Sí, con todo el amor o con todo el dinero (periodismo en caso de duda)

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Las cosas se hacen por amor o por dinero, no hay más. Con “cosas” explico cualquier actividad, oficio, pasatiempo, viaje, artesanía, objeto vario, etcétera, que pueden ser efectuadas con/por un sinnúmero de razones como necesidad, afecto, crecimiento personal, convencionalismo social, impresionar a alguien, etcétera, aunque el empuje nuclear es engrosarnos el bolsillo o llenarnos el corazón o el espíritu; estas dos opciones son válidas, siempre que se hagan con absoluta sinceridad… y aquí es donde la moneda cae al suelo.
Si bien el amor o el dinero (o ambas, si gusta de la doble tracción) es el motor que elegimos para vivir, la sinceridad es el combustible con el que funciona, y elegirlo conlleva un amplio grado de compromiso para con una/o misma/o, puesto que es de lo más sencillo engañar a cuantos nos rodean, pero ¿engañarnos a nosotros mismos? Además de no ser saludable, acarrea conflictos internos que en prolongada exposición termina en ruina.
No importa el trabajo que practiquemos, labores, estudios, demás, si aparentamos que lo hacemos por amor cuando en realidad lo hacemos por dinero o viceversa, puede que impresionemos e incluso ganemos respeto de nuestro rededor, pero ¿y nuestro respeto? Ah, cuestión de azaroso volado que es posible salvar.

La sinceridad del periodista

El principio anterior es aplicable a cualquier oficio: voceador, expendedor de cigarrillos, carnicero, estudiante, docente, guardia de seguridad, fotógrafa/o, etcétera, aunque ejemplificaré en esta ocasión el trabajo que toma especial relevancia en este momento: el periodismo.
Es importantísimo para quienes realizan este oficio que recuerden los zapatos que se calzaron para caminar, si el amor o el dinero, ambas, reitero, son honorables, siempre y cuando, reitero, sea elegida con completa sinceridad. Aunque por lo habitual quien hace este trabajo por remuneración económica no tiene tantos conflictos cotidianos, quien tiene como motor la pasión, el ardor, el ímpetu se encuentra habitualmente con dudas, para eliminarlas solo basta un ejercicio personal de completa franqueza: recuerda por qué lo haces.
Vale, no caeré en la ingenuidad que el periodismo es de los oficios mejor pagados y que cada semana haya anuncios clasificados para ofrecer empleos, o que cada diario, periódico o medio de información ostente una línea editorial amplísima que permita una holgada y absoluta libre expresión, sin embargo siempre es posible elegir; es harto difícil, pero es posible, lo único que hay que hacer es recordar.
Cualquier diligencia relacionada con este trabajo (cubrir fuentes de economía, fotografiar al gobernador, recortar y pegar periódicos, demás) si está dentro de tus objetivos que te impulsan a practicar con amor este oficio, son correctos, por el contrario, si te hacen dudar, si ni siquiera te llenan el bolsillo, entonces hay que salir corriendo y buscar o crear el medio que esté en armonía con nuestro intereses, para lograrlo solo necesitas una acción: recordar.
Parece utópico en un país (y en un estado) donde la oferta laboral es realmente escasa y peligrosa, pero más peligroso es engañarnos a nosotros mismos, engañarte a ti, practicar un oficio por las razones equivocadas, echar al traste los años de estudio y las largas caminatas y desvanecer la figura en que te querías convertir o perder la memoria de quien admirabas.
Ejercer el periodismo por buscar una cómoda remuneración económica está permitido, pero si lo haces por amor y aparecen dudas, o quieres reafirmar el camino: recuerda.
Lo necesitamos, te necesitamos.

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