Ya los mulas pelones lo habían visto cuando deambulaban en sus interminables juegos en la plaza Constitución, era un agujero, un hoyo, ¡una tumba!, merodeando tuvieron la osadía, que no era cosa rara, de hurtar, de guardar en las bolsas del pantalón uno o dos puños de esa tierra sacada de la excavación, imitando a la vieja abuela, quien todo lo atesoraba, todo lo guardaba, todo lo conservaba; tenía libros, revistas, planos, periódicos viejos amarillentos, documentos ya ilegibles, pasquines, volantes, propaganda, programas que mencionaban al centro del mineral de Pachuca.
Ya únicamente fue esperar las últimas noticias, no tardaron mucho en llegar en voz de la viejilla pues estaban seguros que traería como resultado de sus indagaciones lo último en notas, sí todos reconocían y sabían que era chimosa. Los pelones solo veían un orificio, un túnel, una cimentación quizás para que algún político en turno tratara de perpetuarse en un monumento ahí en la vieja plaza Mayor, de Mercaderes, Constitución, pues seguía siendo el centro de mayor importancia aún en ese año 1962 que se vio la excavación, la sepultura, en el sitio de disfrute y encuentro para los moradores de vecindades del oriente de la plaza, de las cuarterías de la Malinche, San Clemente, la Santa Apolonia, El Caballito hoy Patoni y el de Maclovio Herrera-El Mosco.
El agujero se excavó en el lado poniente de la antigua plaza, frente a la arcada del añejo portal donde hasta 1910 estuvo el cajón de ropa Al Puerto de Liverpool y luego el distribuidor de zapatos Excélsior, El Centro Mercantil Cajón de Ropa, portal sede de la alcaldía mayor durante el virreinato. Desde el proscenio se veía a la siniestra bajo los ocho escalones del pabellón, pérgola, quiosco que aún se enseñoreaba.
Informando, misteriosa señaló “el locutor don Benigno Quezada”, encaramado sobre el escenario del hermoso pabellón al aire libre parado en el proscenio a 1.20 metros, sobre el nivel del entonces grato y admirable piso enlosado de la plaza. Él siempre de vestimenta muy elegante, llamativa, la viejilla lo nombraba de pachucón con zapatos de charol negro luciendo tacones más altos que lo normal para disimular un poco lo bajo de su estatura, pantalón de fina lana de borrego peinada en color negro de cachemir en grano de pólvora con grandes pinzas al frente que salían del cinturón hasta media pantorrilla “pachucos”, luciendo una hermosa cadena tipo leontina con reloj de bolsillo, fino saco largo cortado a su medida costurado seguramente por el experto sastre cortador “Méndez”, camisa roja bermellón con relampagueantes brillos que combinaban con colorida y florida corbata ancha, destacando vistosas mancuernillas.
Don Benigno, tomando el micrófono con la diestra, mirando y dominando a la audiencia que ese viernes por la tarde era numerosa, dijo “Titán y Orange Crush tienen el honor de invitar a usted para que asista a disfrutar, a ser testigo de uno de los espectáculos que se han presentado en las grandes capitales del mundo; París, Roma, Madrid, Río de Janeiro y Estados Unidos, es el espectacular, el más grande de los faquires, el maravilloso, el increíble, el magnífico Zumi Gal, desde la India el faquir, el adivino, el prestidigitador,
el único maestro de las artes ocultas que hoy en este lugar tratará de romper su propio récord de 36 horas sepultado bajo tierra, enterrado vivo, sin probar alimento, aquí en este lugar usted lo podrá ver, apreciar, admirar, sorprenderse a través de un cristal y testificar que se encuentra enterrado vivo, sepultado”.
La viejilla abuela refirió muy segura que “en la primigenia plaza de Mercaderes, desde su traza en el siglo XVI y por las características topográficas de este principal real minero de los cuatro reales que fue sede de los poderes de la Alcaldía Mayor del virreinato gachupin”, la plaza se convirtió en “centro de barrio”, lugar de encuentro, de noticias, de espectáculos, de todo tipo de manifestaciones de nuevas, de tragedias, lugar de juegos de los chamacos desde su origen hasta el segundo tercio del siglo XX, se vieron todo tipo de distracciones, castillos, juegos de las cucañas, toritos, huesitos de chabacano coloreados para las matatenas, competencias de yoyos, volados de estampitas de muchos álbumes y colecciones, “billetitos montón por montón, fajo contra fajo”, trompo, luces de bengala propio de centro de barrio que es, aunque lo ignoren hasta las autoridades, patrimonio común de la humanidad, lugar histórico y virreinal.
El cascabel al gato hace tilín, tilín. Lo absurdo es que se defienda y oculte la verdad ¿a qué costo? El tuzoburro de Paco nació muerto, sin estudios él lo dijo, sin programación, sin vialidades, sin conocer aforos ¿Por qué darle oxigeno, suero, respiración de boca a boca? ¿Por qué tapar el negocio de casi 2 mil millones defraudados, robados, tirados? El más grande desacierto, lo dijeron los Místicos en 2013, es que circule del lado izquierdo, en el centro y confinado ¿Dónde están esos comunicadores, cabilderos, periódicos y otros medios de comunicación que lo pregonaron de “amable, de clase mundial, que ponía a la ciudad entre una de las mejores del país”? ¡¿quesque económico, que privilegiaba a los de a pie?! No se puede revivir un muerto, ni tapar un agujero con un hoyo, sale más caro reparar lo dañado e inútil que desecharlo. La viejilla diría “no es cierto que un clavo saca otro clavo, lo que saca un clavo es un martillo de oreja. Del hoyo supura pus, apesta, está podrido”.

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