ERIC HERNÁNDEZ LÓPEZ
Pachuca.-
El presente texto no tiene como finalidad fomentar conductas discriminativas ni de riesgo, por el contrario, pretende lacerar la infinidad de discursos que son atravesados por los prejuicios hacia las prácticas que se mencionarán, así como evidenciar la diversidad de contradicciones que existen en esos fenómenos sociales que tocan la dimensión de la sexualidad.

El bareback es un término que significa montar a caballo sin montadura, más adelante es definido como sexo a pelo, al natural y como una práctica de sexo anal sin condón, que usualmente se da entre hombres que no son pareja estable. Más adelante aparecieron nuevas tendencias como el Stealthing (sigilo), que consiste en que el activo retira el condón de manera discreta para continuar con la penetración, sin que el pasivo lo note.

A esas prácticas se agregan los bug chasers, que significa los cazadores de insectos, es decir, personas que voluntariamente quieren infectarse de VIH. Esa práctica ha ido en aumento con la aparición de las aplicaciones de ligue, como uno de los cometarios recuperados: “Soy 0+ (VIH intransmisible) y lo tengo especificado en el perfil de Grinder. Mucha banda me escribe solo para eso. Quieren infectarse. Yo soy indetectable, estoy sano y medicado, soy muy responsable con ello; pero sí, a diario los ‘chasers’ buscan el contagio y la transmisión de ITS por placer, estimulación y diversión sexual. Hasta me pedían leche vihtaminada para los niños grandesitos (sic)”. Por otra parte, se les pide a las personas que viven con VIH que dejen de tomar sus medicamentos, para incrementar la probabilidad de infectarse.

Esas prácticas son más comunes en ciudades pobladas de México, como Ciudad de México, sin embargo, se ha propagado dicha infección, estimando que cada día un promedio de 33 personas adquiere VIH, además, una de cada tres personas desconoce que tiene dicha infección. Mientras que en Hidalgo, de acuerdo a las últimas estadísticas publicadas, hay 20 municipios con alto riesgo a VIH/Sida, los cuales son: San Felipe Orizatlán, Progreso, Xochiatipan, Acaxochitlán, Agua Blanca, Atitalaquia, Atlapexco, Atotonilco el Grande, Huasca, Huazalingo, Huehuetla, Huejutla, Jacala, Pachuca, Pisaflores, Tepeapulco, Tetepango, Villa de Tezontepec, Tizayuca y Tlaxcoapan.

Esos temas no son nuevos, se han vuelto virales en las redes sociales, así como en televisión abierta, donde se exalta una preocupación por la salud pública. Los códigos morales rápidamente se activan, insultando a las personas que llevan a cabo esas prácticas, hay a quienes les provoca miedo y confusión sobre la lógica de la prevención de la salud sexual, así como la excéntrica forma de encontrar placer. En automático se puede pensar como algo enfermo o fuera de los parámetros de la normalidad.

Una forma de explicarlo está en el condicionamiento normativo y moral, que dicta un funcionamiento social adecuado, en el que se excluye la perversión y todo aquello que atente contra sí misma. Lo anormal se discrimina, eso se aprende, y generalmente nos pone neuróticos cuando algo no está “bien” aceptado, en otras palabras, intentamos castigar lo malo.

Resulta complejo comprender las diversas formas que motivan a la búsqueda de la satisfacción sexual, que juegan entre el placer, el dolor y lo peligroso. Despierta la interrogante: ¿Por qué ocurre ese fenómeno social y cómo es que encuentran satisfacción en el riesgo? No se puede responder como una fórmula matemática, sin embargo, algunas de las explicaciones indican que se debe a una moda, a una forma de pertenecer a un grupo identitario, depresión, así como la búsqueda de una muerte lenta. Las anteriores, son algunas de las formas con las que se puede interpretar, más no de entender al otro, ya que resulta una de las cosas que más cuesta captar: “Yo soy yo, tú eres tú. Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas, tú no estás en este mundo para cumplir las mías. Tú eres tú, yo soy yo” (psicología Gestalt).

Esas prácticas también pueden ser resultado del mimetismo, es decir, la actuación imitativa, del mismo modo que, atrae a la persona como una especie de imán. El ser humano es egocéntrico, pues cada uno se piensa como el actor principal de esa historia, al igual que se piensa que no se puede infectar: “eso a mí no me va a pasar”. De igual forma, las diversas formas de experimentar la satisfacción suprimen los riesgos socialmente establecidos, centrándose en: “yo y solo yo; aquí y ahora”. ¿Qué satisface la persona? Por supuesto que su verdad sexual, que quedara siempre oculta al otro que desea tenerla, no hay más que diversidad de formas explicativas del ser parlante, más no de la verdad.

Solemos juzgar a partir de los valores, normas y creencias que nos da una determinada cultura. Con ella encasillamos lo que está bien o mal, es una especie de adiestramiento, por ejemplo, puedes recordar cómo te enseñaron a saludar, dando siempre la mano correcta, sin preguntarse primero ¿por qué saludar?, ¿por qué con la mano derecha?, para aquellos que son zurdos, empero, así son las cosas.

Por el contrario, hay una institución que demanda el cuidado de tu salud, es la economía política del cuerpo; quiero decir que si tú funcionas adecuadamente, el sistema social igual. Hay a quienes no les gusta usar preservativos, así como quienes buscan infectarse, eso también demanda responsabilidades que no a muchos les agrada, ¡claro!, es el típico rebelde, que rompe con las reglas al infectarse y, además, quiere su tratamiento médico. La lógica de la rebeldía no va por ahí, si te vas a infectar no demandes algo del sistema, goza de la infección y trasgrede el sistema. No obstante, la moda es hacer lo que se quiera y desee, más no de libertad, eso es ideología.

Comentarios