“Las derrotas de un hombre no juzgan
a las circunstancias, sino a él mismo”
Albert Camus, El mito de Sísifo

La época que medía la aparición de Desire (1981) y Short stories (Suite en sous-sol/Time to lose-blind/Short Stories, 1986), es una de las más fértiles de Tuxedomoon, ya que forma parte de la etapa en que su sonido se caracterizó por una completa capacidad para crear sus propios álbumes, con un sonido ajeno a la norma de los sellos discográficos y en la más completa marginalidad, sin importar desintegraciones ni reagrupaciones.

El sonido que produjeron por aquellas épocas, etiquetado new wave, post-punk responde a uno de los sonidos más narrativos y pictóricos que se han creado en décadas en la escena alternativa. Tuxedomoon tiene en su haber una de las pocas canciones que –en medio de las peores sequías de financiamiento, apenas con lo indispensable para mantener una fama que había florecido tras años de trabajo– gracias a “In a manner of speaking” se han inmortalizado en decenas de covers pese a que sus autores no tenían del todo claro hacia dónde llevar al grupo en medio de tantos desaciertos.

No obstante, es en Suite en sous-sol donde como Bowie, Steven Brown y Blaine L Reiniger dedican una porción de su obra a la fantasía de la alteridad que es L’Étranger de Albert Camus, pero les salió otra cosa por completo fascinante, que parece más bien un alegre accidente contra el objetivo inicial del proyecto.

Es decir, si El extranjero es en buena medida la historia del sujeto que comete homicidio por accidente y en completa negligencia de su naturaleza humana, tanto que solo podría describirse como alienación de sí mismo, en esencia, pese a que la víctima es un árabe, el verdadero alienígena es el protagonista, incapaz de reconocer la verdadera medida de su existencia y lo que ello acarrea, hasta el punto de robar la vida de otro ser humano.

Ahora bien, el enormísimo acierto de Suite… es que en lugar de ubicarse en una especie de Marruecos imaginario donde se desarrolla la acción de la novela, en realidad se percibe la escena citadina de la época, gris, estéril, anodina, pero sobre todo, insensible. Es decir, aquello de lo que formó parte de las preocupaciones de Camus, ya no son exclusivas de la narración de un libro, pertenecen al clima indolente de la escena en que ellos producen uno de sus EP’s y el título se convierte más en una reflexión tras bambalinas, que show espectacular como el entregado por Pink Floyd con The wall.

Para Tuxedomoon, se trata de una porción de la existencia tomada sin cálculo ni aviso, en plena resaca post Ronald Reagan. Ahora bien, el resultado deja mucho que desear en calidad de cómo, pese a todas las sorpresas posibles, el disco fluye con una naturalidad fuera de serie y no se siente que se trate de uno de los mejores discos del grupo. Más aún, que las obsesiones de diversos creadores, cuando están lanzando este en particular, coincide con la obra de muchos más, mirando la posibilidad de que estén perdiendo la batalla, pues aquello por lo que combatieron los filósofos de la década de 1960, se vuelve una pesadilla corpórea contra la que los artistas en la última década del siglo están perdiendo la guerra.

Hoy día, ese sonido austero que incluso podría calificarse de ambicioso y ya caduco, retiene un aspecto indisociable al que habría que añadir la clave de la lectura central: después de advertir la existencia del Sísifo que lucha contra lo adverso, contra lo absurdo, quedará quien al menos por mantener la integridad, se preserve en un sentido que amerite ostentar una nueva reflexión.

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