Sexualidad, una reflexión sociológica (Segunda parte de dos)

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SEXUALIDAD

CÉSAR L AYALA

Pachuca.- Existe de este modo un segundo fenómeno en la actualidad que también representa una transformación en la relación de la sexualidad con lo social y es el hecho de que esta, en específico la relación sexual había estado reservada al ámbito de lo íntimo, de lo personal, incluso de lo oculto, y en cambio ahora vemos cómo en las sociedades occidentales modernas la sexualidad (y el sexo) es cada vez más del orden público.

Eso es fácil de comprobar en los medios (especialmente la publicidad, sin hablar de la oferta mediática pornográfica), y si bien siempre ha existido, está cada vez más difundido y propagado en espacios antes impensables (supermercados familiares, kioscos y tiendas populares). Por otro lado, destaca la proliferación de giros comerciales de índole sexual (sex shops, tabledances, bares gay, cines porno, etcétera) que, a diferencia de los tradicionales burdeles, son cada vez más recurridos por mujeres, parejas e incluso por personas en busca de regalos para amigos y amigas.

La sexualidad ha pasado de estar en la esfera de lo privado a convertirse en parte de la esfera de lo público. Esos dos elementos, que el placer se haya democratizado y extendido sobre el sexo como reproducción y que sea cada vez menos algo “íntimo”, han dado pie a que la sexualidad pueda ser la base para pensar lo social. En ese sentido, es interesante el estudio del Internet como un nuevo elemento en esa ecología de lo sexo-social, siendo las relaciones sexuales mediadas por computadora no solo un terreno de experimentación de acciones sexuales, sino de acciones sobre lo sexual y por ende de lo social (algunos ejemplos son las campañas mundiales en contra de la ablación, la recolección de firmas para protestar contra la discriminación sexual, etcétera).

Ya se ha hablado de que el Internet no es ajeno a las condiciones prevalecientes en las diferentes sociedades donde se sitúa, y por ello puede ser un vehículo de liberación de energías reprimidas (en sociedades donde la sexualidad sigue siendo tabú). Así es notorio el número de lesbianas y homosexuales que están conectados en red (y a la red), no solo para intercambiar contenidos sexuales, planear encuentros y tener sexo virtual, sino como un ejercicio liberador y auto-afirmativo, como lo dice una mujer en el perfil que la describe: “Descubrí el amor con otras mujeres un par de años atrás. Ya no me gusta el sexo con hombres (lo siento chicos, no me traten de contactar, serán ignorados). Me encanta intercambiar fotos y charlar con otras mujeres”.

Por ello, y ante la posibilidad de enfrentar el rechazo o la marginación, la red se establece como un espacio liberador, como centro de experimentación o como un medio de autoafirmación y combate.

Al convertirse en un terreno donde convergen personas con diferentes posiciones, que provienen de diferentes culturas, que tienen diversas formas de apropiarse del sexo y que ponen en juego dichas formas, el Internet se erige como un espacio donde se pone en juego lo erótico, donde se retan los sentidos, las formas, el lenguaje, pero también donde se recrea lo social.

Aunque se basa en las relaciones sexuales, en la masturbación personal y en la imaginación, el cibersexo las sobrepasa como prácticas eróticas y exige su reconocimiento como una forma nueva: integradora algunas veces, multiplicadora en otras, limitada en muchas, pero con su propia estructura, forma y desarrollo.

Fuente: Cibersexo: ¿La última frontera del Eros? Un estudio etnográfico. MC Edgar Gómez Cruz, Investigación realizada con apoyo del Fondo Ramón Álvarez Buylla de la Universidad de Colima, México.

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