prevenir y controlar la obesidad, tratando de modificar las condiciones ambientales que influyen en el consumo de alimentos procesados de la población, aunque no impactará de manera inmediata en las prevalencias de sobrepeso y obesidad, es un primer paso y para ello requerirá estrategias adicionales para reforzar su efecto, como una mayor educación en salud y orientación nutricional para la población.

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