Iría Ferrari
Pachuca.- La vida es un constante aprendizaje.

Para practicar el sexfulness no hace falta hacer piruetas extravagantes en la cama ni aprenderse los trucos del Kamasutra.

Alcanza simplemente con centrar la atención en el cuerpo propio y el de nuestro amante, dejando el resto del mundo y las preocupaciones a un lado.

Si naciéramos sabiéndolo todo no tendríamos que dedicarle tanto tiempo a la exploración de nuestros propios sentimientos, pero también nos perderíamos ese excitante proceso que supone descubrir cosas nuevas.

El sexo parece algo tan obvio que quienes empiezan a practicar el sexfulness se sorprenden de cuánto pueden cambiar las cosas cuando nuestra conciencia también adquiere su parte de protagonismo.

“La práctica de la conciencia plena nos abre la posibilidad de equilibrar la balanza y entrenar una mente más calma, curiosa, abierta, flexible, que permite que las cosas sean, se procesen, sin intentar controlar nada”, explica una especialista.

“El ejercicio requiere que paremos y observemos el momento presente con actitud de principiante, como si fuera la primera vez que experimento el aquí y ahora, desarrollando la curiosidad, la apertura y la aceptación. Capacidades que todos tenemos.”

Aprendiendo a conectar con el placer

No existe un punto particular de tu cuerpo en el que se concentre el placer.
A menos no desde la perspectiva del sexfulness.

Esa filosofía erótico-sensorial defiende que los fundamentos de una vida sexual plenamente satisfactoria no están relacionados con un tamaño, un tiempo, una edad una determinada zona erógena.

Se trata más bien del perfecto equilibrio entre el cuerpo y la mente, un poco rollo kung fu, por eso de que para disfrutar plenamente de la vida hay que mantener alineados el pensamiento y el físico.

No se trata por lo tanto de un tipo de sexo mesurable y entre algunas de sus muchas ventajas está el hecho de que se adapta perfectamente a cualquier persona y a cualquier pareja.

El secreto para poner en práctica esa filosofía sexfulness y disfrutar de todos sus beneficios está en aprender a conectar con el placer.

Más allá de los efectos inmediatos de una caricia, un beso o unas palabras excitantes, siempre hay algo más.

Llegar a la esencia misma del erotismo, entender por qué nos resulta tan agradable y aprovechar todo lo que ese estado de embriaguez sensual puede hacer por nosotros es, en definitiva, establecer un vínculo entre lo físico y lo emocional.

Es precisamente ahí donde, según el sexfulness, debemos encontrar el placer.

Pasar del sexo a la sexualidad

Cuando toda tu vida has practicado sexo de una determinada manera, aferrándote a aquello que inconscientemente aprendiste que era lo más placentero y lo más habitual durante un encuentro íntimo, al final acabas perdiendo conciencia sobre lo que estás haciendo.

El sexo, sin llegar a ser algo rutinario o aburrido, también puede convertirse en una actividad mecánica sobre la que crees tener el control cuando en realidad es el placer más básico lo que te está dominando.

Es ese contexto, donde aparece el sexfulness para cambiar tu concepto de sexo y transformarlo en el de sexualidad.
¿Cuál es la diferencia? Mientras que uno es, en sentido estricto, una actividad puramente física, el otro es algo más allá de lo carnal.

En su momento hablamos de sexo tántrico y, en cierto modo, el sexfulness tiene muchos puntos en común con esas prácticas:
*Te ayuda a experimentar con más intensidad tus relaciones sexuales.

*Mejora la conexión y la complicidad que existe entre una pareja.

*Te permite identificar mejor cuáles son tus puntos de placer para sacarles mayor partido.

*Te hace tomar conciencia sensorial y mental del placer.

*Olvidarse de los problemas del día a día no siempre resulta sencillo y meterse con ellos en la cama es lo menos erótico y satisfactorio que podría pasarte.

Lo que el sexfulness propone es que antes de experimentar con tu sexualidad aprendas a deshacerte de esas cargas para acudir a tu encuentro íntimo liberado de unos pensamientos que únicamente conseguirán bloquear el placer en su estado más puro.

Empezar a practicar el sexfulness no es tan sencillo como podría parecer. Estamos acostumbrados a medir la satisfacción de nuestras relaciones íntimas en base a variables demasiado evidentes y sencillas.

Es hora de hacer un ejercicio de superación a nivel metafísico y afrontar el placer de otro modo.

¿Habías oído hablar del mindfulness? Es otra técnica de meditación basada en concentrar el pensamiento en un único motivo, en un único objetivo, en una única idea y hacer que todo en la mente gire en torno a ello, sin importar nada más. El sexfulness es eso mismo pero aplicado al sexo.

Dedicarte un tiempo a pensar en lo que más te gusta, en cómo te gusta y en por qué te gusta te permitirá conectar con esa parte de tu sexualidad que no conocías.

Y mejor aún: si practicas el sexfulness en pareja esa táctica será perfecta para que entiendas mejor a tu compañero de juegos y sepas, de manera intuitiva, cuándo dedicarle más tiempo o cuando parar.

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