…parece ser el único que recuerda que murió y cómo lo hizo, él sí sabe por qué volvió. No lo llames asesino aunque lo sea, llámalo Víctor, aunque no lo sea…

¿Zombis? ¿Ya viste suficiente? ¿O habrá otra manera para vender una historia original sobre muertos vivientes? Bueno, Netflix no la tiene, ya que su “serie original”: “The returned”(2015), es remake de una producción francesa [“Les revenants” (2012)] para muchos insuperable. Pero mientras esos muchos se ocupan de acreditar o desacreditar el proyecto, resulta interesante la manera de abordar el tema que, por cierto, ya es un género entre las producciones de cine y/o televisión, una categoría que logra la comunión entre misterio y horror, incluso con aires de ficción futurista.
Veamos, aquí no hay caras feas ni la necesidad de comer cerebro fresco cuando la oscuridad lo permita, el problema trae otro fondo y tras los primeros 10 capítulos es incierto. ¿A qué vuelve alguien que fue declarado muerto, velado, enterrado y homenajeado?
Lucen bien, tan esplendorosos como horas antes de su trágica partida, vuelven a casa como en cualquier día de la rutina que dejaron hace tiempo porque desconocen o no recuerdan que ya no son parte de estos días, que la vida siguió sin ellos.
No hay guerra entre vivos y muertos, ambos mundos conviven, cada episodio evoca a esa aspiración humana de convivir con el dolor de la pérdida, la aspiración por recuperar al que se fue, el diálogo con el ser que se fue antes de tiempo.
¿Milagro o maldición?
Hay un brío muy contemporáneo para plantear un guion escalofriante, pensemos en que aún a estas alturas de la línea del tiempo (o de la línea hollywoodense), las caras feas, casas embrujadas y los enigmas demoníacos con posesiones superproducidas siguen acaparando el concepto de terror en cine. Bien, esta serie en decena trata de revertir ese establecimiento a partir de la profundidad en el nudo cuya resolución parece más compleja conforme se avanza.
Al involucrarse en cada microhistoria de la historia en su conjunto, el espectador es atormentado por el misterio sin resolver; conforme miras, te ves en la necesidad, como los personajes, de entender, de saber. Los efectos del desconocimiento llegan a ser más espeluznantes que el encuentro con una aparición sobrenatural con la que no pasarás de un brinco, un espasmo, un grito por una imagen que irrumpe tu armonía solo por un breve instante.
En este caso los efectos permanecen, uno puede mantenerse en vilo porque mientras tratas de digerir una situación hay dos más que surgen de manera simultánea y que, aunque sabes que terminarán por relacionarse, ya que corresponden a la misma serie, no encuentras la manera de asociarlas de inmediato, tal como tu mente lo exige de manera intuitiva.
La buena noticia va justo por ese carril, “The returned” está aislada de la ley del mínimo esfuerzo, de la evidencia desmenuzada y del asustar por asustar, 10 capítulos que te envuelven más en la trama intrigante y su estética que en las respuestas que pudiera soltar; la mala noticia tiene que ver con el apagón que sufre en pleno clímax. Al parecer, 1.5 millones de espectadores no fueron suficientes para que los creadores le invirtieran a la segunda temporada.
Así que, como reza el título de esta columna, se trata de una serie muerta no solo por la muerte desafiada por sus personajes centrales, también porque ha sido asesinada por su producción. Después de esta temporada uno no hay más que abismo y duda por lo que pudo ser y no será más.

Comentarios