“El que se arrastra, no tropieza nunca”

¿Se puede inducir a los hombres a unirse en nombre de los intereses de unos pocos? Es una interrogante que ya muchos pensadores han respondido, pero que al parecer sigue sin quedar clara su respuesta a los gobernantes actuales, quienes atribuyen la capacidad de organización y de convocatoria del movimiento antorchista no a su claridad de objetivos y a las circunstancias actuales de pobreza y marginación a las que ellos tienen sometidos a sus gobernados, sino que para justificarlo echan mano de todos los argumentos posibles que consideran que pueden ser, al menos, escuchados por una parte desprevenida de la población; al final de cuentas, mentir y acusar sin pruebas está al alcance de cualquiera (y si lo dudan, pregúntenle a un tal Eduardo González, que tiene el intelecto opuesto, calumnista de Milenio Hidalgo) y, con mayor razón, si quienes ponen el ominoso ejemplo son, precisamente, los que tienen la gran responsabilidad de gobernar y de cumplir y hacer cumplir la ley, es decir, el presidente de la República y el gobernador del estado.

Es verdaderamente lastimoso y lamentable ver al presidente de México calumniando un día sí y otro también a una organización legítima, que aglutina a millones de mexicanos. Él es el primer obligado en respetar a todos los mexicanos, estén o no de acuerdo con su proyecto de gobierno; pero alguien se ha preguntado, ¿por qué se tiene que ocupar de Antorcha en todos sus eventos públicos? ¿Por qué tanta insidia contra Antorcha? ¿Por qué tanto empeño en desprestigiarla? ¿Por qué tanto temor a Antorcha? Y también nos debemos cuestionar, ¿por qué le salen seguidores tan estridentes? Como el gobernador de Hidalgo, que debería ser seguidor de mejores causas.

Las respuestas las deberían ofrecer los interpelados, pero sus razones no son legales ni siquiera mínimamente justificables, son más bien inconfesables. Los antorchistas de todo el país ya hemos tratado de explicar esas “razones” que tiene el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) para iniciar una campaña de hostigamiento contra Antorcha y sus líderes. Ahora me quiero ocupar de su más ferviente seguidor, el gobernador de Hidalgo.

Quiero insistir, primero, que la política agresiva de represión administrativa y física contra los antorchistas hidalguenses por parte del gobierno estatal actual, no se puso en marcha a partir de que López Obrador asumió la presidencia de la República el primero de diciembre de 2018. No, esa política violenta, de persecución, amenazas (algunas cumplidas) y de negación a toda solución de las demandas legítimas y justas de miles de hidalguenses, se puso en práctica desde el primer día en que Omar Fayad tomó posesión como gobernador de Hidalgo; con la diferencia, quizás, que ahora se siente “apoyado” y “apoyador” de AMLO. Además, debemos recordar que esa política anticonstitucional y represora de Fayad no es nueva para los antorchistas hidalguenses: es la que ha prevalecido en nuestra contra desde hace al menos 15 años (con sus muy raros lapsos de paz y respeto), con la diferencia, acaso, que hoy la vemos aplicada con más rabia y queriéndose amparar en la también política equivocada y anticonstitucional del presidente de la República.

Los hidalguenses organizados en el movimiento antorchista ya tenemos cerca de tres meses frente a palacio de gobierno esperando atención y solución por parte del mandatario estatal, pero el señor ni nos ve ni nos oye, y contrario a sus hechos anda pregonando en algunas regiones del estado, a través de sus “audiencias públicas ciudadanas”, que su gobierno “atiende”, “escucha” y “resuelve”, sin embargo, a los que tiene a sus puertas, ni atiende ni escucha, menos le resuelve. Pero, no solo eso, en días pasados dieron a conocer varios medios de comunicación y las “benditas” redes sociales, que en un evento público en Pachuca, donde los antorchistas que acudieron como cualquier ciudadano a solicitar atención, fueron replegados por la Policía estatal. En su discurso, el señor gobernador, que denotaba rabia, digna de mejor causa, arremetió contra los antorchistas y sus líderes, ante un público compuesto fundamentalmente por funcionarios estatales, quienes le aplaudían como focas. Sin importarle violar la ley, el gobernador simplemente declaró: “Hay organizaciones que creen que todavía viven en los viejos tiempos, no habrá recursos para esas organizaciones, no para los intermediaros ni para los coyotes”. Mencionó que los antorchistas son manipulados por seudolíderes, y que “…habría que preguntarse quién financía su movilización, porque eso de que puedan estar permanentemente en plantón sale de algún lado, tenemos nuestras sospechas de la Antorcha universal, que la financía una institución de que se parece al nombre de universal”. Así como está escrito lo dijo, desconoce el señor gobernador que la palabra correcta es “financia”.

Pero bien, vamos al meollo del asunto. Sobre los “moches”, de que somos “intermediarios”, “coyotes”, seudolíderes, etcétera, ya mucho hemos aclarado al presidente de la República, quien fiel a su estilo se niega a escuchar, no demuestra sus dichos, pues al final, él “tiene otros datos”. En el caso del gobernador, nada debemos aclararle, pues él sabe perfectamente que los antorchistas solamente pedimos obras: caminos, escuelas, electrificaciones, hospitales, escrituras, etcétera, para cientos de comunidades que las requieren. El gobernador sabe que cuando las administraciones se han mostrado más sensibles y preocupadas por la situación de marginación de sus gobernados y han accedido a realizarlas, son ellos mismos, con sus empresas que designan o ganan las licitaciones, las que las ejecutan; ni Antorcha ni sus líderes meten mano a los presupuestos de dichas obras. Así que, al igual que el presidente, simplemente, ¡miente!

Y ahora, el señor gobernador ya nos puso otro nombre, ya no somos ni Antorcha Campesina ni Antorcha mundial, ahora, según él, somos “Antorcha universal”. En su incomprensión de que pueda existir una verdadera organización, genuina, apegada a derecho y a los intereses del pueblo pobre de México, ya nos inventó otro padrino (en los 45 años de existencia nos han adjudicado muchos padrinos los poderosos de este país y los gobiernos reaccionarios, como el de Omar Fayad). No puede entender que los hidalguenses que se encuentran en plantón están ahí, no por ser manipulados, sino porque la necesidad de atención y solución a sus demandas es mucha, no puede entender que ellos, aún con su pobreza, al ser muchos, pueden pagar su lucha.

Lo que sí queda claro para muchos hidalguenses es que Omar Fayad Meneses falla como gobernador, que ante la negativa y/o incapacidad para resolver las cosas echa mano de calumnias y de falsos argumentos, con los cuales quiere formar una cortina de humo y justificar ante la opinión pública su incapacidad para atender las demandas prioritarias de sus gobernados. Así que, si el señor gobernador no puede cumplir las tareas y responsabilidades para las que fue elegido, debe renunciar.

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