Nuestra entidad no es una potencia en el sector turístico. Una de las razones es que el turismo nacional e internacional prefiere los destinos de Sol y playa, por lo que al carecer de costa, nuestra entidad enfrenta dificultades para competir con los grandes centros vacacionales que existen en estados como Quintana Roo, Guerrero, Baja California Sur o incluso Oaxaca. Hidalgo tampoco tiene la infraestrura que poseé la Ciudad de México, o estados historicamente atractivos como Querétaro, Michoacán o Guanajuato, por citar algunos ejemplos. En ese contexto, Hidalgo apenas está despertando del letargo en que vivió por décadas y que lo llevó a que en el Índice de Competitividad Turística de los Estados Mexicanos 2012 (al parecer no se ha hecho otro ejercicio similar) ocupara el último lugar nacional al alcanzar 28.8 puntos. Nuestra entidad tiene todo por hacer en ese sector y hay evidentes oportunidades para crecer. El hecho de que la entidad ya tenga seis pueblos mágicos (Huasca, Real del Monte, Mineral del Chico, Tecozautla, Huichapan y Zimapán) es una fortaleza que debe explotarse, pues pocos estados pueden presumir de ello. También Hidalgo puede explotar su riqueza cultural, por lo que no se entiende que se cancelen o suspendan actividades como el concurso y exposición de altares que se llevaba a cabo en plaza Juárez y que este año, por supuestos motivos electorales, no se celebró. Siendo Pachuca un lugar tan escaso en atractivos, no debería echarse por la borda el éxito que alcanzó en años anteriores y, al contrario, apostarle más a ese tipo de actividades. De filón. La caravana de migrantes centroamericanos ya camina por Oaxaca y Veracruz. No falta mucho para que alguno de los contingentes llegue a Hidalgo y no vemos ni plan ni estrategia gubernamental para recibirlos.

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